6 agosto, 2018

La cuenta larga de la ciudad

por Juan Palomar Verea

Guadalajara, a lo largo de sus siglos de desarrollo, ha enfrentado múltiples retos y dificultades: y aquí está ahora, una realidad urbana que logra ser el asiento de millones de habitantes. Con ventajas, aciertos, cualidades; y también con carencias y retos por cumplir. Quizá el principal de ellos sea la inequidad que mantiene a parte de la población con una calidad de vida razonable, y a otra con severas dificultades y requerimientos pendientes.

Los servicios que una urbe debe asegurar a sus habitantes son numerosos y complejos. Con el dramático  aumento de la población durante la segunda mitad del pasado siglo, y con la desproporcionada área en que los asentamientos se diseminaron sobre el territorio tales trabajos se volvieron más complicados y precarios. Al día de hoy los ayuntamientos enfrentan sus obligaciones con graves dificultades. El panorama es a menudo crítico ante una ciudadanía agudamente necesitada de atención.

Ante este estado de cosas, por momentos desalentador, conviene apelar a la memoria histórica que demuestra cómo, ante las más graves dificultades y quebrantos, Guadalajara ha sabido, con todos sus asegunes, salir adelante y propiciar un contexto vital razonable para la generalidad de la ciudad. El desaliento y la confusión no hacen más que profundizar los problemas. De allí que sea indispensable mantener, desde la sociedad civil y desde las autoridades, una conciencia de que, con orden y diligencia, es posible ir solucionando las diversas problemáticas actuales.

Durante todo el transcurso de la urbe, hasta pasada la mitad del siglo pasado, por ilustrar lo anterior, la ciudad se dio a sí misma criterios y normativas que aseguraron un desarrollo urbano armónico y racional. Se dirá que la mancha urbana era mucho menor y la población más reducida. Reflexionando, es de tomar en cuenta que, al igual que ahora, la problemática era entonces nueva, y era necesario por lo tanto encontrar soluciones inéditas para ella.

Aprender del pasado es un rasgo esencial para comprender la realidad actual y encontrar alternativas. La planeación urbana tapatía se ha enfrentado, en las últimas décadas con un fenómeno inédito que ha afectado profundamente su desenvolvimiento: la dispersión urbana y el desorden inmobiliario de un “desarrollo” basado en el transporte automotor individual. Entre otros factores, el mencionado constituye un motivo central para las dificultades y carencias en la prestación de servicios, para la eficiente movilidad y el consiguiente acceso a infraestructuras y servicios para amplias capas de la población.

En este aspecto, resulta evidente profundizar en las políticas y programas que alienten un adecuado sistema de movilidad colectivo, y el desarrollo de sistemas multimodales que, con la ineludible concientización de la población, establezcan un equilibrio razonable en esta problemática. Y no olvidar que, con visión crítica de los antecedentes históricos y de las posibilidades actuales, es factible avanzar con certeza rumbo a un mejor futuro.

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