23 septiembre, 2019

La biología de lo virtual

por Christian Mendoza

Inmersiva

¿Cuáles son las implicaciones ecológicas de la realidad virtual? ¿Cómo la especulación ficcional parte de las tecnologías de proyección arquitectónica? ¿La visualización de datos puede tener un impacto en la proyección del espacio? Del 26 al 29 de septiembre, el Centro de Cultura Digital albergará la segunda edición del Festival Inmersiva que, bajo el lema “Otros sentidos, otras realidades”, propondrá una reflexión sobre los usos de la tecnología, aunque la noción de generar experiencias se expande en el programa del evento. Lo que, en palabras del cofundador y director Ary Ehrenberg, busca la inmersión se trabaja desde la tecnología pero también desde la fenomenología y la percepción biológica del entorno.

“La realidad virtual es parte de Inmersiva, y la realidad virtual es una tecnología y una de las herramientas que estamos usando, la cual nos apoya muchísimo para sumergirnos a otros entornos. Son tecnologías de la simulación. En la realidad virtual lo hacemos sobre todo con imagen y con sonido: la hegemonía de lo visual. En otros términos, el oculocentrismo. Estamos casi seguros en que todo tiene que partir de la visión. Y eso es algo que la realidad virtual sigue promoviendo. Por lo que creo que hay que verlo en condiciones más actuales: la realidad virtual ya llegó a nuestras manos. Ya la tenemos en nuestros teléfonos. Podemos, con un pedazo de cartón y unos lenticulares construir un visor RV o de video 360º. Cada formato es diferente, y tiene diferentes aplicaciones. La realidad virtual, a la que le llamamos así, es porque hay un nivel de interacción, pero sigue estando anclada a los procesos de simular la imagen y el sonido”, dijo Ehernberg en entrevista para Arquine.

“Estas tecnologías de simulación que tenemos al alcance de nuestras manos nos pueden dar la oportunidad de sumergirnos en otros entornos, pero no es la única manera. Tenemos la realidad aumentada, otro término bastante robusto, y que ahora lo entendemos como una yuxtaposición mediada por un dispositivo sobre la realidad objetiva o consensuada. Pero la realidad aumentada puede apreciarse de muchas otras maneras, y deriva de otro término que se llama realidad mixta. La realidad aumentada puede ser hasta las prótesis. Imagínate si empezamos ya, como cyborgs, a intervenirnos quirúrgicamente y empezamos a ser más biónicos. Nuestras sensibilidades cambiarán y aumentaremos quizás nuestra percepción. Sin embargo, ya hay tecnologías que nos permiten ver en infrarrojo y escuchar lo ultrasónico. Me parece que es un momento de cuestionar la realidad virtual. Sí, utilizarla pero en pro de su misma crítica”. 

La artista y arquitecta Malitzin Cortés mostrará la pieza Hyper_D, obra que relaciona a la imagen arquitectónica con un escenario ficcional sobre el futuro de las ciudades. “Para mi pieza, me enfoqué en la visualización de datos. Estaba basándome mucho en la fenomenología de Juhani Pallasma, y su conceptos sobre los ojos de la piel. Son ideas para habitar el espacio de maneras muy distintas a las que conocemos. Esto se cruzó con una investigación sobre los hiperobjetos, concepto que explica cómo es muy difícil que veamos la masividad de información, como la contaminación, la cantidad del daño de la capa de ozono, conceptos que son tan grandes que es muy difícil poder cuantificarlos en la imaginación y en los hechos. Otro ejemplo es la cantidad de plástico que hay en el mundo. Sabemos que hay una isla de plástico y que estamos en un borde incierto respecto a la ecología. Y aún así, es muy complicado dimensionar eso. Esa es mi inspiración para hacer la pieza, además de que es mi primera experiencia con la realidad virtual. Fue en la realidad virtual donde encontré el lenguaje para poder decir esto, porque la realidad virtual es una representación 1:1. La pieza propone estar dentro de una maqueta sobre una realidad que se avecina. Mi idea era reflexionar sobre qué podemos hacer para no estar ahí, aunque hay cosas que ya están pasando. Todo lo que está representando en este espacio que se proyectó para lentes RV se basa en las casas-ataúd de Hong Kong o en los fenómenos de hacinamiento en Ciudad Nezahualcóyotl o en Rusia. Pero la pieza es futurista. Parte de cosas reales, como el vivir en una superurbe muy poblada, pero aparecen condiciones climáticas que ya confinan al usuario a un espacio, y donde los hábitos de consumo cambian. En la realidad de la pieza ya no es tan fácil salir a la tienda a comprar comida; aquí ahora tienes que cultivar tus propios alimentos porque ya no es tan fácil conseguirlos afuera. La pequeña arquitectura que hay en este espacio en realidad virtual se conforma de un imaginario de cómo sería vivir en ese mundo en el que ya el contexto urbano está ya tan saturado que estás obligado a vivir de esa manera. La ciudad en esta pieza está meramente en una ventana. No se puede acceder a ella pero sí se puede imaginar cómo es a la distancia. Es como estar adentro de un videojuego, aunque estéticamente, procuré dirigirme por un lenguaje más realista: texturas más realistas. Traté de disfrazar esta pátina digital que per se ya tiene la realidad virtual. La ciudad juega un papel del monstruo que está allá afuera. Ya que vengan las personas a ver la pieza, se darán cuenta que en algún momento tendrán que salir a enfrentar ese monstruo”. 

