31 mayo, 2012

La ciudad reflejada

por Enrique Márquez | @kiktramp

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El ambiente podría definirse como atmósfera que rodea las circunstancias físicas, naturales y sociales de escenarios: como contenedores de las redes y conexiones interdependientes de la sociedad en un espacio y tiempo determinados.

Hasta el 4 de noviembre se exhibe la obra a gran escala Cloud City del artista argentino Tomás Saraceno en la azotea del Museo de Arte Metropolitano (MET) de Nueva York. Cloud City es una constelación integrada por 16 formas poliédricas interconectadas en la que puede realizarse un recorrido a lo largo de pasillos y escaleras. Estas figuras, aproximadamente del tamaño de un cuarto pequeño, conforman una instalación de acero pulido con materiales translúcidos y reflejantes en todas sus caras.

La obra de Saraceno –antes exhibida como Cloud Cities, y en otro formato, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Hamburger Bahnhof de Berlín– está inspirada en burbujas de jabón y la interacción entre ellas logrando una experiencia completa para el espectador. Con el acceso a la estructura se sugieren nuevas realidades, teniendo una experiencia más allá de lo visual. La instalación mantiene inmerso al público en un juego de reflejos entre el cielo, la cuidad y las personas mismas. Con la construcción de escenarios habitables a través de la interdependencia de una geometría compleja que mezcla arquitectura, arte y ciencia, el artista argentino propone una reflexión sobre las redes de conexión directa.

El concepto futurista de las ciudades flotantes –considerando la posibilidad de que algún día floten sobre las nubes– proyecta nuevas formas de habitar y experimentar el ambiente. Tomás Saraceno plantea un ejercicio de percepción e invita a una reflexión sobre la realidad a través de los reflejos; el uso de la imaginación más allá de las nociones tradicionales de espacio y tiempo. De tal forma, la experiencia nos permite percibir distintas realidades, incluso alterando el sentido de la gravedad: Manhattan y el Central Park de cabeza, colocando el cielo debajo de los pies. La estructura está pensada para que sea habitable, esperando que las interacciones causen efectos inesperados en la misma.

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