23 septiembre, 2014

La maqueta

por Pedro Hernández Martínez | @laperiferia

Hace pocos días, Juan José Millas escribía en El País un breve texto, desarrollado a partir de una fotografía, donde establecía una crítica a ciertas políticas que se han venido dando en España en los últimos años. En la foto aparecían varios políticos españoles con el arquitecto Santiago Calatrava, reunidos frente a una maqueta de edificios blancos y verdes prados mientras dialogan de forma distendida, mientras vislumbraban, con cierto orgullo, su futura visión de lo que iba a ser la Comunidad Valenciana. Millas no se detiene sin embargo en la mera foto, sino que entiende el significado de la misma más allá de lo visible.

Si en un reciente texto, publicado en este mismo blog, preguntaba sobre qué es lo que una maqueta puede hacer, en la medida que posibilita una compresión –miniaturizada– del mundo que nos permite comprenderlo; Juan José Millas propone ahora otra lectura, la de la maqueta asociada a la imagen y la construcción de poder. Desde hace mucho tiempo, arquitectos y políticos –o reyes o mecenas anteriormente– han sabido entender lo que significa salir posando con una maqueta en una fotografía. El modelo arquitectónico permite ver de un vistazo la ciudad deseada, manifestación, en muchos casos, de su imagen ideal del mundo. Como apunta el escritor y periodista español: “En las maquetas no hay huelguistas, ni manifestantes, ni pobres, no hay cacas de perro, no hay viento, jamás llueve, no hace ni frío ni calor. De la maqueta no llegan gritos de contribuyentes indignados preguntando a las autoridades de dónde van a sacar el dinero para la obra faraónica que se proponen perpetrar. En las maquetas, los retretes están siempre limpios y los árboles son de hoja perenne y el agua del estanque es cristalina. La maqueta -continua- inviste de divinidad al poderoso”.

Podemos rastrear con facilidad cómo arquitectos y políticos, de cualquier signo e identidad política, han posado con ella a lo largo de la historia en especial desde la aparición de los medios masivos. Saben que la maqueta es “siempre es una propuesta de futuro, una promesa, un deseo, una representación a escala de una idea que devendrá espacio tangible, real, habitable”. El político –o las estructuras de poder– parecen querer fundarse y sustentarse siempre sobre esa obsesión de la promesa, representada en una obra física –arquitectónica en este caso– pero que queda reducida a mera representación porque algunos políticos –y arquitectos– “trabajan siempre con representaciones, para no ensuciarse las manos”, manteniendo ese estado ideal, soñado, en un momento anterior a la propia arquitectura. Es ahí cuando la representación es incapaz de contener la realidad.

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