12 agosto, 2020

Espacios: Gharapuri o la Isla Elefanta

por Jose Maria Wilford Nava Townsend

 

El puerto de Bombay es reconocido como “La puerta a la India”, y es que, desde el siglo XVI primero con los portugueses y más tarde con los ingleses, era efectivamente el punto de acceso de occidente al subcontinente indio. Hoy día, es una de las grandes metrópolis del ya país más habitado del mundo, donde convergen como es natural sobreposiciones de distintas idiosincrasias conviviendo, más o menos apaciblemente, curiosamente, en una latitud muy similar a la de nuestra Ciudad de México (19 grados latitud norte) pero del otro lado del mundo.

La “entrada” de la entrada al puerto, es un notable volumen de piedra basáltica en medio de la bahía, denominado por los locales y especialmente por los hindúes (que son quienes profesan el hinduismo solamente, aunque en México, de forma equivocada, utilizamos la palabra como gentilicio del país; el gentilicio correcto es indio) Gharapuri, cuyo significado es “Ciudad de Cuevas”. Al llegar los portugueses en el siglo XVI, renombraron a la isla “Elefanta”, debido a una gran escultura en piedra cuyo tema es este animal sagrado y pues al menos turísticamente, así se le reconoce a este espacio arqueológico patrimonio de la humanidad.

Pero ¿qué hay en Gharapuri? La escultura del elefante ya no, pues tras un colapso fue llevada a la ciudad para su resguardo. Lo que encontramos, es un sorprendente ejercicio de configuración espacial a partir de la fe y la paciencia.

No se tiene fecha exacta, pero se cree que los espacios fueron conformados entre el siglo 5º y el 8º de nuestra era y consisten en un conjunto de cuevas talladas en la piedra para albergar los templos. De 7 cuevas, 5 son de origen hinduista y 2 son budistas.

Es muy probable, según distintos textos, que los budistas hayan sido los primeros en intervenir los espacios, ya que la técnica de tallado de cuevas para generar sitios de meditación, fue primeramente concebida por los monjes seguidores de Gautama Siddhartha, y después utilizada no muy comúnmente por los hindúes. En Bombay, sin embargo, hay además del que relatamos, otro conjunto también imponente en Kanheri.

Si bien las dos cuevas talladas budistas se piensan son las más antiguas, la más elaborada y mejor conservada, es la destinada al dios Shiva y sus derivados, la cueva 1. Esta cueva se estructura a partir de una red hipóstila, donde cada columna es un monolito esculpido dentro de la misma gruta, y un conjunto de bajorrelieves que narran distintos episodios de la deidad mencionada. El tránsito en la cueva va de la luz a la penumbra, pero nunca a la oscuridad completa, ya que se rodea de patios también tallados en la roca, donde la iluminación desde distintas orientaciones cambia a lo largo del día.

De ahí el recorrido a los demás recintos resulta sumamente interesante, aunque no tan imponente ya que tienden a ser más pequeños y también, estar más deteriorados.

Casi siempre pensamos al hablar de Arquitectura, como lo construido, pero después de visitar este sitio, y conocer algunas otras cavernas modificadas para su habitación, me quedan muchas dudas. Para habitar, yo prefiero el término de configuración de espacios, que es mucho más amplio.

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