2 mayo, 2013

Espacio público e ideología

por Arquine | @arquine

Manuel Delgado (Barcelona, 1956) es antropólogo y escritor catalán, licenciado en Historia del Arte y doctor en Antropología por la Universidad de Barcelona. Es miembro del grupo de investigación Etnografía de los Espacios Públicos del Instituto Catalán de Antropología. Fue galardonado con el Premio de Anagrama de Ensayo por su libro El animal público, en el que explica conceptos que se refieren a la sociedad y su organización, en torno a las relaciones socioespaciales.

IMG_1722_2 © La Maga | Israel Solórzano

En la práctica, el espacio público es una guarnición, en el sentido doble de la palabra, un acompañamiento que da lustre e imagen a una operación, una oferta de suelo, y por otra parte en el sentido militar, un acompañamiento que no únicamente embellece sino que protege porque el cuidado y la vigilancia a la que es objeto garantiza unos mínimos de seguridad. Si a eso le acompañas unas leyes adecuadas que se preocupen por la calidad del espacio público ya tenemos esa labor que es de precaución en orden de mantener alejados a indeseables que es de lo que se trata.

No hay una arquitectura del espacio pública. Los autores principales sobre ese concepto nunca hablan de un sitio. El espacio público es un espacio de encuentro y la discusión. No tiene que ver nada con las plazas, es una cosa distinta. Es como si de pronto, alguien ha dicho que ese espacio abstracto ha de ser la plaza. Como si de pronto se hubieran yuxtapuesto dos concepciones distintas, una de ellas . De pronto una se ha convertido en el soporte físico de la otra, con lo que de pronto ese espacio público ya no es lo que era sino lo que debe ser, a costa de lo que sea.

En todas las sociedades siempre existen espacios deregulados en los que cualquier orden social toma consciencia de su reversibilidad, de su fragilidad y en la que todo puede ser de otra manera. En toda sociedad existen siempre esos intersticios, y en la nuestra esos intersticios son aquellos que se desarrollan en la calle.

La representación del espacio en la práctica es pura ideología, es el espacio puramente conceptual, cuya naturaleza es que no existe, más que en los planos la maqueta y en la cabeza creativa de un arquitecto que puede especular con las formas y pensar que lo que va a hacer va a determinar los usos, las prácticas y los significados, cosa que nunca es así, las prácticas son las que definen en última instancia el significado de los sitios. Por desgracia, el espacio público como concepto y la forma tiene que ver con ese espacio representado, que solo existe en la representación y que se quiere imponer, sobre el espacio practicado y el vivido.

La última palabra acerca de para que sirve y que significa un determinado sitio la tiene el usuario, sus prácticas y apropiaciones que no pueden prever, que tienen que ver con la vida urbana. Ojalá fracase la pretensión de que aquello sea un espacio legible. Si es espacio urbano acabará siendo una maraña, imposible de leer e indeseable de leer, porque hay demasiados textos.

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