3 abril, 2013

La inclusión del Pritzker

por Anaxtu Zabalbeascoa | @anatxuz

Cuando Denise Scott Brown daba clase, con frecuencia no podía participar en las discusiones sobre los planes del departamento en el que trabajaba porque el resto de los docentes, los otros arquitectos, se reunían para hablar en el club de profesores que solo admitía a hombres. Con 81 años, ese pasado lo explica hoy sonriente, con calma, pero sin resignación. Se diría que, todavía, con incredulidad. Scott Brown ha sido una inigualable observadora del mundo y las ciudades. Ha sabido mirar la arquitectura a vista de pájaro entendiendo la relación entre lo construido y lo existente entre lo nuevo y lo viejo, entre lo planificado y la realidad, y luego ha sido capaz de esperar hasta haberse formado una opinión sobre las cosas antes de ponerse a escribir. Acostumbrada a esa exigente gimnasia, Scott Brown ha dicho siempre lo que pensaba. Gustasen o no sus conclusiones. Por eso no acudió a México en 1991, cuando su marido recogió de manos del Presidente Carlos Salinas de Gortari el Premio Pritzker en el Palacio Presidencial de la ciudad de México.

Hace unos días, con el peso de 22 años más y la ligereza de su insaciable curiosidad, llegó, con más de dos décadas de retraso, esta vez sí, a la ciudad de México. Lo hizo para dar una charla en el Congreso Arquine No.14 y para agradecer la edición española de su libro Having Words (Armada de palabras), traducido por Alejandro Hernández Gálvez. Así, en el Museo Tamayo tomó la palabra que con tanta precisión lleva años manejando para recordar que la familia Pritzker era amiga del gran humanista Lewis Mumford, al que ella también conoció y admiró. “Sé que al patriarca Pritzker le interesó la arquitectura a partir de las clases de Mumford. Por eso, a veces he estado tentada en ir a hablar con ellos y pedirles un gesto, una ceremonia sencilla, The Pritzker Inclusion Ceremony, un acto sin grandes dispendios para hacer justicia al trabajo que hice codo con codo con Robert Venturi y que ellos no me reconocieron. Me gustaría vivir ese momento. Me deben no un Premio Pritzker, pero sí una ceremonia, no de rectificación, pero sí de inclusión”, alegó entre aplausos.

Con textos que recorren casi toda su vida profesional, de  los años sesenta hasta 2009, el contenido de Armada de palabras es suficiente prueba del calado del discurso de esta arquitecta pionera que hace unos días puso al comité que concede los premios Pritzker en un brete cuando, tras un discurso de agradecimiento por un nuevo reconocimiento, por parte de The Architect’s Journal en Londres, volvió a recordar su tristeza cuando fue relegada a la posición de “talentosa compañera” de Robert Venturi. La visión, las ideas, la mirada, el trabajo, la constancia, las investigaciones, los escritos, el conocimiento, la contribución y la valentía de Denise Scott Brown fueron seminales, fundamentales, en el trabajo realizado por el estudio Venturi & Scott Brown. La ampliación de la National Gallery de Londres, uno de sus trabajos más discutidos primero y más aclamados después –cuando pasa el tiempo y la arquitectura muestra su verdad– funcionó porque, por encima de agrandar un museo, se convirtió en una parte del corazón londinense atendiendo a la doble escala peatonal y monumental del rincón de Trafalgar Square donde se erigió.

El legado de Scott Brown habla en ese edificio, como lo hace desde las numerosas bibliotecas, facultades y campus universitarios (más de 200 proyectos) en los que Denise Scott Brown, Robert Venturi y sus colaboradores han trabajado a lo largo de medio siglo de dedicación a la arquitectura. El Premio Pritzker demostraría su altura reconociendo la omisión del nombre de Scott Brown en el galardón concedido a Robert Venturi en 1991 y rectificando ese premio para incluirlo ahora. Sólo falta eso, su nombre. El resto: las ideas, la perseverancia, la amplitud de miras y la voluntad de mejorar el mundo con la arquitectura de esta proyectista africana están, ya, en el Pritzker a Robert Venturi.

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