16 octubre, 2014

‘Integración plástica’ o el problema de la orientación (III)

por Juan Manuel Heredia | @guk_camello
JMH_1David Alfaro Siqueiros y colaboradores, Retrato de la Burguesía, mural en el Sindicato Mexicano de Electricistas, México , 1939 (vista del techo). Foto: Juan Manuel Heredia.

Si bien Diego Rivera fue uno de los primeros artistas mexicanos en reflexionar seriamente sobre la relación entre arquitectura y pintura mural, David Alfaro Siqueiros fue en realidad quien tuvo más cosas que decir al respecto. El pintor chihuahuense fue de hecho el artífice y principal promotor del concepto de Integración Plástica que reinó en México durante los años cincuenta. Ya desde 1921 Siqueiros convocaba a los ‘plásticos’ del continente a romper con las ataduras de lo convencional, reconociendo los aires renovadores de la vanguardia europea pero intentado superarla desde la condición americana.[1] Más tarde el joven Siqueiros participó junto a Orozco y Rivera en el primer gran episodio del muralismo mexicano en el Colegio de San Ildefonso con una obra fragmentaria pero de grandes promesas. Fue también él el principal ideólogo del Manifiesto del Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Mexicanos Revolucionarios, considerado por algunos el documento inaugural del muralismo mexicano. Como Orozco y Rivera, Siqueiros también realizó murales fuera del país durante los años treinta. Sin embargo su experiencia en el extranjero fue la de un precario exilio y no la del patronazgo millonario de sus más veteranos colegas.

JMH_2David Alfaro Siqueiros y colaboradores,  Ejercicio Plástico, 1933, imagen tomada del Museo del Bicentenario Argentino (http://www.museobicentenario.gob.ar/exposiciones-mural-imagenes.php).

Fue durante su exilio en los Estados Unidos y Sudamérica en donde la obra de Siqueiros adquirió las características que la definirían. En Los Ángeles, el pintor mexicano exhibió pinturas y realizó murales con temas políticos que causaron fuertes polémicas. Bajo la asesoría de Richard Neutra, Siqueiros también realizó sus primeros experimentos con materiales industriales y ‘modernos’. Sin embargo lo más significativo de aquella época fue el énfasis que puso en los efectos ilusionistas de sus pinturas. En 1933, Siqueiros realizó en Argentina su famoso Ejercicio Plástico, un mural que cubría la superficie interna de un espacio abovedado y en donde las uniones entre piso, bóveda y muros parecían desvanecerse. La intención de Siqueiros -en esta y muchas de sus obras futuras- era la de involucrar al espectador de forma dinámica mediante dramáticos escorzos e imágenes anamórficas cambiantes. Lo que en realidad hacía era envolverlo y sumergirlo en una experiencia totalizante que implicaba su sustracción de la realidad cotidiana y su inserción en un mundo pictórico de carácter transcendental. En este sentido Siqueiros se mostraba continuador de la tradición de la pintura ilusionista renacentista y barroca, en especial de la de sus representantes más radicales como Giulio Romano y Andrea Pozzo.

JMH_3Giulio Romano, Caída de los Gigantes, mural en el Palazzo del Te, Mantua, 1524-34 (la transición entre muro y techo es casi imperceptible).

De regreso en México a finales de los años treinta Siqueiros continuó sus experimentos pictóricos en el mural para el edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas. Se trataba de su primera intervención en un edificio completamente nuevo y de fisonomía moderna, y por ello representaba el primer ensayo importante de integración plástica mexicana después de las escuelas de O’Gorman. Obra de Enrique Yáñez este edificio era uno de los varios proyectos sindicales promovidos durante el cardenismo y asignados a los arquitectos funcionalistas del ala ‘socialista’ o ‘radical’. A diferencia de los proyectos de O’Gorman que, aunque compactos gozaban de claras secuencias espaciales, el de Yáñez era una abigarrado arreglo de espacios de reunión y de trabajo sin gran articulación o profundidad espacial y de poca calidad narrativa. Su principal y quizás única virtud era un vestíbulo de entrada que proveía a los trabajadores de un amplio espacio para el encuentro casual, la circulación y la distribución. A pesar de que el vestíbulo era el lugar idóneo para realizar el mural, Siqueiros escogió sorpresivamente el cubo de la escalera: un estrecho volumen, relativamente aislado y sin iluminación natural directa. Su intención era que la pintura fuera contemplada desde distintas perspectivas y velocidades aprovechando el movimiento ascendente de los que subían a los recintos superiores del sindicato.

