20 mayo, 2020

Las constructoras de la primera casa solar

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

Mária Telkes y Eleanor Raymond frente a la Dover Sun House, 1948.

I like things simple

Eleanor Raymond

 

“Calentar espacios consume casi 30 por ciento del combustible que se utiliza en los Estados Unidos. El costo anual de ese combustible se estima en 3,500 millones de dólares. En otras partes del mundo un porcentaje aún mayor del combustible producido se utiliza para mantener temperaturas agradables. La escasez de combustible deprime el estándar de vida y la disponibilidad de combustible es uno de los factores más importantes en el progreso de la civilización.”

 

Ese es el primer párrafo del artículo “Space Heating with Solar Energy”, publicado en The Scientific Monthly en diciembre de 1949. El artículo se basó en un reporte presentado durante la Conferencia científica para la conservación y utilización de recursos de las Naciones Unidas, que entre mediados de agosto y principios de septiembre de ese mismo año reunió a más de seiscientos científicos, economistas, empresarios y funcionarios de gobierno. “De lo que hablaron estas autoridades mundiales —dice un artículo publicado en la revista Science también en diciembre del 49— tenía que ver con las cosas materiales necesarias para la supervivencia del hombre y el poder lograr más altos niveles de vida. Lo que se dijo sobre la disponibilidad de recursos, en general, dio confianza. Hay pocos materiales que se consideran esenciales hoy pero que se piensa resultarán insuficientes para cubrir las demandas de la creciente población mundial. La posibilidad de nuevos descubrimientos, la disponibilidad de sustituir con materiales más abundantes y las posibilidades de conservar los que están en uso tendieron a aliviar las preocupaciones de quienes estaban inclinados a ver la situación con gran alarma.” El artículo citado en primer lugar, se preguntaba si era necesario confiarse en combustible fósil solamente para la calefacción de viviendas. Tras plantear que el combustible fósil no es más que energía solar acumulada —en el pasado, en el caso del petróleo, actualmente en el caso de al madera—, afirmaba que la pregunta central era si “podemos competir con la naturaleza en la forma de capturar y almacenar energía solar con mayor eficiencia técnica y económica. La autora del artículo era Mária Telkes.

Telkes nació en Budapest el 12 de diciembre de 1900. Estudió física y química en la Universidad de Budapest donde se doctoró en 1924. Un año después emigró a los Estados Unidos. Trabajó investigando la energía producida por seres vivos y durante la Segunda Guerra fue asesora civil de la Oficina para la investigación científica y el desarrollo. Tras la guerra, pasó a formar parte del Proyecto de conservación de energía solar del MIT. En 1948, un año antes de la conferencia de la ONU, desarrollo la Casa solar de Dover, Massachusetts —la primera que usó únicamente calefacción solar— junto con la arquitecta Eleanor Raymond y con el patrocinio de la escultora Amelia Peabody.

Peabody había nacido en 1890 y había estudiado  escultura en Boston, Nueva York y París. También se dedicaba a la cría de caballos en sus ranchos de Dover, y a la filantropía. En alguna de sus notas biográficas se dice que la casa solar era realmente su estudio. Eleanor Raymond era tres años mayor que Peabody. Nació el 24 de marzo de 1887 en Cambridge, Massachusetts. Estudió en el colegio Wellesley, de donde se graduó en 1909. En 1915 fue una de las cinco mujeres en entrar a la Escuela de arquitectura y paisaje de Cambridge. Terminó sus estudios en 1919, mismo año en el que abrió una oficina asociada con Henry Atherton Frost, profesor de la escuela. Diez años más tarde abrió su propia oficina. En 1931 publicó el libro Early Domestic Architecture of Pennsylvania. En su ensayo “The Vernacular Moment: Eleanor Raymond, Walter Gropius, and New England Modernism between the Wars”, Kevin D. Murphy dice que Raymond tenía una visión ahistórica de la arquitectura vernácula, destacando su funcionalismo, su rechazo de fórmulas académicas y el uso honesto de los materiales, planteando una similitud fundamental entre la arquitectura vernácula y la moderna.

En el artículo publicado en The Scientific Monthly, Telkes escribe sobre la casa experimental en Dover:

En diciembre de 1948, se terminó una casa experimental localizada en Dover, Massachusetts (a 15 millas de Boston). La casa usa el principio del calor de fusión para almacenar el calor solar. El colector vertical de 720 pies cuadrados se localiza en el ático de la casa, con vista al sur. El aire calentado por la energía solar se circula mediante ventiladores hacia las unidades de almacenamiento de calor, localizadas entre las habitaciones. […] El calor se transfiere de las unidades de almacenamiento a las habitaciones parcialmente por radiación mediante las paredes y en parte circulando aire caliente de las habitaciones a través de los contenedores. Es obvio que son posibles otras localizaciones del colector y de las unidades de almacenamiento, así como otros sistemas para transferir el calor.

En su texto “The World Solar Energy Project, ca. 1954”, publicado en la revista Grey Room en 2013, Daniel Barber dice de esta casa que se trató de uno de los más ambiciosos experimentos ecotecnológicos del periodo inmediatamente posterior a la guerra. “La casa es la mejor conocida de una notable variedad de casas solares construidas durante y después de la Segunda Guerra. Incluso entre este grupo, la Casa solar de Dover es distinta al ser la única “totalmente solar”: no tenía calderas convencionales y se confiaba totalmente en un innovador sistema de calefacción solar, del que Telkes fue pionera, que involucraba la manipulación de la capacidad de almacenar calor de los materiales de cambio de fase químico” —aquellos que liberan o almacenan grandes cantidades de energía al pasar de sólidos a líquidos o viceversa. Barber apunta que la casa de Telkes y Raymond se construyó en un momento de preocupación por la futura disponibilidad de combustibles fósiles. En 1943, Harold Ickes, antiguo secretario del interior de los Estados Unidos, había publicado un artículo titulado “¡Nos quedamos sin petróleo!” y el mismo 1948, William Vogt publicó su libro Road to Survival, en el que planteaba el problema de la escasez de recursos ante el crecimiento poblacional. De ahí la insistencia de Telkes en que la calefacción de la casa fuera totalmente solar. Para lograrlo, propuso una solución de sulfato de sodio, almacenada en el ático, que a los 32º centígrados se licúa, y al bajar la temperatura vuelve a cristalizarse, despidiendo calor.

Según cuenta Marc O’Rian, uno de los problemas era que había que almacenar 28 toneladas del compuesto en los contenedores localizados en el ático. Además, con los cambios de fase el compuesto se sedimentaba y había que remplazarlo, y las sales corroían los contenedores, provocando fugas. Y el sellador de los vidrios dobles del ático se resecó y, en consecuencia, se quebró. O’Brian dice que Raymond calculó los gastos de energía eléctrica que requería el sistema de calefacción solar para funcionar comparándola con una casa vecina que también había diseñado. Sobrepasaban por mucho los ahorros prometidos por el uso de energía solar. En 1954 el sistema de almacenamiento solar fue retirado y sustituido por calderas convencionales. Con todo, Mária Telkes y Eleanor Raymond —junto a su mecenas, Amelia Peabody—, quedan en la historia por su diseño de la primera casa con calefacción usando únicamente energía solar.

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./

Publica

Afuera

Salir a recorrer las calles de una gran ciudad es perderse porque es, también, salir de sí mismo. Trocar una intimidad conocida por la variable compañía de los extraños; una soledad por otra, pública.

Ver más
Publica

La tragedia de la ciudad

“El problema central de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos es que hacen proyectos sin cuestionar los prejuicios y presupuestos que legitiman la acción misma de proyectar.“

Ver más