Pabellones y espacio público | APRDELESP y Ambrosi | Etchegaray

¿Por qué es necesario un arquitecto?

Una conversación entre Jorge Ambrosi, Gabriela Etchegaray (Ambrosi | Etchegaray), Guillermo González y Rodrigo Escandón (APRDELESP)

Hasta hace poco, los concursos para proyectos de arquitectura pública en México eran una rareza. Ahora son un tanto más frecuentes, aunque siguen siendo la excepción. Dos concursos recientes, el de la Feria de las Culturas Amigas, que se realiza en el Zócalo de Ciudad de México, y el del Pabellón del Museo Experimental el Eco, en la misma ciudad, fueron convocados con el mismo procedimiento: una primera fase con entrega de portafolios y una segunda con propuestas de los seleccionados —tres en el primer caso, cinco en el del Eco. Conversamos con los ganadores de ambos concursos, Ambrosi + Etchegaray, en el Zócalo, y APRDELESP, en el museo.

Alejandro Hernández Gálvez [AHG]: Intervenir en el Zócalo tiene muchas implicaciones, no sólo por su tamaño, sino por el valor simbólico de ese espacio. ¿Cuáles fueron sus consideraciones principales?

Jorge Ambrosi [JA]: Por un lado está ese peso cultural y hasta político pero, al mismo tiempo, se trata de una estructura efímera, lo que ofrece ciertas libertades para explorar. El Zócalo funciona bien como un espacio vacío. Nuestra propuesta juega con ese vacío: son estructuras que ordenan el espacio. El año pasado, la propuesta de MMX fue un buen ejemplo de cómo dividir la plancha en varios espacios menores. Nosotros seguimos esa misma idea para generar nuevas experiencias en un lugar que hemos visitado innumerables veces.

AHG: En el caso del Museo Experimental el Eco, tal vez el simbolismo no sea tan grande, pero es el edificio ejemplar de lo que Mathias Goeritz llamaba “arquitectura emocional”. ¿Cómo trabajaron en ese caso?

Guillermo González [GG]: Como en cualquier otro espacio. Nos costó quitarnos ese peso, pero lo afrontamos como la condición de hacer algo en un museo.

JA: Para nosotros como arquitectos el espacio es una condición muy importante. Es el vacío donde ocurren eventos, donde circula la vida en sociedad y que tiene muchas connotaciones simbólicas. El Eco es un patio perfectamente delimitado, mientras que el Zócalo, aunque es más difícil dibujar su poligonal, está contenido por edificios. El espacio no está ahí de manera gratuita. Tiene una carga simbólica en la que se tejen las propuestas. Se puede negar, pero incluso negarla es reconocerla. No puedes hacer caso omiso de ella. Es interesante entonces definir los ámbitos de la arquitectura: dónde ejercemos, hacia dónde vamos. Nuestra propuesta es sumamente arquitectónica: estructurada y espacial. La de APRDELESP, por lo que he visto, es más programática: trata de entender cómo se usa el espacio más que saber cómo es.

Rodrigo Escandón [RE]: Nosotros no queremos negar el contexto, sino que ponemos todos los elementos en la misma jerarquía. Nos interesa pensar la barda que separa al patio de la calle, una mesa o el suelo con la misma jerarquía.

GG: No queremos entender el espacio en términos genéricos. Nos interesa entender cómo la información forma parte de lo que estamos haciendo. Por eso no pienso que sea una propuesta programática, pues no buscamos programar el espacio imponiéndonos. Nos interesa una arquitectura donde no todo deba estar a cargo del arquitecto, donde las decisiones que no toma también dan forma a la propuesta. No creemos que las personas tengan que ir a ver el espacio. Eso sería un error. Queremos que lo que ahí suceda sea más importante.

AHG: ¿Estamos ante una visión a la Rossi, en el Zócalo, donde la forma fuerte es más importante que la función y otra, en El Eco, a la Tschumi, donde el evento transforma al espacio donde sucede?

RE: Eso es la forma y siempre está cambiando. Ver las cosas así nos ha obligado a pensar en la parte digital de los espacios. Nuestra propuesta incluye una plataforma en la red donde la gente puede organizar lo que ahí va a suceder. Es una extensión del espacio igual de importante que lo físico. Y hay que evitar caer en la tentación de diseñar también la programación o el evento.

