19 julio, 2019

“La noche soy yo.” Conversación con Henri Donnadieu.

por Christian Mendoza

Fue en Europa donde Henri Donnadieu terminó un doctorado en Ciencias Políticas, intentó ser catedrático de Derecho Romano en Australia y una carrera como funcionario en Nueva Zelanda. Llegó a México en 1976, dice él, como refugiado del colonialismo francés. Aquí comenzó a vivir en el Hotel María Isabel del Paseo de la Reforma –obra de Mario Pani–, y este escenario de refinamiento moderno fue experimentado a la par de otra ciudad que se vivía al margen de las aspiraciones, siempre rectas y heterosexuales, de la clase media: la ciudad del Sanborns, franquicia que, durante mucho tiempo, fue usada como sitio de ligue para hombres homosexuales. “De manera inconsciente abrí El 9. Normalmente, de acuerdo a los principios de la época, las autoridades me debieron clausurar en seguida, pero no llegaron y El 9 duró más de 13 años”, recordó Donnadieu en su entrevista para Arquine.

Pero, ¿por qué una revista de arquitectura y ciudad tendría que acercarse al fundador del primer bar gay de la capital mexicana? Si para Nueva York el Stonewall Inn es un rasgo de identidad urbana y política, la Ciudad de México tuvo, en la Zona Rosa en general y en el Disco Bar El 9 en particular, un sitio de efervescencia para el arte y el sexo, y su relevancia está contextualizada por un país que, durante años de represión cruenta, también buscó la fiesta. Los bares también hacen ciudad, y suelen tener un mayor significado político cuando son recintos tomados por las “otredades”: los travestis y los homosexuales “hombres-hombres”, los artistas, las it girls, etc. En los archivos fotográficos que Guillermo Osorno recogió para su crónica Tengo que morir todas las noches: una crónica de los ochenta, el underground y la cultura gay (Debate, 2014) hay registros del curador Olivier Debroise en la pista de baile, así como de jóvenes luciendo atuendos new romantic. “Hice mi tesis con grandes personajes de la literatura Mundial, como el Premio Nobel de Literatura André Malraux, que en ese momento era el Secretario de Cultura de Francia. Y la conclusión de mi tesis fue: para que la cultura llegara a la gente, había que darles diversión. Y en El 9 fue al revés: para que la diversión perdurara, había que ponerle cultura”.

¿Y cuál fue la dosis cultural del antro? “Fuimos los primeros en difundir en México el rock de la movida española. En El 9 empezaron todos los grupos de rock, com Las Insólitas Imágenes de la Aurora, ahora Caifanes, y también Café Tacvba. Fue el primer lugar que dio oportunidad a los grupos de punk, el primer lugar donde se bailó slam…, había también actividades culturales, como murales efímeros, cine clubs. El autor más famoso que pasó por los murales de El 9 fue Mathias Goeritz, que cerró el ciclo de los murales efímeros. El penúltimo mural, que se llamó El cinturón latinoamericano, estuvo a cargo de Juan José Gurrola. El primer mural lo hizo un arquitecto famoso en México que se llama Diego Mathai”, declaró Donnadieu.

Henri Donnadieu fue un anfitrión-provocador. Las puertas de El 9 estuvieron abiertas para toda clase de manifestaciones, aunque estaban cuidadosamente programadas por su principal socio, quien también dio sus propios aportes a los múltiples eventos que ahí se dieron. “El 9 duró 13 años, y operó de lunes a domingo. Tenía que dar día tras día la programación, preparar todo; inclusive abrí una compañía de teatro que se llamó La Kitsch Company, que tuvo mucho éxito. Yo escribía guiones, dirigía. Era demasiado trabajo. Mi lema era: la noche soy yo, y tengo que morir todas las noches para renacer al día siguiente”. Asimismo, este anfitrión se mantuvo informado con el fin de que su lugar permaneciera a la vanguardia: “El 9 se hizo famoso, sobre todo, por la música. Yo viajaba a Londres o Berlín para comprar discos. En Nueva York tenía un estudio, yo iba y venía. Fueron años maravillosos. Para mí, ir a Nueva York era como ir a Monterrey. En la época se ganaba mucho dinero, ahora sería imposible”. Con sus respectivas distancias, El 9 también fabricó, como The Factory de Andy Warhol, otros sucesos culturales que trascendieron la temporalidad de la noche. “El bar publicó dos revistas. Esas revistas son muy importantes hoy en día, porque son históricas. Se llamaron Bajo la regla rota y La pus moderna. Esas revistas marcaron el nacimiento de la cultura en México, y ese ha sido un fenómeno que prosigue hasta hoy en día, encabezado por Guillermo Fadanelli, quien fue hijo de El 9.”

20 años después, Henri Donnadieu volvió con el libro La noche soy yo (Planeta, 2019) y con una nueva versión de El 9, ahora en la calle de Amberes. “Hubo dos jóvenes que me vinieron a buscar, eran sobrinos nietos de mi socio y gran amigo Manolo Fernández y me hicieron una propuesta de reabrir El 9. Me costó mucho trabajo, porque era empezar a dar otra imagen a un lugar en la calle de Amberes. Los primeros meses fueron muy difíciles. Ahora sólo abrimos de miércoles a sábado. Un año después tenemos clientela cada vez más importante, pero tengo que preparar eventos, porque somos muy distintos a los otros lugares, que son de cervezas baratas y donde circula mucha droga. Aquí me llega un público joven y no tan joven: la invitación de El 9 está dirigida a generaciones opuestas porque tiene que ser un punto de fusión generacional. La gente mayor de 40 años es excluida y también se quiere divertir. Pero otra vez se está creando una mezcla interesante, otra vez hay mujeres guapas, otra vez llega mucho hetero, y para mí es lo primordial, que convivamos formando lo que yo llamo una malla de la noche, porque si tienes un solo gueto resulta muy aburrido y no aprendemos de nada. Aunque El 9 de Amberes no tiene la intención de trascender como su antecesor, porque la época ha cambiado mucho: la información ahora está encima de ti, te llega directa.”

Ciertamente, la vida nocturna es otra en la Zona Rosa. Tal vez ya no sea posible el surgimiento de una escena underground, y actualmente los bares gay ya son recomendados en guías de estilo de vida. Pero, ¿por qué permanece la figura de Henri Donnadieu? Mírenlo posar en una de sus sillas-zapatilla: “Este año se han retomado a quienes yo llamo los históricos. A mí me incluyeron y estoy sumamente agradecido, pero siempre recalco que quienes lucharon duro fueron Juan Jacobo Hernández, Fernando Esquivel, Monsiváis, Tito Vasconcelos. Yo tengo mi trinchera, pero no me considero activista como el resto de ellos. La época del sida me tocó de lleno. Perdí a toda mi familia de la vida. De hecho, en el libro, hago un homenaje a quienes consideraba mis hijos de la vida, gente extraordinaria. No me quedó nadie. Las estadísticas que tiene el gobierno por los muertos del SIDA, si bien no sé desde qué año comenzaron a tomarse, no corresponden con la realidad, al igual que no corresponden las cifras del temblor.”

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