13 diciembre, 2019

Hacia un nuevo pacto verde en Ciudad de México

por Pablo Lazo

Tratar de influir en el debate acerca de cambio climático —o emergencia climática, como ahora se le llama— desde el campo de la arquitectura y el urbanismo no es tarea fácil, pero sí indispensable. Sabemos del desafío real del cambio climático: el mundo lo esta viviendo. Actualmente el planeta es poco mas de un grado centígrado más caliente que hace un siglo —justo al finalizar la revolución industrial. Los impactos en distintas geografías y en las vidas humanas que los padecen ya son significativos ante el estado del planeta. Si continua el calentamiento, las temperaturas globales podrían aumentar hasta tres o cuatro grados centígrados al final del siglo XXI, con lo cual la fuerza de ese cambio ocasionaría impactos en diversas actividades fundamentales para la vida humana.

Por eso la reunión COP25, celebrada en Madrid este mes de diciembre, es clave para continuar el diálogo entre la comunidad mundial y encontrar soluciones que conlleven a reducir los riesgos y ralentizar el proceso de calentamiento global hasta donde sea posible. México, sin embargo, lejos de seguir sumando esfuerzos —tanto en la formulación de iniciativas globales como poniendo en marcha políticas y proyectos estratégicos que colaboren a mitigar emisiones de C02— aparece como un actor tangencial con poca o nula injerencia en la agenda global y demuestra que incumple parcialmente con sus compromisos adquiridos en el acuerdo de Paris. El documento de posicionamiento del gobierno de México indica su aparente “apoyo” para seguir discutiendo los temas prioritarios emanados del acuerdo, pero deja fuera dos temas claves: la transición energética y la muestra de proyectos estratégicos a escala urbana que efectivamente busquen mitigar los efectos del cambio climático. Este doble discurso de forma y contenido deja en evidencia que las autoridades poco pueden o quieren hacer para afrontar la emergencia climática.

La Ciudad de México es la que más emisiones de C02 genera en el país. Por ello debiese mostrar liderazgo y desarrollar políticas de corto y mediano plazo junto con una cartera de proyectos que apunten a disminuir su huella ecológica y afrontar los efectos devastadores que pueden ocurrir en los próximos años. La transición energética es clave para esto. Durante la pasada administración se desarrolló el Programa de Acción Climática Ciudad de México 2014-2020 (PACC 2014-2020) que no debiese echarse en saco roto. El documento enumera 7 ejes estratégicos para estructurar políticas y proyectos que se alinean al acuerdo de París y que potencialmente colocarían a la ciudad en la vanguardia de la lucha contra esta emergencia. Lamentablemente, una vez mas, las diferencias ideológicas, la incapacidad para reconocer las acciones positivas de gobiernos anteriores y la miopía en aceptar que lo hasta ahora logrado por el gobierno de la ciudad es loable pero muy mejorable, ha hecho que el sector público continúe con el doble discurso de anuncio programas, pero en realidad no hay forma en que se implementen.

Aquí es donde todos los profesionistas involucrados con la “arquitectura de la ciudad” —como la entendía Aldo Rossi— debiesen cerrar filas y ser extremadamente asertivos, tanto en las críticas a las iniciativas del gobierno como para estructurar las soluciones que podrían implementarse para reducir los riesgos reales del cambio climático en la Ciudad de México. Entre ellas destaco aquellas que tienen injerencia directa con la construcción y que por su escala de implementación podrían convertirse en pilares para un pacto verde entre el sector privado y el público:

  1. Incluir en el reglamento de construcción subsidios cruzados de apoyo ante aquellos proyectos mayores a 10,000 metros cuadrados de construcción cuya energía incorporada (embodied energy) sea cero.
  2. Incorporar al Programa de Desarrollo Urbano, dentro de los llamados Corredores Urbanos, un sistema de medición transparente para proyectos inmobiliarios superiores a los 5,000 metros cuadrados en donde los siguientes elementos sean la línea base para evaluar su factibilidad y otorgamiento de licencia: emplazamiento, transporte, energía, fachada, instalaciones, estructura, acabados y situación operacional.
  3. Reforzar la iniciativa Ciudad Solar mediante financiamiento privado o publico-privado para instalar paneles fotovoltaicos en los mas de 300 edificios públicos propiedad de la Ciudad de México.
  4. Reformular el marco legal ante el cual la Ciudad de México realiza la recolección de basura para permitir el cobro del servicio por recolección, reciclaje y disposición final incorporado en el impuesto predial.

Mientras que la gestión urbana continúe actuando en base a clientelismo político y dogmas del pasado y sin entender los efectos de la falta de acción y decisión al plantear una política ecológica asertiva, la mayoría de las iniciativas del gobierno de CDMX son de una brutal fragilidad e inefectividad. La crisis climática no se resolverá dando apoyo económico directo a las personas. Si la arquitectura realmente crea nuevas formas de vida, como decía Lebbeus Woods, resulta clave que todos los involucrados en esta disciplina actuén si se quiere cambiar la trayectoria de la emergencia climática.

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