28 junio, 2021

Fray Gabriel Chávez de la Mora, Premio Nacional de Arquitectura 2020

por Arquine | @arquine

A los 91 años, Fray Gabriel Chávez de la Mora será galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura 2020. Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 26 de noviembre de 1929, Chávez de la Mora pertenece a la primera generación de estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, fundada por Ignacio Díaz Morales. Además de éste, contó entre sus maestros a Mathias Goeritz y Eric Coufal. En 1955 ingresó a la orden de los benedictinos, en el monasterio de Nuestra Señora de la Resurrección, en Cuernavaca, Morelos, donde diseñaría su primera obra: la capilla y otras dependencias. En una entrevista con Jamil Afana, Chávez de la Mora cuenta:

«Estando en el monasterio, pensé que al ingresar, la arquitectura quedaba fuera. En esta institución religiosa había una pequeña comunidad cuyo trabajo era como una pequeña granja: crianza de pollos, cultivo de aguacates, y hacían mucha miel. Y yo entré a estos oficios. Después de mi formación monástica —y ya con los votos religiosos—, empezaron los encargos de arquitectura. El padre Gregorio me encomendó diseñar y construir la capilla del monasterio. Entonces realicé una capilla redonda de piedra, y luego fui complementando el monasterio con la hospedería, la biblioteca, etc. Más tarde, el señor obispo Sergio Méndez, viendo lo que yo hacía en la capilla con el altar de frente, me preguntó qué hacer con la catedral de Cuernavaca. Le dije que renováramos el interior y aceptó.»

Además de esas obras, Chávez de la Mora realizó el diseño y la adaptación de otros espacios religiosos, como la capilla del Seminario Conciliar de la Arquidiócesis de México, el presbiterio y el coro de la Catedral de Guadalajara, así como en trabajos en la antigua Basílica de Guadalupe y en la adyacente iglesia del Pocito y, en 1970, la Basílica efímera, erigida para celebrar los 75 años de la coronación de la Virgen. Después colaboró con Pedro Ramírez Vázquez y José Luis Benlliure —cada uno había hecho una propuesta de manera individual— en el diseño de la nueva Basílica de Guadalupe. En la misma entrevista explica que «el programa de la nueva basílica era único y complejo por las peregrinaciones, ya que en la antigua basílica nos e podía asistir a una celebración: era casi imposible. […] En cambio, en la nueva se puede pasar fácilmente a ver la imagen o permanecer dentro. En la nueva basílica está el concepto de puerta total, para que se integren en algunas celebraciones el pórtico y el atrio. Por eso, la imagen de la Virgen de Guadalupe está relativamente baja, para que se pueda ver desde atrás y con las puertas abiertas desde fuera de la basílica.»

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