24 agosto, 2017

La nueva Biblioteca del Tecnológico de Monterrey. Conversación con Pablo Savid-Buteler y Dennis Pieprz

por Arquine | @arquine

Tras la inauguración de la nueva Biblioteca del Tecnológico de Monterrey en la ciudad de Monterrey, diseñada por Sasaki Associates en colaboración con GLR Arquitectos y rdlp Arquitectos, conversamos con Pablo Savid-Buteler y Dennis Pieperz, sobre el proyecto.

¿Cuál es la diferencia entre esta biblioteca y otras que hayan diseñado antes?

Pablo Savid-Buteler: Es una pregunta interesante. Pienso que esta es diferente a muchas otras bibliotecas que hemos diseñado. El sitio y la respuesta que decidimos dar es importante. Pensamos en construir un lugar, como ya hemos dicho, en que la Biblioteca fuera un abrigo, un refugio en la plaza, que es un gran espacio público en el Campus. Pensamos que era particularmente apropiado aquí que el paisaje estuviera totalmente integrado, de modo que la Biblioteca se sume como un nuevo espacio al Campus. De cierto modo, la manera de entrar a la Biblioteca tiene que ver completamente con ese espacio. También es singular la tipología: un patio, siguiendo la idea de proveer iluminación natural a todos los espacios en un edificio de 90 por 50 metros de lado. En términos de programa, este edificio también es particular, en el sentido que buscamos que la circulación fuera una manera de descubrir los usos, como un meandro a través del edificio que permite, dentro de un volumen muy formal, generar esa manera informal de recorrerlo. Esto tiene que ver con el hecho de estar en este lugar particular.

Dennis Pieprz: Añadiría, sólo para desarrollar algo más sobre el contexto de la Biblioteca, que al iniciar el plan general para el Campus, hace unos seis años, nos dimos cuenta que estaba lleno de vida: alumnos sentados, trabajando bajo los árboles, como un oasis en la ciudad, mientras algunos edificios del Campus estaban aislados de algún modo, enfocados sólo al interior. Por ejemplo la antigua Biblioteca no tenía ventanas, estando localizada en un parque con hermosas vistas, pero sin ventanas. Así que la idea del plan general fue privilegiar la transparencia, la conectividad y la interactividad. Esa fue la idea clave detrás del plan general. Y dentro de ese plan, en una de las intersecciones más importantes, se encuentra la nueva Biblioteca. Era la oportunidad de hacer un espacio de aprendizaje del siglo XXI que abriera posibilidades para mayor colaboración incluso con un contexto mayor al de la escuela. Así que ahora también hay un café con vistas a la montaña, por ejemplo. La vieja manera de pensar las bibliotecas es en silencio, la gente sin hablar y sin comer, sin encontrarse entre ellos. Aquí todo está al revés: la biblioteca es un espacio de encuentro, para conocer y conocerse. Un contenedor flexible para la experiencia de aprender.

Pablo Savid-Buteler: Cuando visitamos la antigua Biblioteca, nos dimos cuenta de que había espacios subutilizados, cerrados, casi como un bunker, excepto en el cuarto nivel, recién renovado. Ahí había gente. Y pensamos que eso es lo que había que hacer en todo el nuevo edificio.

Dennis Pieprz: Ese cuarto nivel de la antigua Biblioteca también había sido renovado por nosotros, hace ocho años. El consejo que entonces les dimos para hacer algo rápidamente fue limpiar un piso de libros, poner mesas y muebles cómodos, un espacio flexible con tomas de corriente por todas partes e internet inalámbrico para que la gente pueda estar y encontrarse. Se convirtió en el espacio más exitoso del Campus. Eso fue lo que nos llevó al plan maestro y a entender a la Biblioteca como parte central de todo.

