9 septiembre, 2021

Lo global y lo local de la vivienda

por Rosalba González Loyde | @LaManchaGris_

Clara es española, pero después de un largo tiempo logró sentar raíces en Nueva York donde trabaja como directora de arte en publicidad. En sí, Clara no nos cuenta mucho más de su vida, si es vegetariana o si prefiere pintar o ir al cine, su pequeña presentación parece algo hermética, a diferencia de las de otras y otros colegas de la plataforma, pero asumimos que le gusta viajar y que, probablemente, tenga una relación interesante con la Ciudad de México porque, a pesar de no vivir ahí, es en la capital mexicana donde ofrece, a través del sitio de Airbnb, un departamento ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc.  

Entonces es posible que Clara, habitante de Estados Unidos, pueda rentar un espacio, en un país que no habita, a un tercero que también será extranjero en este espacio, digamos que la digitalización de los procesos financieros ha facilitado esto y ha permitido que fenómenos que antes se consideraban casi exclusivamente del orden de lo local se hayan transformado. Así, quienes participan en las transacciones monetarias pueden estar en la comodidad de sus casas fuera del espacio en donde se llevará a cabo el servicio, el turista visitará una ciudad y partirá luego de unos días, la vivienda quedará lista en breve para recibir al siguiente huésped. 

Sé que de primera mano parece inocuo que un grupo de turistas utilice un espacio durante una corta estancia, algunos dirían incluso que ese intercambio genera empleos y derrama económica, un círculo virtuoso de intercambio económico. Lo cierto es que está lejos de ser inocente, pues el fenómeno visto masificado se convierte en un problema que afecta desde las cosas más cotidianas como los cambios de la oferta de servicios locales, la habitabilidad y la seguridad misma de un barrio, hasta la gestión y regulación de la economía de empresas trasnacionales en contextos locales.

Estos fenómenos los ha descrito a profundidad Saskia Sassen cuando nos habla de territorios en donde hay imbricaciones entre lo local y lo global, para ella estos espacios son una herramienta que permite entender la relación entre procesos y fenómenos globales cuando aterrizan en un territorio, son el espacio en donde “se materializan las operaciones de poder y dominación, de resistencia y desestabilización” (Sassen, 2010, pág. 476).

Es decir, se trata de zonas críticas donde hay conflicto y resistencia de esta relación local-global y que sin duda implican retos importantes para los gobiernos nacionales y locales. En materia de vivienda y las aplicaciones de oferta de espacios de renta de corta estancia para turismo, esto tiene relación con el impacto que genera el desplazamiento de oferta de vivienda (muchas veces en alquiler) hacia un uso turístico, especialmente cuando la administración local todavía no construye reglas para su regulación, algo que ha venido sucediendo con la consolidación de los sistemas de economía colaborativa. Es así que Clara, española y residente de Nueva York puede ofertar un espacio en Ciudad de México sin mucha burocracia de por medio, pues el sistema lo permite. 

De acuerdo con datos recabados en la plataforma que captura datos de Airbnb de forma periódica para su análisis, un nada despreciable 5% de los oferentes que tienen espacios en Ciudad de México no habitan el país, este porcentaje ha declarado tener su residencia en otra ciudad del mundo, desde donde ejercen su trabajo como anfitriones, un análisis más detallado permitiría reconocer que además, algunos de esos oferentes son empresas dedicadas al turismo o al desarrollo inmobiliario que han sabido aprovechar las lagunas en la regulación de este sistema. Raquel Rolink lo expresa así: 

Airbnb empezó con todo el discurso de sharing economy, la economía compartida donde finalmente la abuela o la tía podrían incluir su activo en un mercado de alquiler. Ahora los grandes propietarios de Airbnb con miles de propiedades no son estas personas sino los fondos de inversión. (Rolnik, 2019)

Otro ejemplo es lo que sucede en la Riviera Maya, como resultado de las intervenciones predominantemente públicas ha traído consigo un gran interés en la compra de suelo y vivienda que, en buena medida, será comprada por quiénes se han visto atraídos por la “oportunidad de inversión”, por lo que los dueños de estos espacios no son potenciales habitantes, sino inversores y con seguridad habrá algunos o varios de ellos extranjeros. Esto claramente traerá cambios en las condiciones demográficas y de habitabilidad de la región y que, al igual que con la regulación de las plataformas de renta de corta estancia, requieren mecanismos de control y regulación para equilibrar la participación de actores trasnacionales y su impacto en lo local. 

Entonces cuando hablamos de vivienda y de problemas habitacionales en áreas centrales de la ciudad o de ciudades turísticas, ya no nos enfrentamos a problemas únicamente de orden local, sino también global y esto, claramente, requiere de un abordaje distinto en materia de políticas públicas. 


Bibliografía

Rolnik, Raquel. (abril de 2019). “América Latina, nuevas y viejas desigualdades urbanas” en revista Andamios, entrevista de Dammert y Delgadillo  16(39), DOI https://doi.org/10.29092/uacm.v16i39.681.

Sassen, S. (2010). Territorios, autoridad y derechos. Buenos Aires: Katz.

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