15 agosto, 2017
por Arquine
Los enormes espacios abiertos tanto en el primer nivel, denominado “el sótano”, como en el tercer nivel, al aire libre, y en el nivel intermedio, cubierto de una piel de cristal, proporcionan luz y sombras atemporales que dan como resultado una atmósfera de tranquilidad y sencillez, fundamental en el argumento de este edificio que hará las funciones de centro cultural de la institución.
Una rampa exterior, cuyo sentido ascendente simboliza el eterno deseo humano de desentrañar el conocimiento inmemorial de la vida, transporta a los usuarios a los diferentes espacios. Primero, una bóveda que contendrá un importante equipo de cómputo para uso de la comunidad estudiantil; en seguida, en el cuerpo propiamente dicho de la construcción, un área especialmente diseñada que resguardará la riqueza del acervo donado por Vladimir Kaspé y será el escenario perfecto para la recepción de conferencias a distancia con países de todo el mundo; finalmente, en el último nivel, una rampa desde la cual, a través de una delicada caja de vidrio, se accede a un espacio amplio y singular que podría ser destinado a la exhibición de exposiciones de arte, como fotografía o escultura, o bien, por su disposición al movimiento y su flexibilidad, a diversas prácticas inherentes a la educación y la cultura.