Revista No.86 | formas domésticas

  • Fecha 4 diciembre, 2018

 

Editorial | Miquel Adrià

Domesticar el espacio es la esencia de la arquitectura. La casa –domus– es el primer objetivo del arquitecto y el laboratorio por excelencia, desde las cabañas y la definición de un orden estructural y geométrico, hasta las cuevas y la ocupación de un contenedor. Resolver el programa doméstico dejó de ser un reto para el arquitecto, por lo que toda propuesta para conformar el hábitat está encaminada a su definición estética y espacial.

Algunas de las casas extremas que mostramos en la revista Arquine 86 van más allá de la vivienda moderna asociando geometría y tiempo en la conformación del espacio. Unos espacios domésticos parten de preexistencias para dejar que el tiempo esculpa y erosione una ruina encontrada –de Emmanuel Picault– y el proyecto sea un acto de contención y edición; o bien, ocupan un espacio residencial temporalmente –Davidson Rafailidis– incorporando capas en el interior y en el exterior.

 

Otras casas parten de la geometría como generadora de la forma habitable, sometiendo todo un programa residencial complejo al rigor de una circunferencia, en el caso de OFFICE, o a la intersección de un cono, un cilindro y un rectángulo en la propuesta de Pezo von Ellrichshausen. Otra propone objetos escultóricos habitables que pautan el paisaje, como ELEMENTAL en Chile; o construye plataformas que se escalonan en espiral dentro de un prisma –los japoneses Tato Architects–; hay quien diseña un habitáculo piramidal errante –BIG– o quien rescata la esencialidad corbusiana de la casa dom-inó –Kalach en Zicatela– como estructura suficiente y domesticada.

 

A su vez, los dibujos de Chris Ware, que publicamos en Vitrina, remiten al tiempo más que al espacio con la representación de las cuatro estaciones, y unos ensayos redundan en exploraciones eventualmente extremas, con aspectos contemporáneos de la vivienda que incorporan la flexibilidad y la fragmentación: un ensayo profundiza en las áreas de guardado mientras que otro estudia el caso de las cocinas colectivas y la vivienda difusa.

 

Los espacios domésticos contemporáneos que emergen en estas páginas prueban que la vivienda sigue siendo un campo fértil de experimentación.

 

 

Aquí, el océano Pacífico no es pacífico en absoluto: el agua es de color blanco por la violencia con que golpea al continente.

Una casa de fin de semana es, en última instancia, un lugar de retiro donde las personas se permiten volver a una forma de vida más esencial.

Casa Ocho Quebradas en Los Vilos, Chile | Elemental (Foto: ELEMENTAL)

Tres casas-patio
Conversación con Fernanda Canales
(Foto: Rafael Gamo)

 

Building Stories

 

El 2 de octubre de 2012 se publicó el libro de Chris Ware Building Stories. El título no puede traducirse al español con un par de palabras sin perder el doble sentido: Construyendo historias tanto como Historias de edificios. Según se presentaba entonces en The New Yorker —en cuyas portadas Ware había publicado varios fragmentos—, el libro era más bien una caja que incluía catorce libros, libretas, revistas, periódicos y panfletos. En el mismo texto, se citaba lo que Ware dijo de su obra: “Con la creciente incorporalidad de la existencia, a veces resulta tranquilizador —incluso acaso necesario— tener algo en qué sostenterse. Así, dentro de esta caja el comprador encontrará una gran variedad de material de lectura listo para abordar virtualmente cualquier gusto poético o artístico imaginable, desde el corrosivo sarcasmo de la juventud hasta la enfermiza seriedad de la madurez, mientras descubre a un protagonista que se pregunta si alguna vez se mudará de las cercanías alquiladas de la solitaria madurez juvenil a la expansión hipotecada del amor y el matrimonio.” Como en La vida instrucciones de uso, de Georges Perec, las historias construidas atraviesan edificios y son organizadas, de algún modo, por el espacio. “No es una suma de elementos que haya que aislar y analizar primero, sino un conjunto, es decir una forma, una estructura: el elemento no preexiste al conjunto”, como escribe el propio Perec en el preámbulo a su libro. Utilizando recursos como dibujos isométricos o en sección, Building Stories ilustra diversas escalas de la vivienda y, por ende, distintas formas de habitar. Revisando el departamento citadino o la casa suburbana, Chris Ware hace del inmueble un eje narrativo. La casa se modifica según pasa el tiempo, y conforme van apareciendo los hijos, las mascotas o las parejas románticas. Las personas que la habitan terminan cifrando algunas particularidades de las infraestructuras arquitectónicas. Historias y construcciones: no solo se trata del edificio, sino de la gente y de sus espacios.

Carmelo Rodríguez | Todo lo que tengo: Sobre la importancia de los objetos en el espacio doméstico [Extracto]

 

El espacio doméstico contemporáneo no escapa a esta estrecha relación identitaria entre sujeto y objeto, ni a la dicotomía pronunciada por el diseñador británico William Morris en su célebre conferencia de 1880 “The Beauty of Life”: no tengas nada en tu casa que no sepas que es útil o que no consideres bello. Todos los objetos de nuestras viviendas gravitan entre estos dos polos que van de lo estrictamente utilitario a lo permisivamente decorativo. Asociada a esa polarización, aparece la dualidad entre objetos a almacenar o exhibir, o cualquiera de sus situaciones híbridas intermedias.

 

Para Buckminster Fuller, el almacenamiento era una cuestión puramente organizativa, resolviendo todo el almacenaje de la Wichita House mediante los muebles mecanizados O-volving Shelves, cajones que van girando en altura a partir de una pequeña cinta transportadora, y otra serie de aparatos como los Closet doors revolved, armarios para ropa giratorios y superespecializados que responden a las distintas prendas para almacenar.

 

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Anna Puigjaner | Historias de la cocina [Extracto]

 

Todos los días, temprano en la mañana, Patilú y su familia preparan el almuerzo en su cocina para unas 150 personas en su comunidad, como parte de la iniciativa Comedor Comunitario, un programa de almuerzo colectivo respaldado por la ciudad que se utiliza diariamente por miles de ciudadanos en la Ciudad de México.

No hace mucho tiempo, lo que ahora es un espacio colectivo, solía ser una cocina privada. En 2009, el gobierno de la Ciudad de México inició un programa social para aliviar las presiones financieras impuestas a la clase media por la crisis económica y garantizar una nutrición saludable. Si bien, los comedores de beneficencia llevaban años funcionando y sirviendo comidas gratuitas a personas con recursos muy limitados, gran parte de la población afectada por la crisis económica tampoco podía usarlos porque su situación económica no era lo suficientemente grave, o simplemente no lo hacían.

De este modo, la ciudad decidió promover cocinas colectivas administradas por un sistema de gestión mixto (mitad pública, mitad privada, con responsabilidades compartidas) para alentar la participación de la comunidad y promover la apropiación ciudadana, al mismo tiempo que tiene un impacto significativo con recursos económicos limitados.

 

El sistema es simple: cualquier ciudadano con una habitación de más de treinta metros cuadrados en su hogar puede solicitar el uso de su casa como una cocina comunitaria. Si se acepta en el programa, la ciudad instalará una cocina industrial, suministrará todo tipo de utensilios de cocina para producir comida en grandes cantidades y entregará diversos alimentos no perecederos como arroz o frijoles en un ritmo quincenal o mensual. Se espera que las personas responsables de cada cocina, a su vez, cocinen para su comunidad y ofrezcan un menú de almuerzo diario en su hogar.

 

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(Foto: Anna Puigjaner)

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