11 junio, 2019

La posibilidad de un bolso

por Carolina Haaz

Kazuyo Sejima

Un trío de arquitectas reinterpretan la tela emblemática de Prada, el náilon, sobre sus propios diseños de bolsos para la colección primavera-verano 2019. Son Cini Boeri, Elizabeth Diller y Kazuyo Sejima. Al mismo tiempo, imágenes en movimiento de ciudades digitales se transmiten en las pantallas de otros bolsos, los de Louis Vuitton para el crucero de 2020. Un gesto similar de exploración tecnológica ya había emergido en el bolso que permite ver la pantalla de una tableta estándar en Maison Margiela de la primavera actual. En su primera colección para Burberry, Riccardo Tisci ha hecho un poco sutil statement a partir de elegantes estuches para pasaporte que penden del cuello de sus modelos, ahora que el Reino Unido ha salido de la Unión Europea. Una leyenda grabada sobre el material dice “Pasado futuro”. ¿Qué podría ser todo eso si no el espíritu de los tiempos que corren? 

 

Prada: transformar y liberar

Volvamos al punto de partida. Como parte del proyecto Prada Invites, la firma italiana demuestra su interés por la interseccionalidad de las ramas del diseño. De todas las colaboraciones, destaca por su flexibilidad la propuesta de Elizabeth Diller, de Diller Scofidio + Renfro. La arquitecta creó dos piezas. Por un lado, The Envelope, objeto de doble utilidad que funciona como impermeable y también como portatraje. “Los cierres utilitarios y cordones ajustables facilitan la metamorfosis (…) ajustándose a todo tipo de cuerpo.” Adicionalmente, tiene  bolsillos discretos para el caso de mujeres que deseen viajar ligero y utilizarlo como una pequeña maleta con neceser. 

Luego está The Yoke, que desde la estética utilitaria recuerda a los accesorios de los uniformes policiacos o los arneses para cargar con mucho peso. Diller lo libera de estas connotaciones y The Yoke pasa ser un bolso-sobre-hombros, cosa que no existía previamente, o al menos no en el espectro de la moda. Los pesos se distribuyen ergonómicamente para que los objetos en el interior no resulten una molestia, y al mismo tiempo ofrece liberar los brazos del yugo del accesorio que tiene largo tiempo en la historia femenina. Al mismo tiempo, esta pieza se puede ajustar sobre la muñeca a manera de clutch, el cual no requiere sostenerse por las manos, aunque difícilmente las usuarias o usuarios podrán evitar este gesto aprendido.

La ligereza característica de la obra de Kazuyo Sejima se traduce en los bolsos Yooo y Daln. Al igual que la propuesta de Diller, Sejima imagina un bolso sobre los hombros. En este caso, Yooo es un bolso alargado que cae gracilmente sobre el pecho, como si de una bufanda se tratara. Con la ayuda de unas asas suaves y coloridas, la disposición puede cambiar y usarse como un bolso más tradicional. Es interesante notar que la apuesta de ambas es minimalista no sólo en su exterior, sino desde el punto de vista de cargar en un bolso sólo con lo esencial. También esto se ve en Daln, un bolso rectangular que se lleva a lo largo o de forma diagonal, a lo largo del torso. 

Lateralmente, el diseño de Cini Boeri, pionera en su disciplina, encuentra un lugar mucho más conservador en un suave maletín estilo mensajero de correa. En un comunicado, Boeri dijo: “En la forma en que trabajo, la imagen deriva de la función, y tantos otros trabajos de diseño parten precisamente de esto”. Y es que en general las tres colaboraciones carecen de demasiados ornamentos, exceptuando las piezas de Sejima, de la que cuelgan geometrías en tonos pasteles, si bien funcionan como bolsillos. En suma, la importancia de esta serie de  bolsos está en la reescritura que comienza a articular sobre las nociones de género, funcionalidad, protocolos de vestimenta y la propia concepción de un “lujo” basado más en las soluciones del intelecto que en los excesos a costa de recursos naturales.

Louis Vuitton: Entre lo privado y lo privado

Es verdad que somos los condenados de la pantalla, como apunta la artista Hito Steyerl. Lo que podría parecer un ejercicio de diseño especulativo de los años 40, obsesionadas con la novedad televisiva, es una realidad en los prototipos “Canvas of the Future” (“Lienzos del futuro”) de Guesquière para Louis Vuitton. Serán un hecho cuando sea lanzada la colección crucero de 2020. Mientras el desfile presentaba los clásicos bolsos de la firma —repletos de monotipos y en sus siluetas más populares de la actualidad— con visiones de ciudades salidas de algún videojuego, un escéptico diría que estas ciudades en la pantalla fueron un recurso visual para el desfile. En el día a día, cualquiera llevará su Instagram o hará compras en línea a través de estas pantallas. Quizá, sólo quizá, veremos un retrato familiar en ellas. Hablemos sobre tecnología: las pantallas son ligeras, flexibles y se despliegan en 1920 x 440 pixeles. En el momento de la primicia, Ghesquière anunció que la intención de estos lienzos es “difuminar los límites entre el smartphone y la bolsa”. Esta, por supuesto,  es una frase verdaderamente bella, absurda y aterradora. Si el smartphone pretende ser un dispositivo privado —he dicho que “pretende”— y la bolsa es una propiedad igualmente privada, estos bolsos resultarán en impresionantes vehículos ideológicos.

Burberry: el accesorio post-Brexit

No son precisamente bolsos, pero sí accesorios de almacenamiento para un librillo de suma importancia para el actual contexto migratorio. En su regreso a Londres como cabeza creativa de Burberry, Ricardo Tisci guiñó fuertemente a la conversación sobre el Brexit disponiendo sus bellos porta-pasaportes sobre cordones. Llámese un mero trabajo de estilismo que difícilmente será usado de este modo por sus clientes, pero el mensaje es claro cuando se ve a estas bellas piezas de piel o náilon en el color vino que solían tener previamente al Brexit. Desde el presente —la primavera de 2019— se piensa el color del pasado y se deja colgar sobre el cuello de manera sutil, pero crítica. 

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