15 diciembre, 2021

La búsqueda de un todo arquitectónico

por Jesús Tovar

 

La ciudad de Torreón ha tenido un crecimiento urbano arbitrario y poco ordenado en algo más de 100 años. No nos hemos acostumbrado mucho al orden y al respeto de la ley, pero la ciudad apenas comienza a madurar. Aunque estamos en pañales, como coloquialmente se dice, los laguneros empezamos a ser más conscientes de la importancia de respetar un Plan de Desarrollo Urbano. Lo ideal es que se respetara al pie de la letra y sin excepciones, pero tendríamos que terminar con la corrupción. Torreón no es excepción a la regla, padece de los mismos problemas urbanos de las ciudades del resto de México.

Cuando hablamos de ciudad siempre hay una dicotomía. La ciudad que es y la ciudad que debería de ser. Por lo tanto, hay dos Torreones. Uno en el que vivimos y otro en el que quisiéramos vivir. Me enfocaré en imaginar el segundo conforme a lo propondría como arquitecto y urbanista con la esperanza de que alguien importante lo tome en cuenta y lo ponga en obra.

Se necesita un arquitecto de ciudad capaz de coordinar los esfuerzos del Plan de Desarrollo Urbano. Un arquitecto que sienta suya la ciudad y la trabaje con proyectos viables, cuidando su integridad y su identidad. Con el catálogo de edificios históricos que ya se tiene respetarlos al máximo antes de intervenirlos con inteligencia. Es necesario el estudio profundo y la aplicación de los principios de las ciudades que tiene las mismas condiciones y características que la nuestra. Existen muchos ejemplos en los desiertos de Sonora, de Chihuahua, de Arizona y en el resto del mundo. Uno de mis favoritos es el caso de Shibam, en Yemen, la llamada Manhattan del desierto. Ahí tenemos toda una escuela de Arquitectura pasiva y de tierra por investigar. Nuestra arquitectura y nuestro urbanismo deberían de abrevar de esas fuentes y no tratar de inventar el hilo negro que ya fue inventado en otros sitios.

El Torreón antiguo se ha venido destruyendo con una serie de remodelaciones muy desafortunadas así que pronto nos quedaremos sin la poca historia que tenemos. Lo anterior debido a que muchos contratistas e incluso arquitectos sin la debida preparación en el campo de la restauración, amputan y modifican obras a diestra y siniestra. La mayoría de estas modificaciones han dejado las edificaciones peor de cómo se encontraban en un principio. Estas “remodelaciones” han sido cirugías plásticas mal hechas en una paciente que es muy bella.

Se debería de estar construyendo un Torreón contemporáneo respetando al mismo tiempo el Torreón antiguo, pero se pretende “modernizar” todo con muy poco talento y por meros intereses comerciales. Nuestra visión debe de ir más allá de eso. Además, es necesario que los encargados de estas obras sean realmente profesionales (y no me refiero a que cuenten con un título profesional, aunque sería muy deseable) y con sentido común.  El gremio de arquitectos laguneros carece de obras importantes. ¿Cómo promover la cultura del respeto por nuestro pasado? ¿Cómo poner la arquitectura y al urbanismo en un lugar preponderante de la sociedad? ¿Cómo hacer que los mejores arquitectos con los que contamos impacten la ciudad?

Por otro lado, tenemos un enorme déficit de áreas verdes en la ciudad. Habría que privilegiar la presencia de mayor cantidad de flora endémica de la región. Propongo la creación de jardines secos de calidad que tengan como referencia los jardines zen del Japón, pero adecuados a nuestra realidad y a nuestro entorno. Mezclar vegetaciones verdes y secas (en un 80% y un 20% respectivamente) para promover la reconciliación con el desierto. También es recomendable contar con una fauna endémica controlada dentro y fuera de la ciudad para el goce frecuente de sus habitantes. Todo lo anterior redundaría en muchísimos beneficios para los torreonenses.

Cambios de paradigma como la importancia definitiva del peatón sobre el automóvil, reducir el valor del automóvil en pos del uso de un transporte público digno, reducir la cantidad de asfalto y el concreto para sustituirlas por superficies más humanas, poblar la ciudad con vegetación introducida (siempre como segunda opción), privilegiar la belleza arquitectónica y urbana de la ciudad, rescatar todas sus obras con valor arquitectónico y urbano que están en completo abandono, promover el sentido de pertenencia y de ciudadanía en todos sus habitantes, revalorar el papel del arquitecto y del urbanista, promover la cultura arquitectónica y la cultura urbana, crear más espacios comunitarios de primer nivel que sean más democráticos, aprovechar al máximo las cualidades de cada rincón disponible, resaltar los símbolos de identidad de la ciudad, estudiar y aplicar las prácticas de las mejores ciudades, traer el agua para que vuelva a vivir entre nosotros, compactar la ciudad y prohibir su expansión, crear más espacios sombreados, promover el uso de azoteas verdes, fomentar el uso de la arquitectura pasiva (en lo posible), promover el uso del adobe, entre muchos otros temas específicos. Los ciudadanos también deben apoyar estos cambios y no esperarlos.

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