Revista No.88 | enseñar arquitectura

  • Fecha 12 junio, 2019

 

Editorial | Miquel Adrià

 

El buen lector ya se habrá dado cuenta que en español enseñar arquitectura tiene un doble sentido. El que hacemos todos los días desde estas páginas —físicas o virtuales— y el relacionado con la enseñanza. En la intersección entre mostrar buenos ejemplos de arquitectura y educar, están los espacios dedicados a la enseñanza misma de la arquitectura: las escuelas y facultades donde se imparte el conocimiento de la disciplina arquitectónica.

 

A cien años de la fundación de la Bauhaus, este número 88 celebra el encuentro entre construir y enseñar, entre contenedor y contenido. La escuela mítica que fundó Walter Gropius se convirtió en sinónimo de modernidad para la arquitectura y el diseño. La Bauhaus disolvió la diferencia entre las bellas artes y las artes aplicadas y cuestionó la posibilidad de enseñar arte y arquitectura, postulando que solo se aprende por ósmosis entre maestro y discípulo en la práctica del taller.
Si bien prevalece esta convicción, algunos estamos convencidos de que no solo se puede enseñar arquitectura, sino que es la tarea de las escuelas técnicas y las facultades. “La arquitectura”, dice Bernard Tschumi, “es el arte de construir conceptos” y para ello “hay escuelas que enseñan cómo pensar y otras enseñan qué pensar. Las primeras combaten la ignorancia mientras que las otras la refuerzan.” A lo que Mark Wigley añade que las escuelas y universidades no son más que “máquinas de reducción de estupidez”.
La arquitectura es una forma de conocimiento antes que un conocimiento de la forma. Y su enseñanza sigue pendulando entre la continuidad con las Arts & Crafts y la ruptura, entre el compromiso social de la formación del arquitecto y la autonomía de la disciplina arquitectónica, entre la profesionalización de la enseñanza y la especulación formal, y entre lo artesanal y lo conceptual. Para ello, el lugar de transmitir y adquirir conocimiento sí importa. Si la Bauhaus rompió con la Academia y los estilos para postular un modelo de aprendizaje que transformara alumnos en artistas y artesanos comprometidos con su tiempo y su tecnología, atendiendo las necesidades de una sociedad industrial, las escuelas de arquitectura contemporáneas deben ser lugares en los que se comparta conocimiento con compromiso social, y también laboratorios donde se especule e investigue sobre la forma. Deben dejar de ser fábricas de arquitectos para convertirse en plataformas de investigación y de generación de pensamiento crítico.
(Portada: Grupo Arca de Esrawe Studio. Fotografía: César Béjar / Revista Container)

 

Barry Bergdoll | ¿ Qué fue la Bauhaus ?

 

La Bauhaus, que se traduce literalmente como “Casa de la construcción”, quería hacer de la arquitectura el motivo convocante y unificador de todas las artes. Como un todo, las disciplinas abrazaron la producción industrial y buscaron crear un entorno cotidiano integrado donde el diseño lo tocara todo, desde una cucharita de café hasta la ciudad —como su fundador, Walter Gropius, lo diría después.

 

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(Imagen: Reprografía de la publicación: Staatliches Bauhaus Weimar 1919–1923, Weimar y Munich: Bauhausverlag, 1923, páginas 96 y 97.)

La responsabilidad del arquitecto | Conversación con David Chipperfield

 

Como arquitectos tenemos dos responsabilidades y dos ansiedades. Dos partes de nuestros propósitos y de nuestras preocupaciones. Una es la física. A los arquitectos nos gusta hacer cosas. Nos gusta ver cómo son las cosas. Disfrutamos la responsabilidad de crear un espacio, un muro, una ventana, un piso, una habitación, una fachada, un techo. Creemos que hacer esto puede dotarse de cualidades que van más allá de las “normales”. Creemos que lo físico puede tener fuerza. Que se puede pasar de la construcción a la arquitectura, lo que tiene que ver con el cuidado y la consideración al hacer algo en su escala completa. Eso es lo primero.

