13 septiembre, 2020

Festival Concéntrico: reflexiones sobre la ciudad

por Carlos Lanuza | @carlos_lanuza_

 

“Prismarium” de Ignacio Hornillos y Javier Fernández, en la Plaza Escuelas Trevijano. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

 

Probablemente ahora más que nunca, para una gran parte de la población a la que le ha tocado vivir un confinamiento estricto debido a la pandemia, el espacio público ha adquirido una importancia y significado sin precedentes. Del 3 al 6 de septiembre se ha celebrado Concéntrico: Festival Internacional de Arquitectura y Diseño de Logroño, un evento que, a través de instalaciones efímeras, ocupa el espacio público para repensarlo como un lugar de fricción entre lo colectivo y lo público.

En su sexta edición Concéntrico se ha llevado a cabo a pesar de circunstancias que, como mínimo, impedían la ejecución completa de un festival que exige la participación física para tener sentido. Se realizaron catorce intervenciones efímeras en el espacio —que se suman a otras 59 de ediciones anteriores— que dialogaban con la ciudad. Estas intervenciones ponen el foco, sobre todo, en lo público: la plaza, el parking y la calle. Las piezas ponen en cuestión aspectos críticos sobre la ciudad que de otra manera pasarían desapercibidos: la ocupación del coche del espacio público, los vacíos urbanos subutilizados en el centro histórico o los monumentos como símbolos de un pasado que se debe revisar.

“Kreuzweg” de Gregor Schneider, en la Plaza del Mercado. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

Instalaciones como “Kreuzweg” (el camino de la cruz), de Gregor Schneider, una cruz completamente negra que descansaba en la Plaza del Mercado y transitable a través de un laberinto en su interior, apelan al mundo sensorial, espacial y poético del símbolo: entrar en aquello con lo cual se identifica una religión para perderse en la incertidumbre, desorientados, hasta encontrar la luz. En este caso, es destacable la capacidad de la intervención de generar metáforas a partir de operaciones aparentemente sencillas que, además, establecen un diálogo con la obra anterior del artista. Otra intervención realizada fue “Banquín”, de Mecanismo,  una pieza de mobiliario urbano deformado, alargado hasta la exageración que se balancea y sirve como elemento de interacción entre los vecinos. O “Circo Aéreo”, de KOGAA, una estructura hinchable, transportable y ligera que hace de “teatro” a la vez que lámpara urbana para redimensionar un espacio que funciona como parking en pleno centro histórico.

“Banquin” de Mecanismo, en Avenida Gran Vía (con C/Daniel Trevijano). Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

“Circo aéreo” de KOGAA Studio, en aparcamiento en el centro histórico. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

 

En algunos casos, se echa en falta más atrevimiento en el desarrollo físico de las mismas, a pesar de que su discurso se pueda circunscribir al debate actual sobre cuestiones como los monumentos en el espacio público; además, convendría plantear la necesidad de salir del artificio cosmético —eso sí, capaz de generar imágenes potentes— de otras, pero que no profundizan en aspectos más importantes a nivel político o social, y que se vuelven exploraciones espaciales que interesan más a los arquitectos que al visitante en potencia.

En todo caso, el festival se percibe como un caleidoscopio de voces que hacen resonar no sólo la ciudad como espacio físico, sino también los relatos que se pueden generar alrededor. Como en el caso de la exposición de CENTRALA, llamada “Pabellón de Reverberaciones”, en el ayuntamiento de la ciudad, capaz de generar un diálogo entre Logroño y Varsovia. Este caleidoscopio se nutre de voces nacionales e internacionales que logran trascender el contexto europeo también gracias a los concursos para diseñar tres piezas: el pabellón del festival, Viña Lanciano y el aparcamiento del Espolón.

El primero es “Prismarium”, proyectado por Ignacio Hornillos y Javier Fernández, que explora la idea del pabellón como elemento que se recorre en su perímetro, “mudo” en su materialidad pero que genera diálogos en el contexto inmediato, y de manera más abstracta con el resto de las intervenciones del festival, al apuntar en diferentes direcciones a través de prismas al resto de piezas. Viña Lanciano, a cargo de OE Architect, de México, con una intervención poética en viñas muy próximas a la ciudad, un tótem revestido de espejos que apela al paso del tiempo, reflejo de su contexto que crea un efecto óptico según la posición relativa del observador. Y “Arch-play”, de Silvia Bachetti y Agnese Casadio, que sustituye el espacio del coche por un artefacto que de manera formal replica el lenguaje de los soportales del Paseo del Espolón y que sirve como elemento lúdico para apropiarse del espacio público.

“LAN-4” de OE Architect, en Viña Lanciano. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

“Arch-Play” de Silvia Bachetti & Agnese Casadio, en el Paseo del Espolón. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

 

Concéntrico logra generar una serie de sinergias que se ven explicitadas en su desarrollo, es un festival colectivo, fruto de la colaboración entre entidades públicas y privadas, del esfuerzo de su director y comisario, Javier Peña, y de la visión de un equipo que logra trasladar reflexiones y cuestionamientos sobre la arquitectura en Logroño. Además, es un relato continuo de lo que ha pasado, de lo que está pasando y de lo que podría pasar en la ciudad.

Este tipo de festival tiene mucho potencial, además de transmitir mucha emoción, podría transitar nuevos caminos de maneras más intensas y desde otras aristas sin abandonar las actuales, incorporando discusiones sobre feminismo, racismo o cambio climático, por mencionar algunas. Probablemente hace falta cargar de más contenidos estos espacios en los que la arquitectura sirve de soporte. Estos debates no serán provocados solamente por las piezas y las reflexiones sobre sí mismas, tendrán que ser potenciados por voces que se sirvan de estas estructuras para repensar la manera cómo vivimos.

“Patio de las reflexiones” de Storey Studio, en la Plaza de San Bartolomé. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

“Sticks & Stones” de Anna & Eugeni Bach, en el calado de San Gregorio. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

 

El festival, además, apuesta por ser una “biblioteca” de recursos destinados a la utilización del espacio público. En cada edición se proyectan escenarios, mesas, bancos, espacios de reunión, jardines, entre otros elementos, que pueden ser reutilizados en otros eventos. De esta manera se mejoran aspectos estéticos sin tener que invertir recursos para repensar otros nuevos, y se aporta más calidad a la vivencia del espacio público.

“Arcos” de Jordi Galí con Jérémy Paon y Julien Quartier, en la plataforma Iglesia de Santiago. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

“Estatua Ecuestre” de Iza Rutkowska, en el Paseo del Espolón (monumento a Espartero). Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

 

Es magnífico encontrar nuevas voces que se escapan de la polaridad de grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, para marcar nuevas directrices. Por un momento son estas grandes ciudades, a veces ancladas en dinámicas incapaces de proponer vivencias similares a pesar de su poder, quienes miran ahora hacia Logroño. Es una lección sobre la potencia del evento saber que algunas de estas piezas serán trasladadas a la capital, invirtiendo una dinámica centralista y estableciendo un diálogo más complejo al incorporar temas de reciclaje —no sólo del material físico sino también discursivo. 

 

“Fiesta” de Attila Kim & Bogdan Ciocodeica, en la Plaza de la Muralla del Revellín. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

“Hex.Pansiva” de la Escuela de Arquitectura de Toledo, en la Biblioteca de la Rioja. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

“A través de los límites” de Taneli Mansikkamäki, en el patio del COAR. Fotografía: Concéntrico 06 / Josema Cutillas.

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