JMH_4Enrique Yáñez, Sindicato Mexicano de Electricistas, México 1939 (vestíbulo de entrada). Foto: Juan Manuel Heredia.
JMH_5David Alfaro Siqueiros y colaboradores, Retrato de la Burguesía, mural en el Sindicato Mexicano de Electricistas, México , 1939. Foto: Juan Manuel Heredia

Titulado Retrato de la Burguesía el mural de Siqueiros era una crítica al fascismo y capitalismo internacional con una relación un tanto indirecta a las luchas sindicales mexicanas.[2] Por tal motivo el pintor y su equipo decidieron incluir imágenes alusivas a la industria eléctrica en la base del mural, así como en el techo del cubo. En este último sitio Siqueiros ‘perforó’ la losa de concreto mediante imágenes de chimeneas y torres metálicas que parecían erguirse a través del humo hacia el sol del cielo diurno. Lo que Siqueiros hizo fue básicamente un ejercicio de quadratura o de ‘rompimiento de gloria’, una de las técnicas pictóricas más populares en Europa durante los siglos XVII y XVIII y generalmente utilizada en las bóvedas de las iglesias.[3] Mediante estos ‘rompimientos’ o ‘cuadraturas’ los pintores barrocos buscaban expresar cierta continuidad (o en su caso discontinuidad) entre el mundo terrenal ocupado por el espectador y el mundo divino localizado más allá de la superficie pictórica. La transición entre ambos niveles estaba casi siempre mediada por imágenes de ángeles, nubes, columnatas, etcétera, que ‘disolvían’ la materialidad del edificio y extendían sus límites de manera ilusoria hacia el infinito.

JMH_6Enrique Yáñez, Sindicato Mexicano de Electricistas, México 1939 (tercer piso con mural al fondo). Foto: Juan Manuel Heredia.

A pesar de la intención de Siqueiros de captar la atención de los trabajadores aludiendo a conflictos y situaciones globales y locales, su mural era en gran medida una obra autorreferente de poca apertura espacial e interpretativa y sin una clara orientación con respecto al edificio, ya no decir la ciudad. En este sentido ni el proyecto de Yáñez ni la decisión de Siqueiros de usar el cubo de la escalera le favorecían demasiado.[4] Con todo y que la escalera era la principal del edificio, esta fue tratada por el arquitecto como un espacio de servicio más, otorgándole una pobre visibilidad, un área muy reducida, nula iluminación, y muy poca dignidad. La elección de la escalera por sobre el vestíbulo, sin embargo, adquiere sentido en vista de las intenciones de Siqueiros de lograr obras ‘integradas’, así fueran estas ensimismadas. Desde el Ejercicio Plástico, pasando por el mural de los electricistas, a su mural en Chile, al del Hospital de la Raza, al de San Miguel de Allende o al del Castillo de Chapultepec, Siqueiros siempre mostró una gran inclinación por crear ‘obras de arte total’ (gesamtkunstwerken), algunas de ellas ciertamente de gran calidad y fuerza visual pero muchas veces cercenadas del horizonte compartido con la arquitectura que las alojaba. Su última gran obra, La Marcha de la Humanidad -un espacio hermético, un mundo en sí, una realidad aparte-, era la culminación de su particular idea de integración plástica.

JMH_7Enrique Yáñez, Sindicato Mexicano de Electricistas, México 1939 (‘Secciones Anatómicas’). Tomado de Rafael López Rangel, Enrique Yáñez en la cultura arquitectónica mexicana (Ciudad de México: Limusa-UAM, 1989).

[1] Parte de la información sobre Siqueiros se extrae de Antonio Rodríguez, David Alfaro Siqueiros: Mural Painting (Ciudad de México: Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, 1992).

[2] Para un análisis del mural ver Jennifer Jolly, “Art of the Collective: David Alfaro Siqueiros, Josep Renau and their Collaboration at the Mexican Electricians’ Syndicate” en Oxford Art Journal 31-1 (2008), 129–151.

[3] Ingrid Sjostrom, Quadratura: Studies in Italian Ceiling Painting (Estocolmo: Almqvist & Wiksell International, 1978).

[4] La información más completa –aunque con un análisis muy formalista y apologísta- del edificio se encuentra en José Víctor Arias Montes editor, Enrique Yáñez y el edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas: un aporte del funcionalismo a la arquitectura mexicana (Ciudad de México: Facultad de Arquitectura – Universidad Nacional Autónoma de México, 2011).

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