24 agosto, 2016

La cueva: pasado, presente y ¿futuro?

por Yolanda Bravo Saldaña

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Historiadores afirman que, en la prehistoria, los seres humanos primitivos, nómadas, recurrieron a habitar las cuevas naturales que encontraban por dos posibles razones: para que funcionaran como viviendas o como lugares para sus actividades rituales. La protección que daba este tipo de espacios (contra las inclemencias del clima o la depredación por parte de animales salvajes) hicieron de esas oquedades sitios ideales para conformar clanes y venerar o enterrar a sus muertos.

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La teoría de que fueron lugares solo para el rito puede comprenderse en algunas cuevas que resguardan pintura mural donde están presentes chamanes y otras figuras que hacen referencia a la cosmogonía ancestral. Cabe decir que, en el caso de México, se han encontrado numerosas cavernas con ofrendas, enterramientos y pintura mural, que subrayan ese carácter ritual. El uso de la cueva como vivienda está aún presente, sobre todo en la arquitectura vernácula de muchos países del mundo. En lugares como España, Italia, Francia, Túnez, Irán, Turquía, Estados Unidos y México, entre otros, familias enteras desarrollan su vida cotidiana en cuevas, ya sea naturales o artificiales, para generar un espacio de dimensiones y escala humanas. Son obras flexibles que se acomodan al terreno y se adaptan a las necesidades de los usuarios.

Numerosos son los ejemplos vernáculos que se podrían presentar. Vale recordar las cuevas de España, en especial en el sur, que tienen sus orígenes en el siglo XIX y que en la actualidad muchos buscan habitar o conocer como turistas. En los años sesenta se hizo un estudio que mostró que existían 42 provincias españolas con familias,por lo general de pocos recursos, viviendo en cuevas. Estas obras fueron creadas horadando laderas de depresiones del terreno bajo formaciones rocosas, como es el increíble caso de las casas del poblado de Setenil de las bodegas, en Cádiz. Suelen tener pocas habitaciones y destacan por contar con fachadas, por lo general encaladas, con el fin de marcar que no sólo es una cueva, sino que se trata de una casa y, por ende, generar su propia identidad. También son famosas las casas cueva en la zona del Sacromonte, en Granada. Este tipo de viviendas sobresalen por tener un ambiente interior estándar de 18 a 22 grados centígrados todo el año. Algunas han sido renovadas y se ofrecen en renta o venta.

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Turquía también es conocida por las numerosas cuevas habitadas que existen aún en la actualidad. Las más famosas son las de la región de Capadocia, habitadas desde tiempos inmemoriales; algunas de estas unidades enterradas cuentan con varios niveles subterráneos. Existen ciudades enteras con los servicios típicos de una urbe, como la de Derinkuyu, con una profundidad de hasta 85 metros y fundada, a decir de algunas fuentes, por los hititas hacia 1400 a.C. y habitada por diversos grupos a través del tiempo. Este gran refugio secreto contra ataques de otros grupos, tiene más de 15 mil conductos de ventilación y la posibilidad de obtener agua pura a través de diversos pozos.

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La creación de cuevas más allá de lo vernáculo, también está presente en proyectos de notables arquitectos del siglo XX que han encontrado en este tipo de piezas las características idóneas de habitabilidad, aprovechamiento del terreno y sustentabilidad. Entre los numerosos ejemplos recientes de casa-cueva y vivienda subterránea está la realizada por Christian Müller Architects en Vals, Suiza, donde se aprovecha la pendiente existente para generar la obra. Al interior están presentes y controlados todos los aspectos de diseño, habitabilidad y procesos de mecánica de suelos para crear una vivienda resistente. Destaca la terraza desde la cual se tiene una estupenda vista a las colinas boscosas de la zona. También en Suiza se encuentra la obra del arquitecto Peter Vetsch, quien ha realizado una interpretación de la cueva basada en un estudio del ambiente natural con el fin de preservarlo.

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En México varios arquitectos se han acercado a la cueva como fuente de inspiración para sus proyectos. Uno de los primeros en hacerlo fue Carlos Lazo Barreiro, quien en 1945 proyectó una “cueva civilizada” —nombrada así por él— en las Lomas de Chapultepec. Excavó en el terreno para generar una casa subterránea que contaba además con un techo verde, en franca relación con la zona. Otro arquitecto de renombre que hizo su casa en una cavidad, en este caso aprovechando la piedra volcánica de Pedregal, fue Juan O’Gorman; desgraciadamente buena parte de esa obra fue demolida. En los años setenta otro arquitecto ha recreado el mundo de la cueva utilizando un sistema constructivo flexible como lo es el ferrocemento: Javier Senosiain. En algunas de sus obras, como la emblemática Casa orgánica, entrega una dosis de naturaleza en la cual la arquitectura pasa desapercibida por debajo del jardín. Sin duda alguna, la idea de la caverna o de la construcción subterránea seguirá en la mente de muchos constructores en el futuro pues ese manto primigenio que la cubre hace de la cueva un sitio protector por excelencia.

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