20 enero, 2020

Guadalajara a vista de pájaro

por Juan Palomar Verea

Ha habido en el tiempo múltiples discusiones sobre lo que la ciudad abarca, ante la complejidad de límites, jurisdicciones, accidentes naturales y un amplio etcétera. Un conocido urbanista zanjaba así la cuestión: la ciudad es todo lo que un vuelo de avión abarca al golpe de vista. De este modo se integran todas las piezas que el enorme organismo que es la ciudad hace funcionar.

A partir de este sobrevuelo los límites son casi imperceptibles, y se establece una cierta topografía de las masas construidas o naturales que conforman el entorno colectivo. Si la incursión aérea llega a suceder por la noche los puntos iluminados producen una todavía más clara imagen de la urbe, del territorio ocupado.

Así la gran región urbana de Guadalajara reposa entre dos grandes oscuridades: el Bosque de la Primavera y la Barranca de Oblatos. Si bien ambos elementos albergan algunos puntos iluminados, su impacto es mínimo frente a la gran masa de estos ámbitos naturales.

El caso de los dos grandes valles que rodean a la ciudad, el de Tesistán y el de Toluquilla, es muy distinto. Incontables construcciones se han edificado en sus ámbitos y forman amenazantes tentáculos que se van extendiendo cada día sobre los invaluables terrenos naturales y de cultivos. Ambos requieren de una regularización urgente que permita salvar todo lo que esos suelos representan para la gran Guadalajara.

Ya más en detalle, es posible identificar las arterias viales con su carga, en general intensa, de tráfico vehicular. Los cruceros de tales vialidades se observan a menudo conflictivos y señalan acciones pertinentes para encontrar soluciones que logren conciliar todos los sistemas de movilidad: el de los peatones, el de las bicicletas, el del transporte colectivo y de carga y el de los autos particulares.

Particularmente impactantes son los conjuntos de edificios en altura que forman núcleos de actividad y movimiento que influyen en amplias zonas urbanas. Son de destacarse el grupo de torres edificadas sobre las inmediaciones de las avenidas Patria y Acueducto; las que se ubican a lo largo del corredor de Las Américas, que ya van desde la calle Colomos hasta más allá del puente antiguo que sigue sirviendo de elemento de conexión; en la zona de 16 de Septiembre hubo en los años sesenta un intento de generar “un nuevo centro para Guadalajara”. Tal propósito se limitó a la edificación de dos edificios en altura, a los que no han acompañado otras edificaciones de parecido relieve.

Esta sucinta, e irremediablemente incompleta, visión aérea de la ciudad nos posibilita una imagen mental de sus límites y posibilidades, de sus conflictos y puntos específicos que siguen siendo un reto para autoridades y ciudadanos. Pero guarda, como instrumento de comprensión urbana, un valor inapreciable para entender el vasto fenómeno urbano en el que todos los habitantes citadinos estamos inmersos.

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