 

Pero lo segundo es que operamos en la sociedad. No somos pintores o poetas. Somos responsables de construir edificios que juegan un papel en la sociedad. A veces ese papel está más integrado, como en una escuela o en una estación. Otras lo está menos, como una casa privada. Pero estamos interesados en el propósito social de la arquitectura.

 

Tenemos por tanto dos ansiedades: una es hacer algo que resulte bello y la otra hacer algo que resulte útil, con un propósito, un significado. Es parte de nuestro trabajo hacer el mundo mejor, no solo por su belleza estética sino por su significado. Y no estoy seguro que debamos continuar con la idea de que el arquitecto es un genio innovador, demostrando de manera heroica que su arquitectura puede ser el futuro, porque hemos visto que no hay una sola arquitectura que muestre cómo será el futuro.

 

Arquitectonica | Escuela de Arquitectura de la Universidad de Miami

 

La estructura expuesta de concreto y vidrio funciona como una herramienta de enseñanza al ilustrar algunos principios básicos de la arquitectura moderna, construcción y sustentabilidad. El edificio crea una plaza y un sendero adyacente que conecta el campus con la estación de transporte público de Miami.
Actuando como un símbolo de bienvenida, la curva invita a los estudiantes a entrar en el edificio mientras que suaviza su recta planimetría. El techo mismo, un caparazón delgado con estructura de concreto, es un momento de alto drama visual.
La curva del techo interactúa con la curva de la entrada para demostrar la plasticidad del concreto. Ambos gestos transforman una simple caja en una expresión arquitectónica dinámica, incorporando principios modernistas en un diseño progresista que influenciará a la próxima generación de arquitectos.

 

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(Fotografías: Robin Hill)

John Wardle Architects + NADAAA | Escuela de diseño de Melbourne 

 

La escuela de diseño de Melbourne de la Universidad de Melbourne fue diseñada para alojar estudiantes y personal de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Planeación, y para motivar el desarrollo de proyectos de investigación en colaboración con otras facultades.
 
Ocupando seis niveles, este edificio incluye una serie de espacios de estudio, un patio, un vestíbulo, auditorios, una biblioteca, espacios de exposición, talleres y la integración de dos elementos históricos significativos: la fachada del Banco de New South Wales construido en 1856.
 
El edificio mismo es un laboratorio para experimentación e investigación. Ubicado en el corazón del centro histórico del campus Parkville de la universidad, fue creado como un sitio que responde a los edificios históricos, paisajes y calles principales del campus.
 
El edificio mismo es un laboratorio para experimentación e investigación. Ubicado en el corazón del centro histórico del campus Parkville de la universidad, fue creado como un sitio que responde a los edificios históricos, paisajes y calles principales del campus.
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(Fotografía: Peter Bennetts)

Pablo Goldin Marcovich – Conversación con Olga Tenisheva y Nicolay Boyadjiev | Entre método y sensibilidad

 

El 100º aniversario de la Bauhaus y el 99º de la Vkhutemas son buenas excusas para analizar las prácticas pedagógicas contemporáneas en el diseño y la arquitectura.
De un lado, se puede sugerir una comparación histórica para entender los retos que las instituciones educativas enfrentaron a inicios del siglo XX y los que enfrentan actualmente.
Por otro lado, esta ocasión nos invita a enfocarnos en el concepto de sus modelos pedagógicos y sus componentes, la ambición de las escuelas, su impacto y su relación con el espacio y el contexto en el que tuvieron lugar, tanto como en las similitudes y diferencias en la definición del papel del arquitecto y de la disciplina. Si se pueden encontrar semejanzas entre estos dos momentos de la historia de la educación arquitectónica y del diseño, ¿se puede describir como una relación de influencias o solo como espejismos circunstanciales? ¿Qué lecciones se pueden sacar de esto o qué se puede especular?
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