Pablo Savid-Buteler: Otra cosa que nos gustó del viejo Campus fue el pórtico que tenían y que era el ejemplo perfecto de la vieja idea de vida colegial. Pensamos que de ese modo tenían que ser los edificios, incluida la Biblioteca, conectados al paisaje. Eso genero el tema de la plaza central. Estamos rodeados por un paisaje que tienen tanta historia como los edificios, así que deberíamos ser capaces de verlo desde cualquier punto del edificio.

¿Qué tipo de relación plantearon entre la calidad espacial y material de la Biblioteca y su programa: un espacio para la lectura?

Pablo Savid-Buteler: Una de las ideas fue que al acercarnos al edificio desde el exterior queríamos que el acceso fuera fluido, que pudieras llegar desde muchas partes y que finalmente te acercaras al centro, que te distribuye a los distintos niveles. Es algo que no es distinto a muchos edificios cívicos y no es particular a una biblioteca, pero queríamos también que muchas de las funciones de esta biblioteca ya se encontraran ahí. La idea que teníamos era de un “mercado para aprender”: ves espacios y anticipas lo que te ofrece la biblioteca. Ahí encuentras espacios sociales, de enseñanza, el auditorio —que a veces es un espacio de encuentro o sólo unas escaleras. Es el preámbulo de lo que pasará. También la piel de vidrio, que a veces es más transparente que otras, te permite entender desde afuera qué es lo que sucede al interior. Al entrar, la experiencia material de interactuar con los libros, la tecnología, el aprendizaje, pasa de ser cívica a ser cada vez más íntima. Hay una serie de cambios de escala en los espacios que al final te llevan a zonas de aprendizaje individuales o para pequeños grupos. Buscamos contrapunto entre esos espacios individuales y colectivos: espacios para trabajo en grupo y zonas donde la relación con los libros es más informal. La idea es que, una vez que entras, empiezas progresivamente a pasar por escalas cada vez más pequeñas hasta que encuentras tu propio lugar. Del muro cortina a los muebles de madera y las alfombras pasas de elementos con una calidad pública y cívica, como dije, a otros con una calidad más doméstica.

Dennis Pieprz: También es interesante pensar que este edificio se pensó y construyó para durar y servir en el futuro y si hay algo que sabemos es que la sociedad y los modos de aprender cambian constantemente. Así que hay que pensar en un edificio que pueda acomodar el cambio y la interacción con la gente. De ahí también la gran diversidad de espacios con distintas calidades. Es una especie de máquina para involucrarse en el tiempo que no está pre-programada. Todo el edificio podría cambiar sus usos en el futuro y aun así mantener su integridad como organización espacial. Ese es el cambio fundamental que propone esta nueva Biblioteca.

Cuando Rem Koolhaas planteó su propuesta para la Biblioteca Pública de Seattle, habló de la importancia de la biblioteca como espacio público, más que como contenedor de libros, ¿qué piensan de eso?

Pablo Savid-Buteler: La Biblioteca es parte de la ciudad. En las universidades hay un debate constante sobre cómo serán las bibliotecas en cuanto más avancen las tecnologías como se comunica la gente. Hoy las bibliotecas tienen importancia no sólo simbólica para la institución o para construir un lugar en el Campus, como hablamos antes, sino que tiene una función como un espacio donde la gente aprende cómo aprender. Aquí se obtienen todas las herramientas para interactuar en un futuro. Es algo que también se puede replicar a otras escalas y que es fundamental para la formación de los individuos.

Dennis Pieprz: Creo que la Biblioteca de Seattle es un edificio asombroso, pero tiene un propósito diferente a este. Aquí los estudiantes tienen objetivos distintos en el contexto de su estancia en la Universidad. La Biblioteca se convierte en un lugar en el que la gente que viene de muchas áreas del conocimiento puede compartir un espacio para descubrirse de una manera abierta y transparente. Los espacios te invitan a ser parte de ese escenario de aprendizaje. Es un atractor como espacio de encuentro, lo que es muy distinto a las antiguas bibliotecas, que tenían que ver más con el descubrimiento solitario. Hoy ese espacio tiene que ver con la comunidad.

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