14 abril, 2016

Los límites de Tschumi

por Mónica Arellano | @prxcaffeinating

Era 1976 y Bernard Tschumi alcanzaba los 32 años de edad sin haber construido obra alguna, lo cual no significaba ninguna decepción, en lugar de eso se había dedicado prolíficamente a trazar una trayectoria teórica-crítica extensa basaba en otras disciplinas como filosofía, literatura y arte, entre otras. La construcción de este pensamiento paulatinamente empujaba la arquitectura hacia la periferia, casi arrinconándola, poniéndola en juicio desde una perspectiva casi aérea, donde el pensamiento no lograría nublarse. Esta idea es desarrollada fecundamente dentro de un lenguaje lírico que es plasmado más tarde en los que serían sus textos más contundentes: ‘Architecture and Limits’, ‘Violence of Architecture’, ‘Architecture and Transgression’, ‘Sequences’, entre otros.

Me atrevería a decir que el tango de Borges y de Maurizio Kagel forman parte importante de la estructura del pensamiento que Bernard Tschumi vino construyendo, incluso él mismo argumenta que es el tango el que corresponde a la forma en la que veía su relación con los límites, la metáfora de la arquitectura como construcción de una danza discontinua e inconexa no es mera casualidad o romanticismo.

Tschumi encuentra que la teoría y la crítica contemporánea tienden a ser reduccionistas y limitadas por ‘ideologías’, tales como el formalismo, funcionalismo y racionalismo. De hecho, las toma como determinantes para el pensamiento posestructuralista y deconstructivista y hace una crítica a las actitudes ‘reduccionistas’ que fulgen para anular las diferencias y los ataques a los límites.

Definir, desde este punto de vista es una provocación, enmarcar y resaltar los límites obliga a asumir una postura crítica con respecto a la arquitectura para entenderla como una posdisciplina —la evidencia de los límites es intencional para romper el orden establecido y transgredir—. De acuerdo con Jessop (2008,49) «la posdisciplinariedad comienza por identificar problemas concretos independientemente de cómo resultarían, en su caso, clasificados por las diferentes disciplinas; y procede a continuación, a movilizar, desarrollar e integrar conceptos, metodologías y saberes adecuados, para hacer frente a tales problemas sin tomar en consideración los límites disciplinares».

Esta trasgresión podría equivaler a la violación del supuesto ‘espacio puro’ de la arquitectura por medio de actividades sociales y eventos. Entonces ¿el espacio arquitectónico está definido por sus contornos o por las acciones que atestigua como violentamente plantea Tschumi en su imagen ‘To really appreciate architecture, you may even need to commit a murder’?

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Tschumi propone una forma alternativa de mirar ‘la materialidad de la arquitectura, sus articulaciones, sus colisiones’ como una posibilidad poética subrayando la dimensión temporal de la arquitectura que es construida a través del movimiento de los cuerpos transformando la trilogía del espacio mental, físico y social por el lenguaje, la materia y el cuerpo. De esta forma se resalta que el problema quizá no es el espacio mismo pero sí su programación en términos de función puesto que no es entendido como un evento.

Lo cierto es que somos testigos de la producción en los límites de disciplinas como la literatura, la música o la danza, la producción de estos fenómenos extremos son, de hecho los que provocan y abren los espacios de diálogo fragmentando la homogeneidad de argumentos y es aquí, plantados en la periferia donde es posible ver las paradojas y contradicciones de la producción actual. Este fenómeno no es simplemente histórico sino que a su vez es necesario, las disciplinas no pueden existir sin los detonantes que disparan las nuevas ideas, sin los diálogos que las anteceden, las persiguen y las arrastran, construir quizá sí, pero la arquitectura como tal trasciende el hecho de ser materia, va más allá de la simple oposición del zeitgeist y el genius loci.

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