1 diciembre, 2018

La cueva

por Arquine | @arquine

 

Nombre del Proyecto: La Cueva
Arquitectos: Abraham Cota Paredes Arquitectos
Página web del despacho: www.cotaparedes.com
Fecha: 2017
Superficie: 390 m2
Ubicación: Zapopan, Jalisco, México
Colaborador: Sergio Iván Chávez Padilla
Fotografía: Arq. Cesar Béjar http://www.cesarbejarstudio.com/


 

La mejor forma de conocer a un arquitecto es conocer sus proyectos, ellos hablan por los arquitectos, los desenmascaran, son un espejo de lo que son cuando la obra es honesta. Hay algo detrás de la cueva que habla de su arquitecto, esa forma de un cubo cerrado que busca ocultarse del mundo, pero mostrando aberturas que exhiben la contradicción, quizás no quiere permanecer apartado del mundo, esas grietas angostas evidencian una característica del hombre, el pequeño anhelo por ser conocidos y amados.

El terreno se ubica dentro de la zona metropolitana de Guadalajara, en uno de muchos condominios privados delimitados por grandes muros, consecuencia de un aumento de la inseguridad en México. Es esta dualidad entre una ciudad caótica y la búsqueda del aislamiento y el refugio, lo que genera una arquitectura introspectiva. Los arquitectos proponen una arquitectura que busca darle una importancia fundamental a la intimidad del usuario, generando una atmosfera que combina el correcto manejo de la luz y la fluidez de los espacios. El proyecto nace de escuchar las necesidades del cliente: dentro del listado de dependencias, un espacio pareció fundamental, un salón de usos múltiples donde pasarían mucho tiempo como familia; lo querían ubicar en un sótano, por lo que surge la idea de introducir un patio a doble altura que le brindase iluminación y ventilación natural.


Esto dio la excusa perfecta para plantar un árbol que le diera el carácter de patio al espacio. En la planta baja, la copa del árbol sube, llenando el vacío generado por la doble altura, extendiendo sus ramas hacia los espacios que lo rodean. Este vacío funciona como un articulador, provocando una relación espacial de manera indirecta entre los ingresos de ambos niveles con la sala comedor, los espacios se pueden ver pero no se tocan. Cuando se ingresa a la casa, ya sea por el sótano o por la planta baja, el árbol te recibe, como un anfitrión que abre sus brazos dándote la bienvenida.

Orientado hacia la parte posterior del terreno se ubica la sala comedor en un espacio a doble altura que se comunica con el vacío del patio del sótano, generando una triple altura seccionada. Orientado hacia el sur, un gran ventanal baña de luz el espacio de las dobles alturas concatenadas.

En el segundo nivel se encuentran las habitaciones de los hijos. Una escalera con un pasamanos macizo le da un carácter escultórico al espacio, que a su vez contiene otra doble altura que relaciona el último nivel de la casa donde se encuentra la habitación principal iluminada a través de un patio. Un ventanal que capta la luz del este, da escape al aire caliente de la casa.

La forma exterior propone un cubo que sienta sobre un basamento de piedra, busca ser lo más cerrado posible pero abriendo las ranuras necesarias para provocar en el espectador un interés por conocer que pasa dentro.

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