1 septiembre, 2020

Juego

por Arquine | @arquine

 

 

El cartógrafo y artista Denis Wood escribió un ensayo titulado “Free the children! Down with playgrounds!”. Empieza contando una anécdota. En una reunión de un comité de diseño, un padre consultado sugirió: “sólo pongan una cerca, los niños encontrarán algo que hacer adentro.” A partir de dicha anécdota, Wood define un playground como “un lugar creado y a veces supervisado por adultos para que jueguen niños y niñas”. Si pensamos al playground como una colección de juguetes en el espacio —o un espacio-juguete— podemos entender que lo planteado por Wood se acerca a lo que explicó el sociólogo y antropólogo Jean Duvignaud en su libro El juego del juego. Para Duvignaud, la intención disfrazada del juguete es el control del niño por parte del adulto. “La crítica del juguete”, dice, “es la manipulación destructora que le impone el niño”. Así, aparta al juguete de su función “y lo restituye a la indeterminación de las cosas inútiles”. Duvignaud explica que por inutilidad entiende algo cuya finalidad objetiva no define y no justifica su manifestación, y coincide con Wood al hablar de los terrenos baldíos como el espacio propicio para el juego, apropiado por el juego. Para Wood, espacios como los terrenos baldíos permiten, al mismo tiempo, separar a niños y jóvenes de los adultos sin segregarlos de la vida de la ciudad. Los cientos de playgrounds diseñados por Aldo van Eyck entre 1947 y 1978 son un ejemplo de espacios destinados al juego pero no cercados y de los que quizá ni siquiera se pueda afirmar que están abiertos a la ciudad pues son parte integral de la misma. Para van Eyck, quien afirmó que una ciudad que no funciona para los niños simplemente no funciona, el espacio de juego infantil y juvenil se sobrepone al espacio urbano y puede idealmente transformar a toda la ciudad en un sitio seguro que invita a la interacción de todos quienes la habitan, no sólo de las personas menores de edad. En esta sección de la revista, invitamos a diversas oficinas de arquitectura que, o bien han diseñado espacios dedicados al juego, o utilizan en sus métodos de diseño prácticas lúdicas para tratar de entender, primero, cuál es la relación entre el espacio de juego pensado como uno libre e indeterminado y la supuesta necesidad del diseño de establecer reglas o estándares al trabajar. También, si de acuerdo a Duvignaud y Wood, entre otros, el terreno baldío es el modelo del espacio de juego en la ciudad, nos preguntamos cómo podemos imaginar que el diseño ayude a implementar el potencial de esos espacios manteniendo, al mismo tiempo, cierta indeterminación. Por último, nos interesa entender cómo ha incidido en su práctica el trabajar a partir de la idea de juego.

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