29 marzo, 2017

La vista de pájaro

por Juan José Kochen | @kochenjj

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Antes de Björk, fotografía aérea. ¿Qué tanto podemos ver desde el aire? El Foto Museo Cuatro Caminos nos aproxima a comprenderlo en una exposición en cuatro tiempos. Entre sus múltiples manifiestos, en 1935 Le Corbusier escribió Aircraft. “El avión acusa” decía su Frontispicio para las imágenes de la épica del aire. “Gracias a los esfuerzos de una generación y al efecto acumulativo de los descubrimientos del siglo, se nos ha concedido la mirada a vista de pájaro. El aeroplano toma posesión del cielo: de los distintos cielos de la Tierra. El aeroplano, símbolo de la Nueva Era. Está muy alto, allá arriba en el cielo. Tienes que levantar la cabeza para seguirlo con la mirada. Levanta la cabeza y mira hacia arriba. El aeroplano, vanguardia de los ejércitos conquistadores de la Nueva Era, despierta nuestras energías y nuestra fe”.

Le Corbusier decía que –hace mucho tiempo– Ícaro se rompió los huesos, y Leonardo Da Vinci lo comprendió todo acerca de la aviación. Así surgieron los grandes pájaros planeadores que conquistarían el territorio. Tanto las alas y la carpintería de Ícaro –hijo del arquitecto Dédalo– en la mitología griega como las virtudes de planeación del mundo animal, se muestran en el origen de la exposición “Ícaro Fotografía desde el aire” en el Foto Museo Cuatro Caminos, diseñado por Taller | Mauricio Rocha + Gabriela Carrillo e inaugurado en 2015.

Más allá del mito, la naturaleza y la oda al aeroplano del Movimiento Moderno, la exposición narra la forma en que distintos instrumentos y tecnologías han logrado vistas de pájaro; su relevancia, exactitud, aportación urbana y exploración artística. En un principio, debido a la fotografía a la gelatina seca, la captura de imágenes en movimiento (cronofotografía), la invención del cinematógrafo y el nacimiento de la aeronáutica, entre dos avances tecnológicos, fue que la fotografía aérea encontró terreno fértil para su desarrollo. A diferencia de los globos o las palomas mensajeras, los dirigibles y los aeroplanos constituyeron plataformas sumamente estables para la técnica.

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En 1917, Sherman Mills Fairchild, pionero de la fotografía aérea en Estados Unidos, inició el perfeccionamiento de una cámara aérea considerando las deficiencias de las cámaras utilizadas por el U.S. Army Service y la urgencia de contar con un mecanismo más preciso para el control del obturador. Esto permitiría su desplazamiento a una velocidad constante a lo largo de la gran apertura de una cámara aérea. Los resultados no sólo convencieron a los oficiales del ejército estadounidense sino que lo condujeron a crear su propia cámara y a fundar su propia compañía en 1920: Fairchild Aerial Camerial Company. Después de la Primera Guerra Mundial, la fotografía aérea cayó en desuso, sin embargo, Sherman Fairchild buscó nuevas aplicaciones civiles para esta función fotográfica. El público empezó a disfrutar las maravillas de la fotografía desde el aire ya que nunca antes se habían visto ciudades desde las alturas como vocación de uso público.
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La sistematización de la técnica en México se da en los años treinta en México con la Compañía Mexicana Aerofoto (antes Fairchild Aerial Camera Corporation) y se dedicó a fotografiar las ciudades y los paisajes mexicanos. Fue fundada por el piloto mexicano Luis Struck y en sus 58 años de funcionamiento logró acumular un acervo cercano a 1 millón de imágenes, abarcando un área de 1.2 millones de km2. La empresa obtenía impresiones fotogramétricas a partir de las cuales se desarrollaban planos topográficos —con medidas horizontales y verticales precisas— utilizando una técnica de restitución que corrige la distorsión que resulta de superponer fotografías realizadas desde distintos ángulos. El mapeo a gran altura sería una de las primeras aproximaciones para el urbanismo a gran escala empleando avionetas que proporcionaban una gran movilidad. En 1916 también surge la revista Tohtli (halcón en náhuatl) promovida por la Escuela Nacional de Aviación hasta 1939, ya como Revista de Aeronáutica Militar.

