14 diciembre, 2013

La ciudad a lo lejos

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

“La ciudad no siempre fue, no siempre será, tal vez ya no sea”. Esa es la primera frase del libro La ciudad a lo lejos, que reúne varios textos del filósofo francés Jean-Luc Nancy. La ciudad parece un tema inevitable para un filósofo que ha hecho de la comunidad y del estar-unos-con-otros temas centrales de su pensamiento. Para Nancy la ciudad es en principio circulación, intercambio, proyecto y proyección. Nancy plantea que la ciudad es un esquema lógico del cual no es fácil saber cuál es su función —“ya que acumula demasiadas o bien no posee realmente ninguna: es ante todo coexistencia, copresencia y comercio.” Por eso afirma que la ciudad no es el lugar de la comunidad —lo que hace recordar aquella frase de Richard Sennett que afirma que la ciudad es el espacio común de quienes no tenemos nada en común. La ciudad es el lugar de lo social, no de la comunidad: “la comunidad es el fantasma ya «perdido» para siempre de la sociedad, que por definición es urbana o citadina”, dice Nancy.

Esa distinción no se opone necesariamente a la que planteó en su momento Hannah Arendt, para quien lo social no correspondía con lo público de la polis, ya que —como también ha hecho el filósofo italiano Massimo Cacciari— Nancy distingue entre polis y civitas, entre lo político y lo civil así como entre la comunidad y la sociedad. Nancy ordena dos columnas y de un lado coloca la cultura, la comunidad y el mito, mientras del otro pone a la civilización, la sociedad y la lógica.

El primer ensayo — en dos partes escritas con diez años de diferencia— está dedicado a Los Ángeles, para muchos ejemplo exacto de lo que no es o no debe ser una ciudad: dispersa, extendida al punto del aislamiento de sus partes, inconexa, imposible de recorrer si no es en auto —con excepciones como Reyner Banham, que fue para los ángeles lo que Denise Scott Brown y Robert Venturi para Las Vegas. Sin embargo, para Nancy Los Ángeles no niega la lógica de la ciudad sino que, al contrario, la confirma: “la ciudad es primeramente una circulación, es un transporte, un recorrido, una movilidad, una oscilación, una vibración.” En Los Ángeles —como en otras ciudades extremas— la ciudad revela su ser en tanto técnica, cuya verdad, explica Nancy, es “trazar en todos los sentidos pasajes sin vocación final, abrir idas y venidas”.

En el segundo ensayo reunido en esta colección, Imágenes de la ciudad, Nancy viaja desde la escala de la villa hasta la de la zona urbana pasando por el burgo, la gran ciudad o la metrópoli: Babilonia, y vuelve a hablar de la ciudad como técnica. “La lógica de la técnica es una lógica de ausencia de fines determinados y por consiguiente también es una lógica de la indistinción siempre renovada entre los fines y los medios. De esta forma —añade—, la ciudad es por excelencia aquello que por sí mismo vale alternativamente, sino incluso simultáneamente, en tanto fin y en tanto medio.” Esa confusión o, simplemente, fusión entre los fines y los medios le otorga a la ciudad —dice Nancy en el cuarto ensayo del libro— su rasgo distintivo fundamental: estar organizada para sí misma más que para cualquier tarea o función —algo que, como ya había dicho en la introducción al libro, la ciudad acumula en exceso o de lo que carece absolutamente.

9789875001718

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