19 febrero, 2014

Fronteras de la ciudad, parte I

por Fernando Reséndiz | @xolotltzcuintli

La definición que propone Vincent Descombes de la noción de «país retórico» a partir de un análisis de la «filosofía» o más bien de la «cosmología» de Combray: ¿Dónde el personaje está en su casa? La pregunta no se refiere tanto a un territorio geográfico como a un territorio retórico (tomando la palabra retórica en el sentido clásico, sentido definido por ocios retóricos como el alegato, la acusación, el elogio, la censura, la recomendación, la admonición, etc.). El personaje está en su casa cuando está a gusto con la retórica de la gente con la que comparte su vida. El signo de que se está en casa es que se logra hacerse entender sin demasiados problemas, y que al mismo tiempo se logra seguir las razones de los interlocutores sin necesidad de largas explicaciones. El país retórico de un personaje finaliza allí donde sus interlocutores ya no comprenden las razones que él da de sus hechos y gestos ni las quejas que formula ni la admiración que manifiesta. Una alteración de la comunicación retórica manifiesta el paso de una frontera, que es necesario con toda seguridad representarse como una zona fronteriza, un escalón, más que como una línea bien trazada»

Marc Auge, Los no lugares, 1992

Fronteras de la ciudad, de lo privado a lo público: Dos ideas (parte I)

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Primera idea

El diseño de las ciudades, propuesto por Kevin Lynch por medio de  mapas mentales generados en la misma memoria colectiva de los habitantes, eran vistos por él como un sistema que considera 5 elementos básicos: trayectos, límites (fronteras), regiones (zonas), nodos y puntos de referencia (monumentos). El ambulante de las ciudades, que las va caminando y las vive en el diario, retoma estos elementos básicos para desarrollar un mapa de su memoria colectiva a través de las orientaciones físicas y psicológicas.

Si tu «hogar» es la calle, cambiaría tu mapa mental de percepción espacial en el medio urbano de lo que es «externo», existiendo una gran diferencia en el sujeto que entiende la ciudad como un elemento «externo» a su «hogar», ambos en la dualidad de la frontera entre «lo privado» y «lo público». Sin embargo, los que percibimos el espacio público como el «hogar», tendemos a diferenciar de igual manera -ante la búsqueda inminente de un refugio íntimo- estas fronteras entre lo «público» de lo «privado»; diferenciando a este último como un «espacio semi-privado» para el sujeto que detenta de un ambiente reservado. Una simple reinterpretación de las fronteras de la percepción humana, donde el espacio reformado y constituido, puede tener una función u otra. Estos dos espacios y su ínter, representan las más complicadas heterotopías, desde la percepción de la vida humana.

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Siguiendo la descripción filosófica de Michel Foucault sobre el tema; en un primer principio, por un lado el espacio público puede ser interpretado de distintas maneras, es un lugar real, presente en todas las culturas del mundo el cual tiene la característica de ser un espacio de desviación, ya que es donde hacemos todo lo que no hacemos cuando estamos en lo «privado». De igual manera sucede de manera inversa, desde lo «privado» con respecto a lo «público».

Como segundo principio, tiene un funcionamiento preciso u otro; y a su vez distintos -incluso infinitos- dentro de sí mismo «según la sincronía de la cultura en la que se encuentra». Esto es que el espacio público, en sí, es multifuncional en todo momento, se pueden desarrollar distintas realidades interpretativas dentro de él. Ahora solamente camino por la calle para transportarme hacia otro lugar, en otro momento camino, hablo por teléfono, me transporto de un lugar a otro y cruzo la avenida por la zona indicada; Otro sujeto estará usando el espacio público para ejercitarse y otro más para habitar en él (ya que no siempre todos lo habitamos, simplemente nos desarrollamos como objetos transitorios). Este espacio puede ser agradable, infinito, multimodal, funcional, ordenado, con identidad específica y con muchas otras características. Al igual sucede con el espacio privado, específicamente hablando del lugar donde habitamos, puede transformarse dependiendo de la interacción de los sujetos que lo ocupan.

En un tercer punto, el espacio común «está yuxtapuesto por múltiples espacios, múltiples emplazamientos que son en sí mismos incompatibles». Para beneficio del tema, un parque/plaza tiene significaciones superpuestas, puede ser el lugar donde habitan unas personas, el lugar donde se hace ejercicio, una representación de micro ambiente del medio rural dentro del urbano, como para recordar de donde vinimos como sociedad rural; y habrán sujetos que lo interpretarán simbólicamente como su lugar de «estar feliz y en paz». De igual forma, la privativa casa habitación, representa múltiples espacios (contradiciendo, no solamente tiene una función básica o arquetipo, el cual hay quienes piensan es: dormir). Es el lugar donde se duerme, donde se descansa, para algunos, su lugar de trabajo, donde se preparan los alimentos y otras; de igual manera -infinitas- actividades; queda claro que es un lugar real, el cual, está yuxtapuesto por múltiples espacios, a su vez incompatibles unos de los otros o con funciones distintas, las cuales dependen de la ocupación del espacio por un sujeto en un tiempo determinado.

