11 diciembre, 2020

Historia de un dibujo. Tras el rastro en el dibujo

por Juan Carlos Tello

 

Lugar

Si lugar es uno de aquellos momentos en que el pensamiento se entrelaza con lo real…

En éste sentido, el dibujo, incluso el mismo papel, es por un momento lugar…

También en él aparecen las reglas que nos permiten avanzar.

Enric Miralles

 

 

Conocí el estudio de Avigno cuando, estando ya en Frankfurt para comenzar a estudiar, tuve la oportunidad de ir a Barcelona y ver el trabajo de quien, por sorpresa, sería mi maestro: Enric Miralles. Llevaba conmigo el número telefónico y la esperanza  de poderlo conocer. Eran vacaciones, por lo que el que me contestaran podría ser difícil. Sin embargo, un día respondieron al teléfono. Era Eva Prats. Amablemente me dijo que podía ir y me da la dirección, pero me advierte que Enric no estaría.

En un zaguán en el barrio gótico había un pequeño recuadro blanco. No recuerdo si las dos letras eran la e y la m. Fue Eva quien me abrió la puerta. Caminamos a través de un corredor que llevaba a un patio para luego subir una escalera y entrar al estudio a través de un vestíbulo  con maquetas y rollos de papel por todos lados. Después llegamos a un gran espacio con tres conjuntos de mesas de dibujo. En una, junto a una ventana, es donde se sentaba Eva, dibujando en un papel enorme. Me dijo que era un dibujo para la obra, lo cual me sorprendió al ver que ese dibujo —enorme— era similar a tantos que aparecen en repetidas publicaciones. Doy una vuelta por el estudio y veo, también, el librero lleno sobre el muro al lado de las mesas.

Tras un año de estar estudiando bajo la tutela de Enric, por fin decido comprar El Croquis que recientemente habían reeditado, con nuevos proyectos, después de la separación de Carme Pinós, Ahí me encuentro con el ejercicio de cómo debe ser acotado un croissant, explicado por Eva. Casi al mismo tiempo Enric presentaba en una pequeña habitación en el parque Tateyama, en Japón, una serie de tubos rolados de diferentes tamaños en longitud que al irse sumando uno sobre de otro prácticamente llenan el espacio. Parecían el rastro de alguna o varias moscas volando.

En aquellos años, muchos estudios en México ya utilizaban autocad, en Europa no era todavía posible solventar el gasto de la compra del programa con los pocos proyectos que realizaba un estudio pequeño o mediano, por lo que dibujar a mano era la norma.

Cuando dibujaba uno a mano, primero se hacían trazos a lápiz que, posteriormente, se pasaban a tinta, para luego borrar aquellos a lápiz. A veces se requería de más tiempo en el desarrollo de un dibujo y entonces se sobreponía un numero indeterminado de papeles, capa sobre capa. El tiempo y la propia historia del dibujo iban quedando sobre el papel deteriorado, con marcas de alguna taza o un vaso, de una cinta adhesiva, de la propia mano sobre el papel para poder ver lo que quedaba por debajo, escogiendo las líneas de un nuevo dibujo entre las distintas capas.

Me resultaba difícil entender el dibujo del croissant realizado por Eva con tan solo verlo, sin haberlo redibujado. Al tratar de repetir los gestos de rectas y curvas, Enric mencionaba: “todo se puede trazar a través de rectas y segmentos de círculo”, tan solo hay que saber donde comienzan unas y terminan los otros, y por ser prácticos hay que marcarlo. Esas marcas servían para saber dónde la línea formaba una tangente, para continuar algún segmento de circulo. Al estar lleno el dibujo de esa geometría, resultaba fácil descifrar poco a poco cómo había sido construido. Lo que seguía entonces era ubicar las medidas que permitieran hacer el mismo ejercicio en la obra, y entonces aparecían los triángulos que iban hilvanando las cotas con estos segmentos circulares, como si ya no fuese necesario dibujarlos.

Poco después me apropié del método y la disciplina para construir en el dibujo, y entonces comenzaron a aparecer estos rastros y, ademas, dejé de borrar los trazos realizados a lápiz, tratando de que el dibujo mostrara cómo fueron germinado las ideas que formaban su geometría. Las líneas comenzaron a señalar no sólo su cambio de dirección sino también cuándo comenzaban y dónde terminaban. Había que tomar decisiones acerca de algo tan básico como una línea suelta. Me sentí fascinado por esas construcciones donde no había calidades de linea, no había jerarquías entre linea vista o linea cortada. Eran líneas y el dibujo requería de tiempo para su lectura y comprensión, ya que además nada escapaba a la mirada del papel que lo contenía.

Con el tiempo, ya como maestro en la universidad, me pareció que aquel ejercicio de Eva debía mostrarse a los estudiantes para la comprensión de la construcción de las lineas. Hace unos años llevamos a cabo el ejercicio de acotar un croissant, pero en computadora. Los resultados fueron interesantes en cuanto a la imagen que resultó, aunque me pregunto si tienen el mismo valor. Pienso que no, que la conciencia física del papel durante el acto de dibujar hace la diferencia. Al hacerlo en computadora no quedan aquellos rastros y su apariencia siempre es idéntica, como si fuera la primera vez que se dibuja, sin historia. Las capas en un archivo digital no logran contener el tiempo. Son dibujos que siempre se ven como en un ahora. La importancia del tiempo en el dibujo se perdió o quizás debamos pensar que los rastros son distintos. Esos rastros siempre fueron pensados para ser borrados, no tenían valor alguno. Es hasta que observando los dibujos de Enric y la manera como Eva acota un croissant, que esos rastros se convirtieron en parte del dibujo final, eso que quizás algunos llamen basurita.

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