16 abril, 2013

La casa de Mélnikov

por Ginés Garrido

La vivienda que Konstantín S. Mélnikov se construyó en 1927 en el callejón Krivoarbat de Moscú (…) es de una naturaleza rara, difícil y contradictoria que resume bien el conjunto de la obra desconcertante del arquitecto ruso; (…) contiene simultáneamente el carácter abstracto e icónico del purismo de Le Corbusier, y la identidad eslava de Rusia. (…) Mira al pasado reflejándose en la arquitectura de las iglesias ortodoxas, y al futuro en el diseño de su instalación de calefacción y ventilación. Es genérica en su configuración esencial, dos cilindros calados, y específica en su denominación, la casa del arquitecto. Emplea una tecnología audaz de muros de carga gruesos, horadados y pautados, y forjados ligeros bidireccionales de retículas de vigas de madera paneladas, aún vigente hoy, empleando sistemas de construcción tradicionales. Y con ellos construye una planta verdaderamente libre de estructura e instalaciones y una fachada también libre que le dan una flexibilidad total, pero lo hace de modo paradójico, con espesor en el perímetro y ligereza al interior.

La vivienda, en realidad su construcción se corresponde, más bien, con dos “casas” distintas, la primera de las cuales se encuentra en la planta baja y, la segunda, en las dos plantas superiores. En la planta baja de la vivienda se amontona la mayor parte del programa doméstico sin establecer ninguna relación con las dos plantas superiores, donde se encuentran, en la planta segunda, el dormitorio y el salón, y en la tercera, el estudio del arquitecto. La planta baja agrupa en el cilindro sur, el acceso, el comedor y la cocina, y en el cilindro norte, las dos habitaciones de trabajo de los hijos de la pareja, una habitación que contiene los armarios donde la familia se vestía, el baño, la cabina del inodoro y la habitación de Anna. Para encajar este programa heterogéneo en la figura de los dos cilindros, Mélnikov se vio obligado a emplear geometrías disonantes, a veces radiales a uno de los cilindros, otras veces ortogonales, para permitir espacios más eficaces funcionalmente, produciendo una planta confusa, que no tiene la vida libre y sensual de las plantas más apretadas de las villas de Le Corbusier, ni el carácter holístico de la máquina que defiende Gínzburg en Estilo y época, que había publicado en 1924, como la característica indispensable de una arquitectura moderna y socialista.

En esta planta es donde se produce la vida diaria de la familia, y parecería que las necesidades domésticas y de organización de la vida cotidiana no tuvieran que ver con las geometrías memorables y, por ello, el programa familiar se ajusta con dificultades a la planta circular impuesta por los cilindros. A través de un conducto estrecho y retorcido constituido por la escalera, que se encuentra en una de las charnelas que forman la macla de los dos cilindros, se asciende a la otra “casa”, al “templo del arquitecto”. Y es en estas dos plantas superiores donde se percibe la geometría del cilindro geminado y es en ellas, donde se alojan los espacios representativos. La escalera da acceso, en la planta primera, directamente al estar que está presidido por un ventanal de casi cinco metros de altura abierto al sur. En este espacio es posible percibir la macla de los dos cilindros y como estos organizan el conjunto de la vivienda. (…) es aquí donde la casa de Krivoarbat es un escenario transparente en el que se escenificaría la vida del arquitecto como un creador necesariamente individual que conoce las reglas de un oficio poderoso, como un sacerdote investido directamente por la historia para formalizar un nuevo mundo. Realmente ocurrió así. Mélnikov vivió en esta casa 45 años, desde 1929 hasta su muerte, y allí dibujó proyectos disparatados en los años treinta, que en cierto modo, como un sismógrafo y sin querer, detectaron la inmensa catástrofe humana que devoró la URSS, y después aislado, sin conexión con el exterior, ajeno a su tiempo, repudiado por sus compañeros y las fieras estalinistas, que, a pesar de todo lo respetaron, dibujó solo, sin colaboradores, sin colegas, decenas de proyectos arcaicos a medio camino entre un nacionalismo eslavo redecorado y un clasicismo de códigos alterados. Parecería como si la casa hubiera contenido en ese carácter sagrado, la condición autista que sometió al arquitecto desde que la habitó.