Gabriela Etchegaray [GE]: En nuestro caso, el programa era muy específico y nunca fue una opción cuestionarlo. Más bien, la intención principal fue, dado que fue el primer año en que se hizo el concurso, tratar de entender por qué era necesaria la participación de un arquitecto y no de diseñadores industriales o cualquier otra profesión. Para nosotros tiene que ver con el espacio y la experiencia que brinda. Si nuestra propuesta es formal, dura y clara, es por la intención de, con un solo gesto y una sola materialidad, poder llevar a la gente hasta la feria. Para mí es complejo e incluso contradictorio pensar en que no les interese programar en el caso de El Eco: el césped, la alberca, los objetos, dan a entender que habrá alguna actividad.

GG: Para nosotros se trata de una exploración. Justo es algo de lo que intentamos salir y ya no nos interesa seguir haciendo. En el texto de la propuesta, mencionamos que podríamos prescindir de cualquiera de esos objetos ordinarios. Podrían estar, no estar, ser diferentes o, incluso, la gente podría llevar más. Tampoco queríamos diseñar nosotros esos objetos.

Pedro Hernández [PH]: Sin embargo, creo que siempre se diseña.

AHG: Claro, cuando decides que alguien vaya a comprar una alberca inflable estás diseñando un proceso o una forma de apropiarse el espacio. Pero, ¿cuál es el papel de este arquitecto en relación con la manera de hacer arquitectura?

GG: Coincidimos en que de alguna manera siempre se diseña, pero estamos muy interesados en qué cosas, hasta qué punto o por qué de una u otra manera. Tomamos una posición alejada en relación con un tercero para dejar que él decida. Incluso nuestra forma de trabajar está enfocada de esa forma para que nosotros podamos llegar a tomar nuestras decisiones.

JA: En nuestro caso, el tema de los andamios tenía que ver con el presupuesto, porque no encontrábamos ninguna otra manera —quizás por nuestras capacidades y limitaciones— de hacerlo entrar en costo para la superficie que se estaba requiriendo. Para nosotros es algo que queda descartado por defecto y en lo que teníamos capacidad de intervenir y de cambiar las condiciones lo utilizamos. Nuestras libertades de composición se limitaron a ver qué hacer con esos andamios en términos espaciales y ver qué apariencia le íbamos a dar, que fue el uso de los costales. El cómo lo usamos y cómo tomamos esas decisiones tiene que ver con nuestra comprensión del espacio. Me parece que en la imagen que presentó APRDELESP para el concurso del Museo El Eco, en la simple disposición de los elementos están pensando como arquitectos. ¿Por qué? Porque hay una comprensión del espacio. Puedes darle o no valor, pero es una decisión de diseño hacerlo.

GG: Si en vez de ser la capacidad de una persona que lleva años pensando como arquitecto es otra capacidad, la de un grupo que logra un diálogo intenso entre personas que no son arquitectos, entonces, de pronto, el resultado es la sumatoria. ¿Cómo hacer que cualquier persona, de cualquier especialidad, sea capaz de cambiar lo que piensa un arquitecto? Es algo que nos ha costado mucho trabajo.

AHG: Los dos casos son proyectos ganadores de un concurso, ¿cómo ven esto que está pasando en México donde hay más iniciativas como éstas?

GE: Me parece muy importante que se fomente el que se concursen proyectos que tienen una injerencia en lo público. Es bueno que se pueda escoger la mejor entre varias propuestas. Presentar un portafolio previo sólo es el sustento de que la propuesta ganadora no sólo va a ser una buena idea, sino que quien hace la propuesta tiene cierta experiencia.

GG: A mí lo que me hace ruido es cómo se puede lograr que los concursos no premien ideas. Creo que es más valioso que abran preguntas en vez de que gane alguien. Estos concursos debieran ser una invitación a cuestionar el mismo programa o las estructuras de lo que se plantea. No consideramos que lo que nosotros hicimos es algo que se debía hacer, sino que es un experimento. Nosotros no sabemos ni lo que es el espacio, pero un concurso permite ofrecer cuestionamientos y, en ese sentido, llevarlos al límite para que nos permitan explorar dinámicas de trabajo cada vez más complejas.

AHG: Lo interesante es pensar cómo nos involucra a todos —jurado, cliente, arquitectos que participan— en una toma de decisiones que abre la puertas a otras formas de participación.