23 agosto, 2017

Los mercados sobre ruedas como alternativa de espacio público

por Pablo Lazo

Fragmento del texto publicado en el número 36 de la Revista Arquine, verano del 2006 | #Arquine20Años

Descubriendo lo des-organizado

Cualquiera que haya viajado a la ciudad de México se percatara de su ilimitada extensión. La ruta de aterrizaje del avión hace que el visitante disfrute, asombrado, cómo el entramado urbano trepa por los montes, cambia de dirección casi al azar. Además, notará la ausencia de áreas verdes y, en el tramo final, el sinnúmero de asentamientos irregulares sobre las banquetas de calles y avenidas. Este contraste es notable, sobre todo para el visitante europeo. La mayoría de ciudades de Europa defiende la calle de cualquier actividad no relacionada con su carácter de infraestructura. Es, ante todo, un espacio público donde la aparición de lo desorganizado —puestos que venden u ofrecen algo— se considera una intrusión al significado ‘moderno’ de planificación urbana. Por su parte, las calles de la ciudad de México conforman un espacio público donde por más de 500 años se ha desarrollado una cultura del intercambio expresada en la formación de tianguis y mercados esparcidos por toda el área metropolitana del valle de México.

Este ensayo propone la revisión del fenómeno urbano de los mercados sobre ruedas y tianguis de la ciudad de México. ¿Cómo es posible entender su presencia dentro de un proceso para hacer ciudad? ¿Existe alguna manera de que estos no-lugares se puedan convertir en un catalizador urbano para definir qué es el espacio público en una ciudad como ésta? La hipótesis central radica en la idea de que estas apropiaciones del espacio público articulan una forma colectiva de ciudad más compleja que las normas de planeación y regulación de usos de suelo impuestas por las autoridades. En esta aproximación resulta clave la perspectiva multidisciplinaria. El espacio social de las ideas y experiencias está definido por la tensión fundamental entre las estrategias reales de diseño arquitectónico y una perspectiva antropológica que limitan las categorías relacionadas con la cultura urbana a: subjetividad, identificación de comunidades y movilidad.

 

Utilidad de lo desorganizado en nuestro entorno

En libros y revistas de arquitectura suele predominar la presentación de proyectos notables, magníficos o de ‘buen gusto’. Sin embargo, la realidad urbana que se presenta en cualquier ciudad dista mucho de lo que se presenta como modelo a seguir por dichas publicaciones. Si bien, recientemente, ha surgido un interés por la arquitectura de lo ordinario, de lo feo o incluso de lo kitsch, esto es apenas otro intento por hacer de ésta un producto estético aceptable para la sociedad de consumo. Hoy en día, cualquier paisaje urbano es resultado de lo común y ordinario, y no del ‘deseo’ de la arquitectura por realizar excelentes intervenciones. ¿Alguien conoce una ciudad donde sólo haya grandes obras de arquitectura? Las fotografías de Gabriele Basilico son ejemplos notables de cómo las ciudades son formadas más por lo desorganizado y por arquitecturas ‘detestables’ y ordinarias que por obras maestras y edificios bonitos.

Si revertimos el proceso y, en vez de negarlo, comenzamos a entender lo desorganizado como lo complejo de la realidad, de donde se puede aprender, entonces la ciudad de México es un buen punto de partida. Esta arquitectura y este micro-urbanismo mutante y sin pena tienen una gran utilidad: en ciertos casos, por su expresión de valores culturales y de tradiciones del espacio público; en otros, porque proponen una eficiente relación temporal con el usuario, a la manera de un aeropuerto. Específicamente, dentro del centro histórico, algunos mercados bien podrían dar la pauta para nuevas estrategias de rehabilitación de edificios históricos.

 

¿Existen rasgos propositivos en la arquitectura sobre ruedas?

