30 octubre, 2013

La crítica en la arquitectura como disciplina

por Rafael Milla Acosta

La etimología de la palabra crítica deriva del griego, krinein, que significa separar, dividir, hacer distinción. El verbo criticar comúnmente lo entendemos como una acción encausada hacia lo negativo, sin embargo, el juicio que emite la correcta utilización del verbo, significa discernir o juzgar, en otras palabras, “emitir juicio, ya sea favorable o desfavorablemente”.

La crítica arquitectónica como disciplina ha recibido poca atención a pesar de que existe una gran cantidad de material con el cual trabajar. Probablemente sea porque, como arquitectos al igual que como ciudadanos pobladores de arquitectura, no hemos comprendido la crítica como tal, como una disciplina. Para lograr una cabal comprensión de la crítica es necesario considerarla como un comportamiento, no como un enjuiciamiento, un juicio definitivo. Si se comprende a la arquitectura como una actividad e instrumento generador de un mejor trabajo futuro, escaparemos de los paradigmas y prejuicios que se tienen de la actividad, al pensar que todo estudio crítico presupone amenazas o quejas hacia las obras, o por el contrario, halagos pomposos. Contrario a lo que se piensa, la crítica es una actividad productiva que nos incumbe a todos la mayor parte del tiempo, y no es una exclusiva en el terreno de los conocedores. Su utilidad se centra en la gama de comentarios prometedores, tácticas, e intenciones que logre ofrecer, para el futuro venidero de la arquitectura. Si se diese una mejor atención a la crítica y a su enseñanza, el diseño relacionado con el medio ambiente y la educación de los diseñadores mejoraría considerablemente.

Actualmente los ejemplos más cercanos que existen respecto a la práctica de la crítica se encuentran en las escuelas de arquitectura, donde la crítica es el método principal de enseñanza. Otros los podemos encontrar en artículos de periódicos, revistas profesionales, e historias interpretativas de la arquitectura. En el caso de la academia, las observaciones que los maestros hacen a los alumnos significan la experiencia conocida como “crítica arquitectónica”, que en el futuro, cuando los alumnos se conviertan en profesionistas, tendrán que desempeñar por sí mismos. Esto es, al momento en que el diseñador se propone a sí mismo una solución de diseño. Procesos de crítica semejantes se dan en todos los campos, por ejemplo entre el diseñador y el jefe de oficina, cliente y arquitecto, arquitecto y contratista, entre el diseñador urbano y la Comisión de Diseño Urbano, entre los usuarios del edificio y el propio edificio, entre otros. Las perspectivas que se tienen de la actividad crítica y su resultado, en cada uno de los campos mencionados, son distintas entre ellas, y dependen del beneficio o alcance que ésta produzca.

Para algunos la crítica facilita la comprensión, esto es saber por qué los edificios son como son, quién es el responsable de su construcción, diseño, etc. Los historiadores, en su papel crítico, se han dirigido a esta audiencia. Desde la perspectiva de un arquitecto, es importante la crítica porque sugiere una retroalimentación, con esto logran saber cuánto éxito tuvieron las decisiones que tomaron, para así mejorar sus decisiones futuras. A menudo, la reacción que se tiene ante la crítica es defensiva, debido a que se le considera como un actividad de enjuiciamiento. La comprensión de la crítica como comportamiento genera distintas reacciones ante ella. Para ello es necesario conocer sus métodos e intenciones, los cuales se pueden considerar como tácticas o vehículos para transmitir un contenido significativo. Según Juan Pablo Bonta (1975) el método o proceso de la crítica comienza por medio de la interpretación precanónica, en la que se propusieron diversas interpretaciones, calificadas de tentativas y contradictorias. De lo precanónico, pasamos a lo canónico, lo cual es el resultado de muchas interpretaciones previas, producto de experiencias del edificio. Le sigue la interpretación oficial, la cual parece estar entre lo precanónico y lo canónico, sin embargo, es aceptada por la comunidad como lo canónico. En último término, la interpretación de una obra arquitectónica equivale a considerarla como miembro de una “clase”.

La función del crítico con respecto a la arquitectura es la de separar y hacer distinciones, para lo cual se vale de tendencias inherentes por igual limitadas por su propia concepción de la función crítica. Éstas tendencias las puede hacer notar por medio de adjetivos como “seguro”, “conservador”, “fresco”, entre otros. Sin embargo, no es fácil identificar estas tendencias, al hablar de ellas no podemos limitarnos a las preferencias que muestran tener los críticos, sino que tenemos que distinguir entre las preferencias y  su visión hacia el mundo, esto es, modos fundamentales de considerar los eventos mundiales, los espíritus de las épocas, condiciones sociales, entre otros. Visión tal que se ve reflejada claramente en sus evaluaciones críticas. Una vez reconocida la tendencia o posición del crítico, aquellos que son el objeto de la crítica se libran de la preocupación por el juicio final, o de lo contrario comienzan a reaccionar ante ella. La crítica no es solamente una actividad que niega y que la reacción ante la crítica no tiene que ser únicamente defensiva. Las mismas tendencias se sustentan a la crítica positiva o neutral. Es así como mejor equiparamos a la crítica como un comportamiento.

Una metáfora que nos puede dar una ligera idea del papel que juegan los críticos es la que hizo R. P. Blackmur, “el crítico es una especie de cirujano mágico que opera sin cortar jamás un tejido vivo”. Entendemos al cirujano como un crítico experto en su campo el cual jamás hará una crítica con fundamentos errados, o de algo que resulte acertado en el proyecto; crítica con la cual el paciente, llámese arquitectura, mejorará con el paso del tiempo.

¿De qué se preocupa la crítica?

La crítica se preocupa generalmente de la evaluación, interpretación y descripción. Existen diversas taxonomías las cuales se ocupan de los intereses y preocupaciones más específicas. Estas taxonomías pueden ser interpretados como los métodos que siguen los críticos para realizar sus comentarios. Otro campo que abarca la crítica es la autocrítica, que toma lugar cuando el diseñador o el que toma las decisiones se critica a sí mismo. Con esto, podemos inferir que la autocrítica no necesariamente es un texto o comentario del resultado final, sino que es un constante cuestionamiento durante el proceso de diseño; una serie de preguntas y respuestas que el diseñador tiene consigo mismo al momento de tomar las decisiones, para así lograr un resultado prometedor y sobretodo crítico. El ejemplo de la academia, en específico el diálogo que sostienen maestro y alumno, puede ser el principio del desarrollo de un sujeto autocrítico. Ejercicio que el alumno aprende y desarrolla por sí solo en un su vida profesional.

“Los fines de la crítica deben ser comienzos”, Wayne Attoe afirma que el objetivo principal de la crítica es el comienzo de una mejor arquitectura; que los ejemplos venideros se sustenten en esa crítica anterior para mejorar sus cualidades. La utilidad de la crítica se cumple cuando ésta brinde un enfoque hacia el futuro con el fin de mejorarlo, con el fin de sembrar una enseñanza. Resulta indispensable entonces, entender a la crítica no como un medio para examinar o hacer distinción, sino como una respuesta con un propósito determinado, el de mejorar el futuro arquitectónico que nos depara. 

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