La animación es una de las vías para la pieza de Adrián Regnier, quien aborda la conceptualización de las fronteras y los muros que las pueden conformar. “Mi pieza se titula Terrestre – Armonía conversa para el desfase continental, y es un trabajo de animación experimental para realidad virtual. Sin embargo, a través del apoyo del Laboratorio de Inmersión, se desdobló en su sentido lógico. En Inmersiva II podremos disfrutar su manifestación en novela gráfica, y en la bitácora de artista, que para mí es un nodo central en todo el proceso. La pieza tendrá también un emplazamiento en una instalación ludotécnica en la que se activarán los principios que rigen al proyecto. Terrestre es una prolongación de mi trabajo de hace 10 años generando animación experimental de autor, y con mi producción para realidad virtual que llevo haciendo desde 2015. Es una pieza caprichosa, de 10 minutos de duración, en la que quise experimentar con un formato de visionado reclinado, con el que se activan muchas de las tónicas sensibles y conceptuales del proyecto. En su fundamento, Terrestre es una gran épica sobre los sistemas simbólicos de medición humana, desde los números hasta las palabras, y cómo estos sistemas nos brindaron a los humanos herramientas para generar límites, fronteras. Haciendo alusión a su nombre, Terrestre es una historia de los bordes continentales, de cómo sus figuras abstractas empiezan de manera concreta con los sistemas métricos (milímetros y centímetros). Es un ecosistema donde estamos observando principios rectores muy básicos, con los que eventualmente se construyen fronteras o muros. 

El lenguaje visual que permite la realidad virtual, ¿de qué manera amplía las alternativas de las artes visuales? Malitzin parte de las técnicas proyectuales de la arquitectura para abordar el sonido, elemento que termina moldear el universo de Hyper_D. “Soy arquitecta y también soy músico. Pensé que tal vez mi aproximación a la pieza podía ser por el sonido, mediante una instalación sonora. Y surgió la oportunidad en el laboratorio de hacer con unity, y el bagaje del modelado ya lo tenía de mi formación de arquitecta. Es muy curioso porque, aunque utilizo lentes RV, esta pieza en específico no tiene sentido sin el sonido. Por dentro de la pieza, el sonido, además de los visores y la escala, es el recurso más cinematográfico. Creo que, incluso sin los lentes, podrías entender la pieza sólo por el sonido. En el sonido se puede apreciar la narrativa de lo que está pasando en esa ciudad: hay noticias, una Alexa que te dice lo que está pasando en dónde estás, hay sonidos incidentales y ambientales. Creo que el visionado en realidad virtual potencia demasiado esas cualidades de poder sentir una escala sin estar en el espacio, de poder tener los lentes y estar en un patio pero experimentar a través de los lentes el confinamiento de un espacio, o bien, ver una ciudad enorme. Pero sin el sonido no sería nada. Como en el cine, que no es nada sin un diseño sonoro contundente”.

 

Los flujos de la imagen 

Para Malitzin Cortés, la afluencia de las imágenes dada por la aparición de la tecnología en nuestra vida cotidiana no es tan diversa como pareciera. Dirigida por tendencias y modas, también termina imponiendo modos de ver. “Las imágenes ya son tan accesibles, que cualquier persona puede hacer mil cosas con esas herramientas. La crítica está en qué vas a hacer con ese poder. Lo que está pasando ahora nos orilla a preguntarnos hasta dónde va a llegar esto. Puedes tener el poder pero qué es lo que estás diciendo con ese poder. ¿Qué son las imágenes más populares en internet, o cuál es la música que ahora es la hegemonía? Creo que ahora hay un desbalance extremo entre lo que podemos hacer y lo que está sucediendo a nivel de creatividad como mercado. Me queda claro que hay círculos que están planteando preguntas pertinentes, hay artistas que enuncian mucha crítica, y que en México las escenas que están utilizando tecnología son increíblemente nutridas y tiene discursos importantes, pero es una cosa muy pequeña que mucha gente no sabe que existe. Pero lo que está de moda, lo que todo el mundo consume, es otra cosa que también es producto de la tecnología, pero que es muy cuestionable qué es lo que nos está dando como seres humanos”. Adrián Regnier, desde otro ángulo, menciona se acerca a los mundos ideales del platonismo, y que por eso se le debe cuestionar. “Yo siempre uso la alegoría de que así como múltiples países colonizaron sus respectivos momentos de choque entre civilizaciones, la tecnología nos brinda nuevas dimensiones que obviamente se van a poblar de nuevos seres y de regiones, tan abstractas como ahora nos pueden parecer. Como dice Malitzin, la invasión de contenidos no necesariamente nos vuelven seres críticos o productivos, y se vuelve una colonización compleja de describir. Para mí la tecnología es uno de los campos más claros del idealismo, ahí podemos ver los símbolos y los procesos. Puedes abstraer un problema en operaciones. Pero cuando asciendes a este topus uranus, ¿cómo regresar de él? ¿Con formas crípticas, con maneras efectivas, o lo contrario? 

