Columnas
El público de la arquitectura
¿Cuál es el público de la arquitectura? ¿Los arquitectos mismos, los clientes que encargan edificios, o la gente (toda la [...]
2 marzo, 2022
por Carlos Lanuza | Twitter: carlos_lanuza_
Portada del catálogo lacaton&vassal: espacio libre, transformación, habiter. Fotografía: Puente Editores.
El aprendizaje de la arquitectura Decía otro profesor que tuve en la universidad que el objetivo de cualquier libro de arquitectura, teórico o de proyecto, debería ser el de ayudar a proyectar mejor. La primera parte del catálogo es una entrevista que Enrique Walker hace a los arquitectos. En ella la discusión se centra sobre todo en el proyecto del Palais de Tokio, en París. La visión de Anne y Jean-Phillipe se plasma de manera abierta y sincera, dejan ver sus inseguridades, su voluntad por querer hacer un trabajo cuidado, respetando y entendiendo las necesidades del encargo y la naturaleza de lo existente. Es una entrevista que ablanda la figura del arquitecto omnisciente y lo contrapone a la figura del que duda, que reflexiona sin pudor y que se atreve a salirse de los marcos preestablecidos. Espacio libre es una recopilación de planos en los que se mancha la operación que da nombre al capítulo. En los proyectos se percibe la constante voluntad de los arquitectos por doblar siempre el espacio predestinado al proyecto original, es como un doble-espacio-en-potencia, un espacio fantasma que acompaña al primero pero que no se ve hasta que lo evidencian con una envoltura. Un poco como los proyectos de vivienda social de ELEMENTAL –Quinta Monroy, Villa Verde o Monterrey– , ese espacio mudo que adquiere vocabulario a través del tiempo, que se va llenando de vida y “ajustándose” a las necesidades de sus habitantes.
Catálogo lacaton&vassal: espacio libre, transformación, habiter. Fotografía: Puente Editores.
Transformación continúa siendo una recopilación de proyectos, esta vez con visualizaciones 3D o fotografías y una breve descripción. Los proyectos son de una finura y sensibilidad extraordinaria por el contexto, ya no solamente local sino global, y por la gente que los habita, algo sumamente necesario de enseñar en cualquier escuela de arquitectura. Más allá de las soluciones técnicas o espaciales, estas ansias por entender realmente lo que necesita cada proyecto es siempre destacable. El último capítulo, Habiter, termina de definir estos conceptos proyectuales –todos muy interrelacionados y solapados. Esta parte es un compendio de fotogramas que dan cuenta de la vida de la gente en sus proyectos. Como idea es una manera sutil de querer otorgar más aristas para percibir la realidad del proyecto –que pasa de la planimetría del primer capítulo al volumen del segundo, y del volumen al tiempo recorrido en el tercero– pero que queda en un esfuerzo difícil de explicar. La obra de Lacaton&Vassal es desde hace muchos años una referencia que ha ido emergiendo poco a poco pero con mucha fuerza. Es quizás, esta exposición y catálogo, una oportunidad para repensar la manera de ir más allá de la imagen de moda para profundizar en el proyecto enraizado y profundo de la buena arquitectura que en esta ocasión parece no haberse logrado. Es una oportunidad para encontrar estrategias en las que la sensibilidad sobre el proyecto pueda plasmarse en papel para que, como las revistas que llevaba mi madre a la modista, sirvan de vehículo para proyectar lugares que vayan más allá del tiempo y del espacio de una exposición temporal.
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