12 septiembre, 2016

Javier Senosiain en el Museo Nacional de Arquitectura

por Christian Mendoza

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El pasado jueves, en el Museo Nacional de Arquitectura, se inauguró la muestra individual Javier Senosiain: arquitectura orgánica. La exposición está compuesta por maquetas y planos de proyectos ya construidos, cada uno explicado por una memoria escrita por el propio Senosiain. El museo busca albergar el proyecto orgánico del arquitecto, una práctica centrada en la convivencia con el paisaje y a través de una inspiración basada en las formas de la naturaleza.

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Las estructuras propuestas por Senosiain no demandan una lectura detenida. El proyecto Nido de Quetzalcóatl emula la forma de una serpiente, el frente de la Casa Tiburón es la faz con tráqueas dilatadas de un tiburón, y El Kiss, una caseta de vigilancia cuya silueta remite a la de los chocolates de Hershey’s. Estas obviedades alcanzan cierto matiz en una capilla dedicada a José Alfredo Jiménez. Senosiain modificó un recinto cerrado, “entre grecolatino y renacentista”, para permitirle al peatón un desplazamiento más libre. La capilla está “pretendiendo ser más característica, más mexicana, más acorde con la personalidad del autor [José Alfredo Jiménez]”. ¿El resultado? Una suerte de escultura decorativa de un sombrero y un sarape.

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¿Cómo se puede leer la obra del mexicano? Senosiain mira su obra a través del término “bioarquitectura”. Busca construir espacios que se adapten al cuerpo del hombre, que convivan con  la naturaleza de una manera orgánica y que emulen las apariencias de los animales o la botánica. Su trabajo, lejos de operar en cierta invisibilidad, impone su autoría sobre el paisaje.

14225365_868960626538359_3582874997448446901_nFotografías. Museo Nacional de Arquitectura INBA.






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