 

 

La especulación climática

Si una de las aristas de Inmersiva es reflexionar sobre la percepción biológica de los entornos, ¿cómo responden ante el tema ineludible de la crisis climática mediante la tensión entre lo natural y lo artificial. Para Malitzin Cortés, la naturaleza puede operar como un dispositivo de mercado.  “Timothy Morton, que es uno de los autores que he estado investigando para desarrollar esta pieza, plantea cómo puede existir la ecología sin naturaleza: cómo puede existir un pensamiento ecológico cuando yo hay nada que proteger o preservar. Yo misma me cuestiono esto todo el tiempo. Creo que tenemos una idea de la naturaleza bastante rara, la pensamos como un producto del capitalismo. Es muy difícil salir de esas ideas tan implantadas y realmente darte cuenta de qué es lo natural. Lo natural puede ser el color verde en un producto, o una bolsa de papel ecológico en donde ponen lo que compraste. Todas esas cosas son finalmente técnicas de mercado para poder venderte algo en esta crisis, porque también la crisis se aprovecha para el consumo. Estos factores están parcialmente contenidos en la pieza a la manera de arquitectura especulativa. Si pudiera definir para qué utilicé la realidad virtual, fue para especular sobre un espacio donde la naturaleza como la conocemos ahora ya no existe. No quiero ser fatalista, pero sí tratar de decir que no importa lo que viste sino que, cuando terminas de interactuar con la pieza, en dónde te encuentras ahora. Sales y ves el sol, sales y hay árboles, sales y hay todavía muchas oportunidades, ¿pero qué vamos a hacer al respecto? Esa es una pregunta abierta que cada quién la contestará como sea, pero la pieza trata en su propia especulación dirigir la mirada al presente”. 

Ary Eherenberg insiste en cómo la tecnología puede ir en detrimento no sólo de los usos de ciertos dispositivos, sino también del medio ambiente. “La tecnología es natural, también. Hasta la basura es natural, sólo que está transformada de una manera incorrecta, por lo que se convierte en basura. Pero tarde o temprano volverá a la tierra. Pero hay que estar muy conscientes de cómo usamos todo lo que está a nuestro alcance; a cambiar más nuestros hábitos y a cambiar el uso que hacemos de la tecnología, entender para qué sirve. Por todo lo que se convierte en trend, empezamos a copiar flujos y patrones y nos volvemos a perder en este interfasentrismo. Somos analfabetas de nuestro propio entorno. Si te avientan al campo, te mueres, porque no tienes las herramientas para leer el entorno. Nos movemos en ciudades, ¿pero hacia dónde van las ciudades si no sabemos leerlas? También debemos entender que todo lo que hacemos es desde nuestro antropocentrismo, desde nuestra limitación biológica: es nuestra configuración de la realidad. Pero eso puede totalmente especulativo. ¿Qué es lo objetivo? Si seguimos en esta tendencia destructiva, lo único que vamos a hacer es que nos destruiremos nosotros. Aunque muchos autores mencionan que ni siquiera estamos cerca de la extinción masiva. Estamos afectando al planeta, acelerando procesos naturales, que sólo nos están afectando a nosotros como seres humano. En el camino nos llevaremos a varias especies, pero seremos nosotros los principales afectados. Pero, de nuevo, ¿qué es ecología? La cibernética de tercer orden propone cómo podemos entender a la ecología dentro de ella misma, no como un objeto aparte: no como una comodity, no como un proceso de extracción de algo, no para tener una producción mercantil para estar más cómodos”. 

Sin embargo, Adrián Regnier sospecha que la humanidad sea la que determine de una manera definitiva la crisis climática actual, aunque sí puede complejizarla más allá del fatalismo. “No creo que sea bueno caer en este Síndrome de Estocolmo y creer que nosotros somos el antropoceno. Tan cristalizado  está nuestro ego que nos consideramos una era. En ese respecto, creo que el arte plantea preguntas importantes, muchas de las cuales tiene su valor para mí en momentos tan críticos como en el que nos encontramos. Incluso, llama la atención en las disonancias cognitivas que a  veces tenemos. Fraccionar y pensar que nosotros somos o el problema o la solución, y no un todo alternante, a veces nos hace incurrir en cosas que nos hacen volver al miasma y la confusión. Para resolver un problema hay que definirlo, y hay que identificarse también en ese discurso”.

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