En esta planta primera se encuentra, en el cilindro norte, el dormitorio colectivo. No tenía armarios ni muebles y en él Mélnikov levantó simétricamente tres camas sobre pedestales de estuco pulido, y continuos con la superficie del pavimento de la casa. En el centro, la del matrimonio, y a ambos lados, parcialmente ocultas tras unos tabiques, las camas de Víktor y la de Liudmila, cuyos sueños se verían perturbados inevitablemente por su participación pasiva en la convivencia marital. Una vivienda convencional en aquellos años en Moscú, agrupaba en un solo dormitorio a toda la familia. A la planta tercera se accede a través de un conducto cerrado y opaco que contiene una escalera de caracol. En ella se encuentra el estudio del arquitecto. La escalera establece el vínculo funcional necesario y, a su vez, el tránsito entre dos espacios, el estar en la planta segunda, y el estudio en la superior, que nada tienen que ver y que no establecen entre sí casi ninguna relación, acentuando el carácter dramático de la vivienda. El estudio se ilumina, desde el este, el oeste y el norte, con un fanal de 38 ventanas hexagonales dispuestas simétricamente que producen una visión fragmentada y múltiple, alteran considerablemente la percepción escalar del espacio, cuyo tamaño resulta difícil de cuantificar, y aportan al espacio una luz uniforme y eclesial inesperada, que contrasta con la recibida de modo franco desde el sur, a través del gran ventanal de la sala de estar de la planta inferior. El arquitecto, así, preside la planta segunda, donde encuentra su representación pública, pero en la planta tercera tiene el espacio de mayor misticismo, en el cilindro norte. Desde él se produce el acceso al exterior, mediante una pequeña escalera de madera que permite salir a la cubierta del cilindro sur, una planta más bajo.

La construcción está constituida por una vivienda doméstica, apretada, seguramente incómoda y fría, desordenada en su configuración distributiva, y un “templo” que el arquitecto impone a la casa y a su familia. El exterior no muestra esta dualidad contradictoria, aunque es posible advertir ciertos matices. Los dos cilindros se muestran compactos y unitarios y forman un icono poderoso, esto ocurre en ambos, al sur y al norte, de modo diferente. Al sur, el gran ventanal que preside la sala de estar, está ligado al acceso y a los huecos que iluminan el comedor y el vestíbulo en la planta baja, construyendo un gran lienzo acristalado cuyo frontispicio tiene grabado el nombre del propietario ‘KOHOTAHTИH ΜEЛЬНИKОВ APXИTEKTOP’ [Konstantín Mélnikov Arquitecto]; un desafío al sistema creativo colectivo que se extendía entre las cada vez más grandes oficinas oficiales de arquitectos, que reivindica el carácter individual del trabajo del arquitecto y la vigencia de la familia como unidad esencial de la estructura social.

La geometría esencial de la casa se muestra, sobre todo, en el cilindro norte, en el que 59 huecos hexagonales, aunque con pequeñas irregularidades, forman una composición, que es un eco de doble simetría rudimentaria de la casa. Este cilindro norte es completamente abstracto, no tiene significados añadidos y es una consecuencia directa del ingenioso sistema constructivo con el que se levantó la casa. Los huecos ordenados en cinco líneas horizontales impiden apreciar el tamaño de la construcción, alterando la percepción de su escala, y la repetición sistemática del hexágono no desvela el uso que tienen los recintos que iluminan. La fachada se comporta como una piel portante y totalmente isótropa que no determina en absoluto el uso, la planta, ni la sección del espacio que contiene. Esta condición genérica se fortalece con la disposición en planta de las instalaciones, que recorren la construcción en vertical por las charnelas de los dos cilindros, y por la estructura portante, situada exclusivamente en el muro perimetral, dejando completamente libre las plantas.

Mélnikov construye una extraña versión de planta libre y fachada libre, que tiene una vigencia quizá mayor que otras versiones más canónicas. Y, al tiempo, propone una sección libre que explota en su interior con espacios comprimidos de una sola altura y otros dilatados en las dobles alturas, ya que el ritmo de los huecos no determina la posición de los forjados y el escalonamiento del aparejo de ladrillo permite el apoyo de los forjados de madera a cualquier altura. Mélnikov encontró un punto de contacto entre la tradición arquitectónica arcaica y llena de sentido constructivo de las iglesias ortodoxas y las fortalezas rusas, y las geometrías abstractas de la vanguardia. Y fue capaz de levantar una construcción memorable e intemporal, y lo pudo hacer porque miraba de soslayo a sus compañeros, un poco como un voyeur, al tiempo que fijaba su atención en los espacios dorados y recogidos de la arquitectura eslava religiosa que conocía bien.

*Sobre la conservación del patrimonio de Konstantín Mélnikov

Recientemente, con motivo del riesgo estructural y de conservación que sufre la casa y la cercanía al 40 aniversario de la muerte de Konstantín Mélnikov, diversas personalidades del mundo de la arquitectura como Kenneth Frampton, Peter Eisenman, Steven Holl, Rem Koolhaas, Fumihiko Maki, Bernard Tschumi, Alvaro Siza, Ginés Garrido o Juhani Pallasmaa firmaron una carta donde solicitaban a las autoridades competentes «que la casa de Mélnikov se restaure y se mantenga como un museo abierto al público y se compense de modo justo a la familia de Mélnikov por sus esfuerzos para conservarla durante los cuarenta años que han transcurrido desde la muerte del arquitecto», buscando al tiempo que «todo el contenido de los archivos que se encuentran en Rusia relacionados con Mélnikov se conserve adecuadamente en un único lugar, preferiblemente en un museo adjunto a la casa, donde pueda ser consultado por arquitectos y estudiosos».

 

 

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