9 agosto, 2018

Huertos urbanos en la Ciudad de México

por Cloé Mandujano

Contrariamente a lo que solemos pensar, los huertos urbanos no son sólo un invento de los años 60 ni una moda de la década pasada que reapareció con la preocupación por el medio ambiente. La Ciudad de México tiene un pasado poético y substancial con los huertos urbanos o la agricultura urbana, las primeras prácticas de estos proyectos fueron las chinampas y las milpas de la era pre-colombina que se encontraban en la antigua Tenochtitlan. Estas se perdieron con el crecimiento desmesurado de la población y de la urbanización, creando así, la megaciudad de más de 20 millones de habitantes.

Es importante mencionar que la estructura espacial de la ciudad, su arquitectura y su planeación urbana son partícipes de la reproducción e intensificación de las desigualdades y la segregación espacial a lo largo de los años, así como de la falta de planeación y la invasión de los terrenos y bosques de conservación. El suelo de conservación forma parte de las zonas protegidas que cubren las necesidades ecológicas mínimas en agua y biodiversidad y ayudan a la disminución de los niveles de contaminación de la ciudad. Estos suelos no son aptos para la construcción habitacional, se construye sin ninguna regulación y por ende agravan la situación ecológica de la ciudad, provocando varias problemáticas: la desaparición de los suelos de conservación, de espacios verdes y huertos que alguna vez formaron una parte importante de la configuración de la ciudad y de la interacción de sus habitantes que se encuentran dentro y alrededor de la ciudad, así como una especulación desmesurada en el precio del suelo urbano de la capital. Actualmente, la mayoría de las áreas urbanas no presentan una morfología social o física equilibrada porque tampoco se le ha dado importancia al desarrollo de espacios culturales, sociales y ambientales.

Hoy en día ante el calentamiento global, el derecho a la ciudad y otras tendencias ecológicas hacen que los ciudadanos se cuestionen la presencia y la utilidad social y ecológica de los diferentes espacios, entre ellos los espacios verdes, como la creación de huertos urbanos como centros para crear comunidad, propagar conocimientos o prácticas más sustentables y saludables con relación a la alimentación. Además de desafiar las ideas preconcebidas sobre la configuración capitalista urbana de la ciudad, creando de esta manera espacios de interacción social genuina y no de alienación como lo suelen ser los centros comerciales o estacionamientos, por dar unos ejemplos.

Desde 1992 cuando la Ciudad de México fue clasificada como la ciudad mas contaminada del mundo,  los diferentes gobiernos han desarrollado programas e iniciativas para mejorar la calidad de vida. En el Programa General del Desarrollo del Distrito Federal 2013-2018 se reconoce ‘la distribución desigual de los espacios verdes urbanos que por consecuente provocan el deterioro del los espacios públicos en general’. En el 2016 la Secretaría del Medio Ambiente, desarrolló una política pública de desarrollo urbano sustentable para incrementar la existencia de áreas verdes en la ciudad. De acuerdo a la FAO (2014), existen tres categorías que han sido desarrolladas en la Ciudad de México: la agricultura peri-urbana, la agricultura sub-urbana y la agricultura urbana; esta última se concentra en 9 delegaciones y es representada por las azoteas verdes y los huertos urbanos de carácter comunitario o educativo en diferentes edificios o espacios de la ciudad. La agricultura urbana se distingue de la rural porque puede integrarse a la economía urbana y a un sistema ecológico (Moreno Flores, 2017).

Paralelamente, en los movimientos que involucran a la sociedad civil también conocidos como bottom-up, los ciudadanos y varias asociaciones civiles se han movilizado para crear espacios verdes o huertos dentro de la ciudad donde el espacio es muy competido y donde las políticas relacionadas con el desarrollo de espacios públicos en general y por ende de espacios verdes, no han sido satisfactorias. Estos diferentes proyectos de huertos urbanos presentan diferentes tamaños y objetivos, ya sea enfocados más a la agricultura o más en el aspecto de inclusión social. Desafortunadamente, estos proyectos compiten entre sí y muchas veces se aíslan en sus propios objetivos y proyectos sin crear un movimiento cohesivo y significativo para la escala de urbanización que conoce la ciudad.

Lo que he logrado constatar a través de un estudio comparativo de los huertos urbanos en México y otras partes del mundo, en este caso Europa, es que parte de los huertos urbanos de la Ciudad de México reproducen las características utilitaristas del sistema neoliberal que han fragmentado al individuo que se ve obligado a vivir en una ciudad altamente urbana. Una mayoría de los huertos son creados por asociaciones civiles que pretenden ser sin fines de lucro pero que muchas veces se ven sujetas a eventos donde el aspecto económico predomina y donde la clase trabajadora o estudiantil, que es más vulnerable y no tiene acceso a la información que le permitiría ser un ciudadano ecológico consciente, es indirectamente pero automáticamente excluida.

En el caso Europeo, los huertos urbanos no tienen un único representante o no son parte de una asociación civil, son creados por los habitantes que viven en proximidad y se delegan las tareas necesarias del huerto que fundaron. Algo todavía más impresionante es la ausencia de bardas que delimitan los terrenos de estos huerto urbanos en varias ciudades, haciendo alusión al desvanecimiento de la propiedad privada, la más ejemplar siendo Freiburg im Breisgau en el sur de Alemania. En estos huertos cualquiera puede venir, cosechar y aprender de manera gratuita. Esto denota que los huertos urbanos de las ciudades aquí y en el mundo, sin importar su extensión, su objetivo principal o su privatización son una señal (ahora) consciente de los habitantes al rechazo de lo urbano y todo lo que conlleva: el vacío social provocado por la razón utilitaria, instrumental burocrática, además de sus efectos nocivos para la salud.

De esta manera, los huertos urbanos, además de ser una tendencia son un reflejo de la organización de la sociedad y la ciudad en la que vivimos, siendo la creación de los huertos urbanos algo novedoso, podemos inspirarnos de modelos Europeos, pero sobretodo recordar nuestro pasado y nuestra relación con la naturaleza que es tan característica de la filosofía de vida de las antiguas civilizaciones de América Latina. Plantearnos como cuidamos su destino y concepción nos afecta de manera inmediata y también a las próximas generaciones. No está de más mencionar que este cambio será posible a través del dialogo entre las instituciones y estos proyectos independientes. Esto no ha sido aun suficiente para darle el impacto e importancia al desarrollo urbano ecológico y mucho menos al desarrollo de áreas verdes mas democráticas para mejorar la calidad de vida y el medio ambiente de los ciudadanos de la capital.

ARTÍCULOS DEL MISMO AUTOR./