11 noviembre, 2011

Las ruinas del progreso

por Alejandra Gámez | @ale_gameza

El Palacio Legislativo de Porfirio Díaz, hoy Monumento a la Revolución, es un claro ejemplo de un proyecto fallido por encauzar al país hacia la modernidad. El Palacio ambicionaba fijar en piedra la soberanía nacional y la separación de los poderes republicanos utilizando modelos como El Capitolio de Washington, el Reichstag de Berlín, el Congreso de Viena y la asamblea Nacional de París. Sin embargo, el ambiente político de “ficción democrática” en la que vivía el país llevó a interrumpir su construcción dejando el esqueleto metálico.Tras su clausura se retoma la estructura del Palacio para convertirla en un panteón para héroes de guerra, pero la crisis política impidió llevar a cabo el proyecto. Finalmente se construye un arco de triunfo en concreto armado con los vestigios del edificio antecesor con el fin de conmemorar el camino del progreso político y social del país. A un siglo de distancia, el Museo Nacional de Arte (MUNAL) presenta “Los sueños de una nación. Un año después, 2011”. Esta muestra, que estará expuesta hasta enero de 2012, reúne 200 piezas y cuatro propuestas de artistas contemporáneos, entre ellos, Erick Meyenberg (México,1980).

Con base en los planos del Palacio Legislativo y diversas citas de periódicos tomados del Archivo General de la Nación, la intervención de Meyenberg pretendía reconstruir el volumen que ocupaba la estructura del edificio en la Plaza de la República por medio de 48 bocinas emplazadas a distintas alturas y que transmitirían discursos históricos. Empero, el proyecto parece haber heredado la suerte del Palacio Legislativo; en los últimos tres años se modificó la propuesta varias veces, de 48 bocinas pasó a ocho, y posteriormente a cuatro. Por problemas administrativos, el artista se vio obligado a plantear una segunda versión del proyecto con base en el reciclaje histórico del monumento a partir de dos frases: una de Porfirio Díaz y otra de Felipe Calderón. El artista presenta los sueños del progreso a través de la arquitectura y el arte del Palacio Legislativo haciendo una comparación de su estado actual.

Al no construirse el Palacio, tanto las esculturas como la propia estructura metálica comenzaron una especie de diáspora por toda la ciudad: los leones que estaban pensados para la entrada al Palacio Legislativo terminaron en la puerta de Chapultepec; las esculturas exteriores en el Palacio de Bellas Artes; el águila imperial pensada para colocarse arriba de la cúpula fue trasladada al Monumento a La Raza; y la estructura metálica fue robada por vecinos de la zona y también reutilizada para vías de acero. Así, el pasado arquitectónico del Monumento a la Revolución y el proyecto artístico de Meyenberg convergen en una misma sintonía de simbolismos arquitectónicos inacabados. Se trata de una reinterpretación artística, que como su proyecto antecesor, se convierte en un fantasma como antítesis del progreso y la modernidad de nuestro país.

 

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