20 noviembre, 2018

Karl Lagerfeld y el mito moderno

por Carolina Haaz

Karl Lagerfeld no es escultor. “Soy totalmente improvisado, improviso”, dice en un video que circula por internet a propósito de Architectures, su primera exposición de piezas de diseño, mobiliario o “esculturas funcionales”, según se vea, que tiene lugar en la Carpenters Workshop Gallery Paris hasta el 23 de diciembre. 

Mesas, fuentes, espejos, lámparas y piezas decorativas fueron labradas por un equipo de artesanos italianos para alcanzar la perfección: la belleza ideal de la antigua Grecia. El proyecto creado en colaboración con el arquitecto Aline Asmar d’Amman sostiene la atemporalidad de una época fundamental para las artes y la construcción, sin dejar de lado acentos funcionales de la modernidad. Como todo lo que toca el diseñador, la colección está atravesada por el blanco, el negro y un aire elevado de exclusividad: sólo se produjeron ocho piezas y cuatro duplicados, resultado del rigor bajo los ideales de proporción áurea. Talladas en mármol Arabescato Fantastico y Nero Marquina, las piezas evocan una sensación de in-betweenness o intermedialidad que destaca por las venas grises que difuminan los límites entre los colores antagónicos que ya son parte del mito que constituye el propio Lagerfeld.

Curiosamente, su obsesión por los preceptos de la Grecia antigua ya se dejaban ver en la reciente entrega para Chanel, resort 2018, una colección deliberadamente influida por la vestimenta de las mujeres romanas de dicha época, donde el escenario estaba integrado por pretendidas ruinas griegas. El paisaje, también, era una escultura nostálgica conformada por filas  de columnas de orden dórico, que en la historia del arte han sido asociadas con divinidades masculinas, mismo gesto formal que está presente en los objetos escultóricos de Architectures. 

Fuerza, pulcritud, perfección, elegancia son los ejes de la incansable búsqueda de Lagerfeld por la belleza. El hombre de cabellos empolvados ha perseguido el ideal desde todo tipo de espejos —¿o espejismos?— sobre el presente, como misiones espaciales, supermercados abarrotados de mujeres ociosas, la protesta (a)política y hasta un idílico paisaje cubano en medio de la coyuntura ideológica. Las prendas y también sus piezas de diseño son efímeros, limitados, temporales, pero la mirada detrás de sus gafas oscuras está claramente interesada por lo trascendente. En una entrevista a propósito de la colección de Chanel mencionada, confirma esta sospecha: “La Antigua Grecia aún sostiene la verdad. No han existido representaciones más bellas de las mujeres o columnas más hermosas que las de entonces”. A su defensa, quizá sea cierto que no hay nada más moderno que la antigüedad.

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