16 julio, 2014

Explorar los límites

por Mariana Barrón | @marianne_petite

Conversación con el arquitecto franco-portugués Didier Fiuza Faustino cuyo trabajo explora la estrecha relación que existe entre el cuerpo y el espacio. Abogando por proyectos multidisciplinares que interpelan a los sentidos y que apuestan por un arte experimental y subversivo.

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Mariana Barrón: Tu trabajo siempre se está moviendo entre las disciplinas de la arquitectura y del arte. ¿Sueles identificarte con alguno de ellos en particular o prefieres moverte entre ambos y permanecer en un estado ambiguo o incierto?

Didier Faustino: Me gusta lo incierto. Pienso que es un estado muy normal, nuestro mundo en sí es algo incierto. ¿Porque mi trabajo debería de definirse? Siempre he encontrado más interesante cruzar los límites de las cosas. Por ello, en términos de identidad puedo decir que soy un arquitecto que tiene la libertad de explorar desde los bordes, los límites y desde aquella zona intermedia entre la arquitectura y las demás cosas. Eso es más interesante que la definición pura de la arquitectura. A veces mi trabajo se ha vuelto demasiado ambiguo para muchas personas porque piensan que soy un artista debido a que trabajo con galerías, exhibo en museos y en ese tipo de lugares, pero lo que no saben es que la mayor parte del tiempo lo hago porque simplemente dispongo de diversas posibilidades de expresión que me permiten mostrar las problemáticas que me interesan. Para mí, esta es la definición de la práctica contemporánea de la arquitectura. Con ello me refiero a que los límites de la arquitectura definida como algo que empieza desde lo clásico o académico y que han pasado a ser obsoletos. Hoy en día todo es más complejo, ya no se trata solo de practicar arquitectura construyendo edificios. La arquitectura es un compromiso que tiene que ver con un punto de vista político.

MB: ¿Cuándo empezaste a pensar la práctica de la arquitectura de una manera diferente?

DF: Creo que empecé en la escuela, con las personas que fueron mis maestros, la gente que venía de los años 70, comunistas, socialistas, gente luchando y cambiando el trabajo en arquitectura. Extrañamente, mis profesores eran personas que combatían contra la Academia y en contra de las Bellas Artes. En ese momento –sobre el 68– la arquitectura se enseña en las escuelas de Bellas Artes, era arte, y estas personas lucharon contra esto; dijeron: la arquitectura no es un obra de arte, es una cosa práctica, se trata de la participación en la sociedad, con la policía, con la ciudad, y curiosamente, aprendí de ellos para moverme sobre de las fronteras. La paradoja es que probablemente después de eso, 20 o 30 años después, cuando comencé mi práctica, empecé a aplicar aquello que había aprendido, lo que estaba observando de ellos, de diferentes maneras. Puede que hiciera ese sistema aún más grande para mí con un pensamiento estético donde una producción de instalaciones es parte de la práctica.

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MB: Quisiera hablar más en la forma en como aplicas soluciones en su trabajo. Nunca se aplican de la manera más obvia, no encuentras el recurso más directo sino que siempre intentas cuestionar los límites de tu diseño y producir algún tipo de riesgo que quiere provocar una respuesta por parte del espectador. ¿Podrías desarrollarnos más sobre estas soluciones y la metodología de trabajo que sigues?

DF: Mi método de trabajo trata de no responder a una pregunta. De hecho, digamos, que el papel del arquitecto la mayor parte del tiempo es el de responder preguntas a los problemas y encontrar y proponer soluciones. Lo que trato de hacer, por supuesto, es responder tratando de encontrar soluciones o formas de resolver la cuestión, pero sin eludir que siempre hay nuevas preguntas que llegan. No sé si se trata de un método o de una conducta en términos de mi práctica, pero lo que yo creo es que no puedo simplemente responder, tengo que pedir siempre una nueva pregunta. Lo que me interesa es dar a conocer lo que no vemos. No tengo éxito todo el tiempo, por supuesto, pero es un experimento, una especie de laboratorio, donde puedes tener éxito o fallar. Eso es lo que me gusta, esta idea de la debilidad de la práctica, que es algo así como que a veces puede fallar en hacer las cosas. En mi trabajo siempre trato de incluir esta parte de debilidad como algo aceptable en la propuesta.

MB: ¿Podrías hablarnos cómo trabajas en tus proyectos sobre los límites y el cuerpo?

