3 agosto, 2020

La ciudad: razones para su futuro

por Juan Palomar Verea

 

Es indudable que los tiempos que corren, dominados por la pandemia, vuelven más frágil el tejido mismo de la ciudad, su raíz más profunda: el ánimo y el temple de sus moradores. Conviene entonces recordar la cuenta larga de la urbe, la manera como a lo largo de su historia ha logrado sortear dificultades y amenazas, tribulaciones y otros males.

Conviene en tiempos aciagos hacer el recuento, a pesar de las inéditas circunstancias negativas, de lo que Guadalajara ha construido a lo largo de los siglos. A nadie escapa que las carencias que la segunda ciudad del país son grandes y dolorosas. Sin embargo, una larga corriente de esfuerzos y medidas han ido paulatinamente resolviendo multitud de cuestiones.

Existen, más o menos difusas en el ánimo de la población, una serie de razones para mantener la voluntad firme en que habremos de salir adelante, no sin grandes trabajos, para establecer una nueva normalidad sobre la que podamos seguir construyendo la ciudad. Esto, desde luego, habrá de traer trastornos y mudanzas en los modos de vivir la urbe, en nuestra manera de habitarla, construirla, transitarla.

Es pertinente volver los ojos a ciertas realidades que de tan evidentes a veces adquieren una cierta invisibilidad. ¿Cuál es el patrón de habitabilidad que puede vislumbrarse en un mejor futuro? Quizás éste sea el modelo de la unidad básica que a pesar de todo ha perdurado a través de los siglos: el barrio.

Esta entidad urbana tiene una serie de características esenciales que viene al caso repasar. El barrio es un agrupamiento identificado e identificable en los ámbitos citadinos. Está formado por estrechos lazos, de parentesco, amistad, paisanaje, que logran cohesionar a un grupo urbano y proporcionarle, dentro de una deseable pluralidad, una unidad anímica y funcional. Dentro de estos ámbitos se forma todo un tejido humano que, en los mejores casos, responde eficazmente a retos como el presente.

Dentro de los barrios, frecuentemente se da una carencia histórica de áreas verdes. Puede ser gracias a la red solidaria de vecinos que se propongan en el muy corto plazo alternativas para atender este déficit. Las distancias sociales, de ahora y en adelante, deben poder ser mayores. Para ello es indispensable contar con áreas mucho más amplias de espacios verdes y abiertos. Las propias gestiones de los vecinos, la capacidad de constituirse en actores eficaces ante la autoridad serán determinantes para atender este renglón. Comercios y servicios, que han logrado ir conformando unidades de prevención contra la pandemia también habrán de normalizarse y en adelante tomar carta de plena ciudadanía.

El barrio es capaz de transformarse, adecuarse, adaptarse: volver a él una de las medidas básicas para afrontar este reto y los que en el futuro se presenten.

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