1 diciembre, 2015

Lo (in)finito de la forma

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

¿Está la forma arquitectónica liberada de todo o está siempre condicionada por ciertas energías preformativas, esto es, criterios formales establecidos antes que la propia forma aparezca?

Pensemos por un momento en el trabajo de ciertos arquitectos. Por mencionar algunos, sin otra intención que la de servir de ilustración, observemos cómo el trabajo de estudios como Ábalos y Herreros estaba condicionado por la lógica material que les permitía el uso de sistemas industriales modulados; el de Mansilla y Tuñón investiga las posibilidades de respuesta que ofrece una misma forma ante proyectos diferentes; o el de FOA se concebía como un evolución de formas con estructura arbórea. Desde el punto de vista geométrico, el mismo Mies van der Rohe utilizaba un papel reticulado para el desarrollo de sus proyectos. ¿Eran las formas de Mies consecuencia de este uso de papel o se elegía éste porque se adaptaba mejor a sus criterios formales? Ni lo uno ni lo otro, sino todo a la vez. En arquitectura, la forma rara vez surge de la tabula rasa, sino que, justamente, se conforma como consecuencia de diversos criterios, desde los económicos a los contextuales pasando por los propios intereses del arquitecto ante las posibilidades que permite una forma.

En este sentido cabe la pena destacar el trabajo de los ya mencionados Mansilla y Tuñon, el de los primeros años de Ricardo Bofill o el de Pezo von Ellrichshausen, capaces de reimaginar una y otra vez las posibilidades de figuras geométricas tan sencillas como el cuadrado en las dos y las tres dimensiones, que hace que el resultado de sus proyectos, aunque parecidos siempre, nunca sea completamente igual.

Interesados quizás por estas cuestiones, el estudio chileno presentó recientemente una exposición –dividida en dos partes– en el House of Art of České Budějovice de Budweis, República Checa, donde exploraban las posibilidades de la arquitectura y la geometría al moverse entre la repetición y el azar. La primera parte de la muestra, llamada Finite Format, recogía 486 pinturas de idéntico formato (30 x 30 cm cada una) realizadas por la oficina entre 2014 y 2015 “resultado de un estudio acotado y preciso sobre la relación entre proporción y carácter de una forma”. La segunda parte, Motive Infinito, está conformada por 6 dibujos de tinta de 70 x 110 cm cada uno y una maqueta desde los que investigar cómo la repetición y disposición aparentemente accidental una geometría como el círculo puede dar lugar a variedad infinita de posibilidades espaciales.

Así, y como apunta el texto de la muestra, “estos retratos topológicos dan cuenta del trabajo de Pezo von Ellrichshausen en torno a las estructuras espaciales y los posibles mecanismos de control de la forma, a partir del vínculo entre variación y repetición; también reiteran la búsqueda de lógicas que permitan entender y sostener al proyecto de arquitectura en un estadio anterior a las consideraciones sobre contexto, uso y materia”, reivindicando la imposibilidad de agotamiento de la forma arquitectónica.

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