DF: El tema de los límites, que es un poco lo que voy a mostrar esta noche –en LIGA interludio 15– es realmente interesante. El mes pasado me di cuenta de una cosa, después de 15 años con dos, tres y cuatro nombres para nuestro estudio, llamado Laboratory for Architecture Performance and Sabotage. Antes que ese, tenía un nombre estúpido pero que me gustaba: Green Armchair, simplemente porque teníamos un sillón verde en la oficina. Nunca reflexioné sobre eso y aún así, sé que nuestro trabajo es siempre sobre el cuerpo, el cuerpo no sólo como una entidad física, sino más complejo social y políticamente, por lo que es el tema principal de la obra, pero, hasta ahora, nunca me llamó la atención tratar de hacer publicidad. Las cosas llegaron y comenzaron a tener nuevas implicaciones, el performance se convirtió en parte de la escena.

Soy una persona curiosa, así que siempre estoy haciendo cosas, y la línea está empezando a ser un poco más clara. Una de las cosas que probablemente trabajamos es la idea de tratar de organizar –que es una palabra que no me gusta– trayectorias. Para mí, empecé sobre el cuerpo porque era el más fácil para hablar y trabajar con la arquitectura. Centrarse sólo en el cuerpo. Trabajamos en todo el cuerpo –el cuerpo individual, el cuerpo colectivo, el cuerpo íntimo– trabajamos en torno a esta idea. Todos los arquitectos hacemos, trabajamos alrededor de esto. Mi punto ahora, mirando hacia atrás y tratndor de explicar las cosas con claridad, es que lo que me interesa en un momento dado es cuestionar si estamos afectando, controlando, descontrolando o si estamos organizando trayectorias, trayectorias en la arquitectura.

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MB: Es una cosa compleja, ya que, cuando se habla de cuerpos, cada cuerpo tiene una temporalidad diferente, un contexto social e histórico diferente y que también evoluciona con el tiempo por lo que para los arquitectos, quizá, a veces es problemático hacer frente a un cuerpo. En la escuela aprendemos acerca de las proporciones y los cuerpos normalizados por lo que, en términos de cuestionarlos, es algo bueno que ver con la arquitectura que se desarrolla ahora. En ese sentido es interesante también en su trabajo sobre la ciudad o el espacio público. ¿Cómo se puede expresar ese tipo de límite y ambigüedad en él?

DF: En realidad, me gusta explorar el límite entre estos dos conceptos: lo público y lo privado. Es interesante porque mencionas ciudades y es muy diferente la cultura sobre las sociales. El límite entre estas dos situaciones hoy en día es realmente borroso y no significa lo mismo que aquí en México o incluso aquí en este barrio. Lo que es aceptable para unos es no lo es para otra persona. Para mí es el material.

Sobre el espacio público y las intervenciones, para ser honesto, no sé si soy una buena persona para hablar de eso, porque todos mis propuestas sobre el espacio público fueron experimentos, y alguno fracasó totalmente, otros son muy exitoso. Tal vez el proyecto más conocido que hice fue Stairway to Heaven, y es un fracaso porque la ciudad cerró la propuesta antes de que fuera curada. Nunca fue utilizado como un espacio público. Mi protesta fue la introducción de momentos de celebración del individuo en la forma colectiva, en el territorio público, y cada vez que trato de hacer eso, no tienen éxito.

MB: Por último, no sé si te gustaría hablar acerca de su trabajo en México y lo que estás haciendo aquí…

DF: No puedo hablar de eso (risas). Bueno, te puedo decir esto: es un proyecto que hemos estado trabajando durante dos años con Alumnos47, es un proyecto evolutivo, una especie de experimento sobre la arquitectura, con una gran cantidad de conceptos en torno a él, yo diría que se trata de trayectorias.

No se puede mostrar el proyecto porque está en proceso. Tal vez la arquitectura está demasiado obsesionada con su propia promoción y su propia publicidad. Realmente creo que la arquitectura es un proceso largo, es un proceso de tiempo, algo que cambia. Empezamos la primera reunión con la gente que quería hacer un edificio con un espacio para nuevas situaciones, con el pretexto, al principio, de que era una biblioteca, y este concepto ha cambiado, hoy en día es más bien una construcción de la cultura, yo diría que de activismo, para compartir, mezclar ideas, así que es algo más grande en términos que sólo una biblioteca, por el momento es algo que me gusta, algo incierto, en curso.

No terminé mi punto de vista acerca de la arquitectura hoy y la forma en que publicamos la arquitectura y estamos rodeados de imágenes. Para mí, esta situación aquí en México es una situación inesperada porque estamos tratando de desarrollar un proyecto en el que no estamos bajo presión, es algo en obras, así que eso es maravilloso. Me siento muy cómodo y a veces hasta me siento que estoy flotando, porque tengo la sensación de que estamos haciendo algo con el tiempo. Hoy en día, hay una sensación de que hacer arquitectura es hacer algo contra el tiempo, una carrera contra el tiempo, publicar imágenes, mostrando, mostrando, mostrando. En este caso, es todo lo contrario, es muy singular. No sé si tiene que ver con que sea México, pero esto es magia. Hay algo un poco místico en ello.

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