9 mayo, 2015

Lever House

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

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“Cuatro maquetas a escala de espectaculares nuevos edificios de Skidmore, Owings & Merrill se incluirán en una exhibición del trabajo reciente de esta firma que se mostrará en el primer piso del Museo de Arte Moderno, del 27 de septiembre al 25 de noviembre. Esta exhibición le permitirá a los visitantes conocer anticipadamente Lever House, el rascacielos de vidrio azul resistente al calor y acero inoxidable que actualmente se construye en Park Avenue y la 53.”

Ese es el primer párrafo del comunicado de prensa mecanografiado que dio el MoMA —For Wednesday Release— de la primera exposición, en 1950, que se dedicaba no a un arquitecto sino a una firma de arquitectos: SOM. La firma se fundó en 1936 por Louis Skidmore y Nahtaniel Owings, a los que en 1939 se les unió John O. Merril. El comunicado del MoMA afirmaba que SOM era “el mayor grupo de arquitectos que trabajan exclusivamente en el idioma moderno” —haciendo de un golpe de tecla que Raymond Hood y el grupo de arquitectos que lo acompañó en el diseño del Rockefeller Center hablaran un idioma premoderno. “Su obra reciente —sigue el comunicado citando un boletín del Departamento de Arquitectura y Diseño dirigido por Philip Johnson— ha sido escogida por su «arquitectura imaginativa, servicial y sofisticada… animada por dos disciplinas… la disciplina de la arquitectura moderna y la disciplina de los métodos organizacionales americanos.»” Dados el tamaño y, sobre todo, la cantidad de obra que la firma ha alcanzado con el tiempo, la última disciplina, la de los métodos de organización, resulta sin duda central. Además de los socios fundadores, el boletín menciona a John Merrill, William S. Brown, Robert W. Cutler, John L. King, John B. Rodgers, J. Walter Severinghaus y Gordon Bunshaft.

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Gordon Bunshaft nació el 9 de mayo de 1909 en Buffalo, Nueva York. Estudió arquitectura en el MIT y luego obtuvo una beca para estudiar en Europa. A su regreso trabajó con Edward Durell Stone y con el diseñador industrial Raymond Loewy antes de unirse a SOM. En 1988 recibió el famoso premio Pritzker —compartiéndolo con Oscar Niemeyer, única vez que se ha entregado el premio a dos arquitectos que no sean socios. El Pritzker de alguna manera distinguió a Bunshaft del  resto del equipo de SOM. Blair Kamin escribió en el Chicago Tribune que el mismo Bunshaft fue quien se nominó como candidato a recibirlo. Aunque el premio sin duda era merecido, demostraba de alguna manera que aunque el MoMA hubiera reconocido a una corporación de arquitectos como SOM desde 1950, la idea del arquitecto como creador único y casi heroico seguía viva en 1988 como aun en nuestros días.

El acta del jurado decía: “Gordon Bunshaft es un arquitecto de afirmaciones modestas y hechos significativos. Cuando dice que prefiere que sus edificios hablen por él, ha escogido elocuentes portavoces.” El acta cita, evidentemente, Lever House como uno de ellos —de hecho, es la única obra que aparece mencionada con nombre propio por el jurado.

En el boletín del MoMA se describe al proyecto como “el más importante edificio comercial en Nueva York desde la guerra y la única contribución imaginativa de una empresa privada a la arquitectura de una metrópolis más habitable. Por su patio abierto y su esbelta torre, crea una simple masa geométrica totalmente distinta de cualquier rascacielos anterior que nos sea familiar, con su masa de calle a calle y su perfil de zigurat.” Y es cierto que Lever House se adelantó por cinco años al famoso paso para atrás del Sagram de Mies, que se encuentra cruzando la calle.

Como parte del equipo que colaboró con Bunshaft en el proyecto de Lever House y otros edificios en SOM como los de las oficinas de Pepsi y de Union Carbide, estaba Natalie de Blois, nacida el 2 de abril de 1921, dijo que el equipo de diseño además participaron Bill Brown y Manny Turano. Reinhold Martin, comentando una serie de grabaciones en las que Arthur Drexler, curador de arquitectura y diseño del MoMA, entrevistó a Gordon Bunshaft, dice que en los términos de éste último, “los arquitectos individuales —incluyéndose, potencialmente, él mismo— importaban menos que los clientes individuales, pues son los ejecutivos modernos quienes, tras la guerra, asumieron el papel  de visionarios.”

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