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En 1935, la revista Planificación publicaría un artículo sobre “La fototopografía aérea y su relación con los trabajos de planificación” en el que se hablaba del procedimiento y complemento entre trabajo aéreo y terrestre, identificando “productos” de ayuda “valiosísima para el planificador”: mapas aéreos, mosaicos, mapas de curvas de nivel, fotografías oblicuas, mapas estereoscópicos, fotografías panorámicas, mapas fotográficos y registros gráficos. Así se pasó de la proyección cónica que constituye el fotograma a la proyección ortogonal que es el plano topográfico.

El proceso de toma de fotografías aéreas se llevaba a cabo con cámaras especiales, llamadas fotogramétricas, dotadas de un automatismo que controlaba la toma de fotos sucesivas, la latitud, la altura, la velocidad de enrollamiento de la película en relación a la velocidad del avión. Estaban montadas sobre un sistema de suspensión para asegurar la inclinación y evitar la distorsión. El proceso exigía un detallado trabajo con base en mapas índice (planes de vuelo) en los cuales se consideraban variables de trayectoria, dirección, puntos de exposición, intervalos entre las exposiciones, condiciones atmosféricas, hora del día y sobre posición de vistas para observación estereoscópica. El recorrido del avión se hacía en línea recta y, una vez cubierta la zona a capturar, el aparato daba la vuelta para crear otra una línea recta paralela a la anterior. Así se logró una cobertura aerofotogramétrica que se podía utilizar para levantamientos topográficos.

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Tras el fallecimiento de Struck, en 1965, Ingenieros Civiles Asociados (ICA) compra la compañía y se constituye como una unidad de negocio sustancial ampliando su portafolio de servicios en áreas de Aerofotogrametría, Catastro Urbano y Rural, y Geofísica. Funcionó hasta 1989, cuando la fotografía satelital se comenzaba a presentar como una alternativa mucho más conveniente y precisa. En el año 2000, Fundación ICA recibió la custodia del Acervo Histórico para su cuidado y conservación, reconocido y registrado en 2014 en el Programa Memoria del Mundo Nacional para México; y Regional para América Latina y el Caribe de la UNESCO.

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¿Cómo interpretar y comprender los procesos de cambio de las ciudades a través de la aerofotografía? Para Jean-Marc Besse “la fotografía aérea constituye un análisis de la profundidad temporal del paisaje”. Existe una línea de investigación en torno a la técnica y los procedimientos aerofotográficos, pero también una que busca la distancia, el horizonte paralelo para después aterrizar en un discurso visual a vista de pájaro. En esta exhibición se devela una perspectiva que ha creado distintos modos de ver y hacer fotografía, tanto con las imágenes de la Compañía Mexicana Aerofoto como en la lente, drones, y time-lapses de fotógrafos y artistas como Santiago Arau Pontones, Francisco Laresgoiti, Federico Pardo, Javier Hinojosa, Pablo López Luz, Marco Pacheco, Adam Wiseman, Francisco Mata Rosas y Josh Begley.

Así recuperamos fragmentos del frontispicio francosuizo… “Deseamos cambiar algo en el mundo actual, pues la vista aérea nos permite contemplar nuestras ciudades y los campos que las rodean, y lo que vemos no es bueno. Sabemos bien que nuestras ciudades están repletas de indignidades aborrecibles para el hombre; que nuestras ciudades martirizan a los hombres y que se nos priva de los “placeres esenciales”, apiñados y encerrados en covachas que cada día y cada hora nos debilitan y envejecen, que destruyen la especia y nos convierten en siervos. El avión es una acusación. Acusa a la ciudad. Acusa a quienes controlan la ciudad. Gracias al avión, ahora tenemos la prueba, grabada en las placas fotográficas, de lo correcto que es nuestro deseo de modificar los métodos de la arquitectura y el planeamiento urbanístico… El avión observa la ciudad con su ojo de águila”.

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Casa manifiesto

El primer manifiesto en México se escribió en 1921. Anuncios, carteles y publicaciones como Irradiador e Urbe consumaron la vanguardia gráfica y discursiva del primer proyecto internacional de nueva estética en México. Hacia 1923 aparece Vers une Architecture, de Le Corbusier. En México, el libro circuló a partir de 1924 y Juan O’Gorman, Juan Legarreta y Álvaro Aburto asumieron el planteamiento técnico de “la casa es una máquina para habitar.”

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El paseo de un arquitecto

En 1951, Kaspé publicó ‘El paseo de un arquitecto’ con la finalidad de “dar a conocer algunas obras arquitectónicas de la capital todavía frescas; señalar algunos de sus rasgos característicos, provocando un intercambio de ideas sobre temas actuales”. Pero, ¿por qué arquitecturas contemporáneas daríamos un paseo hoy?

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