4 octubre, 2015
por Marco Barrera-Bassols
Arquitecto, restaurador, museólogo, museógrafo y maestro.
Para Iker Larrauri Jorge fue, en su momento, el mejor diseñador de museos del mundo. Teresa Márquez describe así sus destrezas: “su capacidad para estructurar espacios, ensartar ideas, conceptos y múltiples riquezas terrenales y humanas, le permitía trazar, de forma envidiable, microcosmos armónicos y sorprendentes para cada tema que tratase; el resultado eran sinfonías de una gran armonía”. Efectivamente, algunas de sus obras han pasado la prueba del tiempo y con 20 o 30 años siguen siendo de una gran frescura y elegancia. A la pregunta de qué hace a un museógrafo ser de la talla de Agostoni, Larrauri responde que se trataba de un hombre inmensamente culto.
Habiendo estudiado en México y en Italia, sus referentes mas claros provenían de figuras como la de Carlos Scarpa, en particular por su obra en el museo del Castellvechio –o los proyectos museográficos de Charles y Ray Eames– y del pensamiento de la museología etnográfica en voz de Mario Alberto Cirese, quien planteaba que la museografía es un metalenguaje que sirve para evidenciar lo que los objetos por sí mismos no son capaces de mostrar: las relaciones humanas o las que establece el hombre como parte de la naturaleza o las existentes en el Universo o en la naturaleza misma.
El manejo claro y preciso del espacio y la narrativa que lograba en los discursos museográficos sólo eran posibles por su labor de director de orquesta y, al respecto, Víctor Márquez afirma: “Jorge sabía obtener lo mejor de todos con quienes colaboraba” y a quienes les daba en todo momento el crédito debido. La lista de colaboradores es enorme.
Para Jorge Agostoni no había imposibles. Con elegancia, buen gusto, dedicación y profesionalismo, no sólo fue uno de los pilares de la museografía mexicana, sino que su trabajo lo llevó a dejar huella en el camino de su profesionalización y tuvo la oportunidad de diseñar a nivel internacional y de lograr, por primera vez, una Medalla de Plata y menciones de honor en las IV, VII y VIII y XIX bienales de arquitectura mexicana por los museos de las Culturas del Norte, en Paquimé, Chihuahua (96) –proyecto que recibió el “Gran Premio” por la arquitectura de Mario Schjetnan y José Luis Pérez, pero también por su museografía que por su diseño no permite distinguir dónde comienza uno y dónde termina el otro; el de Historia Mexicana (96) cuyo edificio diseñaron Augusto Álvarez y Oscar Bulnes, el de la Cultura Maya (96) -adaptación arquitectónica del despacho Nuño, Mac Gregor y de Buen-, así como otra Medalla de Plata por el Museo del Telégrafo (02) y, la última mención por el Museo de Arte Popular (06): la adaptación arquitectónica de la vieja estación de bomberos estuvo a cargo de Teodoro González de León.
Fotografía: Alessandro Bo
Finalmente tuve la oportunidad de compartir con él la mención de honor en la XII bienal de arquitectura mexicana por el Museo Nacional de la Revolución (12). Iker y Jorge obtuvieron el premio “Museo Europeo del Año” (95) por el Museo Olímpico de Lausana, Suiza, cuya arquitectura es de Pedro Ramírez Vázquez. Vale mencionar los premios Miguel Covarrubias otorgados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, CNCA) por el Museo de Historia Mexicana (96) y por el Museo Nacional de Arte (01). Asociados con Ramírez Vázquez fueron acreedores del segundo lugar en el concurso del Gran Louvre y fueron consultores de la UNESCO para la planeación de varios museos en Egipto, culminando con el diseño de las exposiciones permanentes del Museo de Nubia en Aswam (premio Aga Khan de Arquitectura, 01); pero también diseñaron las exhibiciones del Museo de Kuwait, desaparecido tras la guerra.
Fotografía: Alessandro Bo
Quizás la obra mayor de Jorge Agostoni e Iker Larrauri, trabajando como equipo en México, sea el Museo de Antropología de Xalapa, para el cual elaboraron desde el programa museológico, el programa arquitectónico y el guión museográfico, hasta el diseño de sus exposiciones permanentes.
Jorge e Iker se volvieron un dúo de extraordinaria versatilidad: igual diseñaron exposiciones de ciencia, de arte, de antropología, de historia natural o de etnografía que de deportes o de cultura popular y de música.
Las exposiciones El Maíz, fundamento de la cultura popular mexicana, La vida en un lance, los pescadores de México y Obreros somos, previa colaboración en la planeación del Museo Nacional de Culturas Populares a principios de los años 80, marcaron un hito en la reflexión que el grupo de antropólogos encabezados por Guillermo Bonfil Batalla generó al imaginar el primer museo mexicano sin colecciones.
Jorge Agostoni dejó de estar con nosotros el pasado 11 de septiembre de 2015.
Jorge Agostoni con Mara Vázquez, César Martínez y Marco Barrera-Bassols.