La mayoría de los programas para la niñez se enfocan en urgencias por atender (desnutrición, explotación, violencia). Pero los niños pueden ser más que receptores de ayuda y protección, ya que tienen agencia activa como productores de espacio público en sus barrios.
Urban95 se enfoca en la primera infancia: “si vivieras la ciudad como lo hace un niño de menos de 95 centímetros de altura (estatura aproximada de un niño de 3 años), ¿qué cambiarías?” Pero en Lima, para llegar a ese punto, previamente se propone como beneficiarios inmediatos a los niños y niñas en general, entendiendo que una ciudad buena para ellos es buena para todos. A través de esto se llega a sus hermanos menores (bebes) y mayores (jóvenes y adolescentes), a sus madres (mujeres gestantes y en periodo de lactancia) y a sus abuelos (tercera edad), completando el círculo de grupos más vulnerables en la ciudad.
Urban95 Lima, como plataforma de asistencia técnica e intercambio metodológico para discutir y formular proyectos locales de inversión para la niñez en los barrios, defiende y promueve los derechos de la infancia y el derecho a la ciudad. Propone la participación ciudadana como parte esencial en las intervenciones públicas; fomenta la planificación, diseño y creación de espacios públicos seguros, amigables y estimulantes que mejoran las condiciones psicosociales para un desarrollo infantil adecuado y el encuentro ciudadano.
Los lugares creados fuera del hogar proveen nuevas experiencias y referencias lejos de entornos agresivos. Los niños reinterpretan y resignifican sus espacios en el juego y la exploración, estableciendo vínculos emocionales y relaciones de pertenencia con su vecindario. En paralelo se refuerza la organización comunitaria y se potencia la capacidad técnica de los municipios para mejores proyectos urbanos y sociales con menor gasto público y mejores resultados.
Para conocer la propuesta completa, se encuentra aquí.
El proyecto se enfoca en los asentamientos informales de Quito ya que las estructuras territoriales están fragmentadas y la población menos favorecida se ubica en estas zonas, las cuales no son deseadas por el mercado, tienen escasa dotación de servicios, poca accesibilidad y son vulnerables a riesgos.
Esta propuesta busca entonces implementar un plan de gestión de riesgos que 1) salve vidas, 2) mitigue la crisis de los sistemas naturales/antrópicos y 3) actúe como catalizador de mejoras urbanas y sociales del barrio en 5 años. En el caso de emergencias, el plan contempla acciones desde lo privado a lo público incluyendo rutas de evacuación, reforzamiento estructural de viviendas existentes y construcción de vivienda social, regeneración de vías y nuevos accesos, espacio público y equipamientos, y puntos de encuentro y refugio.
En el ámbito cotidiano, se aprovechan estos elementos para densificar y reorganizar manzanas, generar usos mixtos de suelo, comercio, polideportivos, corredores verdes y recuperación de quebradas, puntos de encuentro comunitario, arte y huertos urbanos; acciones que dinamizan el desarrollo socioeconómico.
El proyecto marca un precedente en la gestión de riesgo territorial al salvar vidas frente a amenazas y generar dinámicas socioeconómicas en el barrio, mejorando la calidad de vida. Si bien los beneficiarios directos alcanzan las 16,6 mil personas, el proyecto es replicable en todos los barrios de Latinoamérica; en Ecuador beneficiaría a 13,2 millones de personas (80% población), constituyéndose en un modelo de desarrollo barrial.
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Partiendo de la acción de actores emergentes, conformando una plataforma social de múltiples organizaciones de vecinos, quienes durante años han enfocado sus esfuerzos en habilitar mejores y más contundentes condiciones de infraestructuras al interior del barrio, lideran desde al año 2013 acciones sobre un vacío insólito, disponible en el núcleo central del barrio, producto de un grupo de viviendas precarias colapsadas tras incesantes precipitaciones que alcanzaron a debilitar de forma peligrosa gran parte de las construcciones existentes. De esta manera se inició un proceso de desafectación de la zona que implicó demoler el conjunto de viviendas y trasladar a los habitantes hacia nuevas unidades de viviendas habilitadas en un entorno estable de la misma comunidad.
Con esta operación se establecieron los acuerdos para redefinir la ocupación del terreno, evitar la improvisación de nuevas construcciones, e implementar un proyecto de espacio público vecinal como gen de renovación del barrio, siendo la comunidad el principal agente de transformación, donde la estructura de vecinos se agrupa en una organización legal llamada Consejo Comunal, capaz de actuar como la más importante célula de administración del territorio.
El proyecto es la primera operación de renovación significativa en este contexto, donde se planea conciliar un centro de intercambio entre la comunidad y otros asentamientos cercanos, impulsando nuevas formas de habitar en colectivo. El desarrollo apuesta por desdibujar límites entre territorios y constituir nuevos protocolos de convivencia social, apuntalando estas edificaciones como un soporte de relaciones de fraternidad.
La intervención prevé una tipología de parque enfocado en la gestión territorial. A través de múltiples plataformas, el proyecto se centra en mitigar el riesgo de colapso del terreno habilitando una serie de dotaciones acopladas a estas superficies accidentales. Asume la condición de corredor público, alojando espacios para el desarrollo de iniciativas sociales donde existe presencia activa de múltiples organizaciones locales. El proyecto se articulada, como centro de intercambio y corredor público, con otros sectores de barrio, asumiendo su condición de detonante hacia nuevas formas de intercambio y habitar en colectivo.
Reúne dos naves en los extremos de la parcela, un centro de conjunto que integra plazas de follaje tropical y una superficie de reserva natural que incluye cultivos endémicos.
El Pabellón de Manejo Energías acoge una unidad para la gestión y la transformación de desechos sólidos y residuos orgánicos, conectados a un proyecto de canalización ordenada de aguas servidas y electricidad, un módulo de captación de agua y un plan integral de paisajismo productivo, implementando fitoregeneración y agricultura urbana. El Pabellón Social y Deportivo propone un espacio flexible para el desarrollo de iniciativas sociales y fomentar la presencia activa de múltiples organizaciones locales en asambleas culturales, talleres y mercados.
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