La cuarta característica serán las heterocronías, por sus asociaciones a los cortes de tiempo en las que se asocian las heterotopías. Esto es una organización compleja en la que el espacio público esta inmerso en una eternidad que no se disuelve ni desaparece, relacionando con una heterotopía crónica; es decir, de acumulación del tiempo. Esta característica, hace al espacio efímero, con una carga histórica llena de simbolismos y siempre cambiante (revolucionario). Los monumentos en las ciudades o los edificios como objetos y las historias que cuentan, se van acumulando en estas como una gran exposición museográfica, son los observadores los testigos permanentes de la sociedad que los erige e institucionalizan la memoria colectiva de estos mismos grupos; al realizar cierta acumulación de objetos históricos en nuestro espacio privado, inmerso en nuestra memoria individual, estamos constituyendo nuestro «lugar de todos los tiempos». Esto después pasará a ser parte de una memoria colectiva; la casa de mis abuelos tenía un plato de Grecia que representaba algo (ocupación espacial-crónica en tercera persona), o compraré esta máscara africana para decorar mi sala y que represente algo (ocupación en primera persona). Esos elementos pasan a formar parte de una crónica, cuando se retiran del espacio que ocupaban, pasarían a ser crónicas efímeras.

En su quinto punto, se caracteriza la suposición de un sistema de apertura y uno de cierre en el espacio, estos elementos que aíslan y a su vez lo vuelven penetrable. Este punto es mucho más evidente en el espacio privativo -cualquiera de ellos- principalmente en su carácter de confinamiento, y de igual forma, existen un cúmulo de rituales para ingresar a estos lugares, espacialmente distintos con sus fronteras de cambio; es entonces cuando nos sometemos a estos ritos y purificaciones cuando «ingresamos» al espacio público, entonces se crea esta ilusión de penetrar algo, pero por el mismo hecho de entrar, somos excluidos de éste. Nos bañamos, nos vestimos, preparamos nuestro cuerpo y mente para «ingresar» al terreno compartido de la ciudad, un ritual en el cual se deben de cumplir ciertos compromisos sociales, comportamientos elocuentes y costumbres culturales, evidentemente con sus peculiaridades en las distintas culturas, pero estas reglas básicas existen como leyes de algunos posesos dentro de las sociedades. Es el constante acto de cruzar fronteras desde sus distintos niveles y la manera en que los seres realizan este acto distintivo. Por ejemplo, por simple condición humana, los sin techo, se ven en la necesidad de crear esta frontera del ritual o del cambio purificador. Es decir, se esta adentro, en un espacio recreado (pudiera ser una cobertura de cualquier tipo que sirva de abrigo) que a su vez esta en un afuera y se reproduce el mismo ritual, el cual alimenta esta ilusión de frontera. Por otro lado, rompen los esquemas de estas leyes culturales de comportamiento en algunas sociedades, más no en todas. Por ejemplo los Sadhu de la India, personas que deciden vivir en las calles el resto de sus vidas, como un procedimiento de purificación, y sobre todo, como una forma de «des-materialización» de las cosas del mundo, abandonando todas sus pertenencias y dedicando su vida a lo que reciben de la gente, son simples personas sin hogar y sin un techo, los cuales, son resultado de una sociedad distinta y muy contraria al imaginario occidental de sus similares, pero que en la India son adorados y respetados por la sociedad por tomar la decisión del abandono material, contradiciendo a la sociedad occidental, los cuales segregan a las personas que necesitan habitar en las calles.

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Por ultimo mencionamos “la función”, en la casa privada, las funciones espaciales se entrelazan para cumplir un gran objetivo espacial de su mismo conjunto, diferenciando cada una de estas dependiendo su uso cotidiano (cómo espacio flexible). De igual manera lo público posee este orden de especialidades, en realidad sin un orden, pero que van formando una serie vinculada entre sí. En este punto, el urbanismo teoriza (o más bien sueña) sobre la relación clara entre adentro/afuera, con ordenes visuales claros, circulaciones permeables, pues fácil, el mismo orden espacial. Pero estas teorías siempre serán utopias, ya que el medio urbano se va transformando y modificando, sin un orden preciso, ya que no es una ciencia exacta con fórmulas rigurosas que se puedan implementar (al menos no en su totalidad). El espacio público funciona como espacio de ilusión creada, es un emplazamiento que va creando a su vez otros y estos crean un espacio real conjunto; al organizar el espacio terrestre de cierta manera -con un orden meticuloso- se crea la heterotopía. Las memorias colectivas y la diversidad de la cultura global, va organizando el espacio y el territorio de nuestro mundo. Cuando Foucault concluye su manifiesto filosófico, menciona al barco como la más excelente representación de las heterotopías; sin embargo (sin querer descalificar al gran filósofo), considero al espacio público con este atributo, sin descartar la complejidad que posee un barco como espacio heterotópico. Pero analizando desde estos putos de vista, el espacio público resulta mucho más complejo. En primer lugar el «Espacio Público» ya se encuentra ahí, como por casualidad, desde una consecuencia y no hay que constituirlo tal cual es; es un elemento flotante de la ciudad, un lugar sin lugar, que vive por el mismo, que está cerrado sobre sí y que al mismo tiempo está liberado al infinito del territorio de la percepción, y que, de espacio en espacio, de acera en acera, de edificio en edificio, de ritual en ritual, entre una casa y la otra, va recorriendo nuestras ciudades sin barreras precisas y que se va descubriendo paulatinamente en sus paseos (trayectos), contornos (limites), colonias (regiones), jardines (nodos), maravillas (monumentos), con ese embrollo que representa a la misma humanidad que lo consolida como tal, lo significa como puede y lo transforma a su manera, en tanto que siempre será un espacio físico y social.

Fronteras de la ciudad, parte II

 

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