24 diciembre, 2021

Joan Didion, muchas mansiones y una villa

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

 

En 1877 Albert Gallatin, comerciante, se hizo construir su mansión en Sacramento, California. Treinta habitaciones repartidas en tres pisos de estilo segundo imperio victiriano italianizante, según aclara Wikipedia. En 1903 la mansión fue comprada por el Estado de California para ser usada como casa oficial del Gobernador. Eso hasta 1967, cuando Ronald Reagan ocupó el cargo y vivió en esa casa sólo unos meses. Se dice que Nancy Reagan pensaba que la vieja casa corría un gran riesgo de incendiarse y se negó a vivir ahí más tiempo. Los Reagan se cambiaron a una casa rentada y en 1970 se inició la construcción de la nueva Casa del Gobernador, en el barrio de Carmichael, en Sacramento. Pero los Reagan tampoco habitaron esa casa pues no se terminó durante su mandato. Tampoco el siguiente gobernador, Jerry Brown —hijo de Pat Brown, quien antecedió a Reagan en el cargo— se negó a ocupar la casa que bautizó como el Taj Majal. Por esos mismos años, en 1974, se inauguró la Villa Getty, cerca de Malibú, California, donde el magnate petrolero Jean Paul Getty exhibía parte de su colección de antigüedades griegas, romanas y etruscas. Fue diseñada por los arquitectos Robert E. Langdon y Ernest C. Wilson Jr., con ayuda del historiador de arte y arquitectura Norman Neuerburg, inspirados en la Villa de los Papiros, en la ciudad de Herculano, que quedó sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 y cuyos restos empezaron a excavarse entre 1750 6 1756. Aunque Getty murió dos años después de inaugurada su Villa-Museo, jamás la visitó.

La casa que mandaron construir los Reagan.

 

De esa mansión y esa villa, no visitadas o habitadas por quienes las encargaron, escribió un par de ensayos de Joan Didion (1934–2021), incluidos en su libro The White Album. En Many Mansions, Didion dice que las palabras usadas para describir la casa que se hicieron construir los Reagan hubieran sido “abierta” y “contemporánea”, “aunque técnicamente no era ninguna de las dos”. Le queda mejor, dice, la palabra “parece”:

Los muros “parecen” de adobe local, pero no lo son: son los mismos bloques de concreto, aplanados y pintados en un color crema amarillento más bien rancio, usado en tantos supermercados, proyectos de vivienda y plantas embotelladoras de Coca Cola. Los marcos de las puertas y las vigas expuestas “parecen” secoya local, pero no lo son: es madera para la construcción de calidad indeterminada entintada en color café. Si alguien alguna vez se muda ahí, los pisos de concreto serán alfombrados, de muro a muro. Si alguien alguna vez se muda ahí, las treinta y cinco puertas exteriores de madera y vidrio, posiblemente lo más característico de la casa, serán, de acuerdo a lo planeado, cubiertas por cortinas.

Tras describir una cocina —“que parece diseñada exclusivamente para descongelar con el microondas y compactar basura”— afirma que se trata de “una casa construida para una familia botanera (snackers)”. Y, contra la afirmación de Jerry Brown de que la casa era “un monumento al colosal ego del antiguo gobernador”, Didion afirma que al contrario: se trata de “un monumento no a un ego colosal sino a la extraña ausencia de cualquier ego, un caso de estudio de arquitectura de posibilidades limitadas.” Una arquitectura, continúa, que corresponde a la “música de fondo”, “a la decoración y al buen gusto”. De las muchas razones posibles por las que uno no viviría en esa casa, dice, la que cuenta es ¡que es el tipo de casa con una barra de bar en la sala!” Didion termina, precisa, lapidaria:

Es el tipo de casa en el que uno no quiere vivir, pero no hay manera de decirlo sin tocar temas sensibles, evanescentes y, finalmente, inadmisibles de gusto y de clase. Pocas veces he visto una casa tan evocativa de lo que no se puede hablar.

Jean Paul Getty ve la maqueta de su Villa.

 

Con la Villa Getty pasa algo similar. “Desde el inicio —escribe Didion—, se dijo que el Getty era vulgar” e “inauténtico” —“aunque es difícil decir qué podría significar «auténtico» en este contexto.” No sólo el edificio, pastiche neo-romano, sino las mismas antigüedades originales que contiene son cuestionadas por Didion, pues “no evocan su propia época sino la furia por poseer antigüedades de los siglos XVIII y XIX.” Con la misma delicadeza forense que analizó la casa que el gobernador Reagan jamás habitó, Didion escribe:

El Getty nos dice que el pasado tal vez era muy diferente de la manera como lo percibimos. Los mármoles no siempre estuvieron atractivamente desteñidos y gastados. Los antiguos mármoles alguna se presentaron como aquí se presentan: como la estridente, opulenta evidencia del poder imperial y la adquisición. Los antiguos murales no siempre fueron blanqueados y suavizados como “de buen gusto”. Los antiguos murales alguna vez se vieron como se ven aquí: como soñados por un capo de la mafia.

Como la casa que los Reagan no habitaron y que evoca cosas de las que no se puede hablar, la Villa Getty, según Didion, “nos cuenta que jamás fuimos mejores de lo que somos ni seremos jamás mejores de lo que fuimos, y, así, hace una declaración política profundamente impopular.”

Joan Didion y John Dunne en su casa de Malibú, 1976.

 

Joan Didion murió ayer, 23 de diciembre de 2021, en Nueva York a los 87 años de edad.

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