El rasgo principal de los mercados o tianguis callejeros radica en su honestidad brutal en cuanto a sus requerimientos programáticos y a su relación con el contexto, además de su movilidad y su nomadismo. En sus inicios, algunos fueron desarrollados como mega-programa de distribución de productos de primera necesidad en una ciudad demasiado grande. En este caso, los mercados sobre ruedas resultan ejemplares. Pasando desapercibidos como arquitectura, pero apreciados por su pragmatismo, estos mercados no suelen tener aceptación dentro de la cultura urbana formal y, ocasionalmente, son la muestra más clara de lo que no debería existir en una ciudad. Pero en términos reales, una observación empírica muestra que estos mercados son una explicación de la realidad urbana.

La hipótesis inicial del reconocimiento es que en cualquier ciudad, la situación y los sistemas de reglamentación deben reflejarse en sus edificios y espacios urbanos. En el caso de la capital mexicana, la arquitectura sobre ruedas contiene algunas indicaciones para pensar la ciudad y el lenguaje arquitectónico. Los ejemplos propuestos muestran una relación directa entre apropiación del espacio público y organización social siempre incluyente; una participación activa dentro del espacio urbano. Incluso en algunos casos, estos ‘toldos rosas’ poseen una idiosincrasia tan acentuada que los convierte en polos del área metropolitana.

Al tratar la relación mercado-espacio urbano como lo fundamental, sin prejuicio, significado o categoría, la búsqueda se centra en la incongruencia de la intersección entre estos elementos del entorno colectivo, donde se entrecruzan y se apropian del espacio. Observada así, la aglomeración informal de los espacios urbanos de la ciudad de México se percibe como una serie de minúsculas incongruencias de situaciones temporales donde se vive la realidad arquitectónica de una ciudad como ésta. Su “incongruencia” es algo mucho más especifico y sugerente, pero se desdobla saltando del campo arquitectónico urbano a un reconocimiento etnográfico con fuerte contenido de antropología visual.

 

Dime dónde estás y te diré a dónde ir

El tema de lo público aparece en época reciente, dotado de actualidad, entre otras razones, como preocupación colectiva respecto al acceso, el uso y la gestión de espacios urbanos. Si se observa la compresión del contexto urbano a través de la opacidad presentada por acoplamientos entre los diversos actores de la ciudad, lo público puede ser visto como perspectiva que permite analizar límites y fronteras de lo arquitectónico. Esto evidencia sorprendentes contigüidades en un mismo espacio, y que no sólo redefinen lo público y lo privado, lo culto y lo popular, lo básico y lo complejo, sino que determinan estructuralmente el entramado urbano.

 

De un plan regulador a un sistema flexible

La creencia de que una persona puede controlar una ciudad o situación urbana marca una diferencia crucial entre arquitectos modernos –que lo afirmaron- y los postmodernos –que lo negaron. La consecuencia más clara de los fallidos intentos de ambos resulta en la revelación de que no es necesario establecer un plan maestro total. La complejidad de los distintos sistemas autónomos que coexisten en la ciudad significa que nadie puede coordinarlo todo. Desde esta perspectiva, la ‘situación de adyacencia’ sugiere ciertos grados para establecer las apropiaciones que suceden en el espacio público de la ciudad de México, dependiendo de los elementos ya mencionados de forma, uso-duración, grado de contigüidad y afiliación política dentro de las distintas agrupaciones de tianguis callejeros. Si tomamos como ejemplo alguno de los mercados sobre ruedas, por su uso-duración y grado de contigüidad ofrece una adyacencia al espacio público intenso; pero en cuanto a su categoría formal no tiene el mismo nivel de incidencia, ya que su configuración depende directamente de dos edificaciones con una fuerte delimitación urbana.

Este sistema de identificación (PDF) muestra todos los matices existentes dentro de los cuales encontramos la arquitectura sobre ruedas. De ninguna manera se pretende mostrar una definición unitaria de qué es la apropiación del espacio público, ni presentar a los sistemas de comercio formal e informal como polaridad. Al contrario: es una matriz que ofrece ampliar la manera de identificar los modos de apropiación para establecer metodologías de diseño que puedan ser incorporadas a este tipo de micro-establecimientos en base a las relaciones urbanas que genera.

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