José Agustín: caminatas, fiestas y subversión
La Ciudad de México, entendiéndola como una extensión territorial que abarca tanto al centro como la periferia, fue dura, sinónimo [...]
24 agosto, 2017
por Christian Mendoza | Instagram: christianmendozaclumsy
El soldado analiza el trazo de la ciudad y la comprende: es una ciudad sin funciones, un capricho arquitectónico, una ruina. ¿Dioses modernistas, probablemente? La conclusión es que la inmortalidad que provee la ciudad es todo lo contrario a un obsequio.“Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por las escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüe que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron). Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación, que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible”.
Esta Biblioteca está habitada, y contiene todos los libros existentes. La consecuencia de que todos los libros que puede conocer la humanidad se encuentren albergados en un solo edificio es que la organización social de los habitantes de la Biblioteca se construya, ideológicamente, a través de los libros. Hay quienes organizan expediciones para encontrar libros sagrados que tal vez no existan, o sectas que buscan eliminar aquellos libros que resulten inútiles para su archivo. La Biblioteca permanece oscilando entre la censura y la idealización, o bien, sus habitantes tienen una idea tecnológica de lo que es un libro, pero no saben cómo usarlo. La misma existencia de la Biblioteca resulta opresiva, y su destino será la autodestrucción:“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal”.
Lo que permanecerá de la Biblioteca no será su función ideológica, sino su cascarón arquitectónico.“La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se posternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado a la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana –la única– está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”.
En El inmortal, la ciudad se encuentra construida antes que la humanidad y en La biblioteca de Babel el edificio continuará aún cuando la humanidad se extinga. Retomando la noción sobre lo climatológico propuesta por Thacker, ambas arquitecturas borgianas se oponen a las nociones antropocéntricas sobre lo ecológico como entornos controlados estrictamente por humanos. Si las ciudades pueden estar a cargo de arquitectos megalómanos, Borges pervierte un tanto más el ejercicio de planeación dejándolo al mando de entidades enloquecidas. O bien, si los edificios pueden cumplir funciones simbólicas referidas a la civilización y al raciocinio, la biblioteca se pone en contra de la misma humanidad a pesar de su propia intangibilidad y artificio.
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