2 febrero, 2021

Ernesto Gismondi, lo industrial del diseño

por Lorenzo Díaz Campos

 

 

La visión sin ejecución es alucinación

Thomas Alva Edison

 

Italia no tuvo escuelas dedicas al diseño industrial hasta los años 80, posiblemente se trata del último país industrializado en considerar como académico el estudio y la enseñanza de un fenómeno que había comenzado 130 años antes con la revolución industrial en Inglaterra. El Design, como prefieren llamarle los italianos, se convirtió en la herramienta central del fenómeno del milagro italiano de la postguerra. Una disciplina que nacía de un fenómeno colectivo que más tarde daría frutos tan excepcionales que pensar en diseño hoy en día es sinónimo de Italia como país —se sabe y se admite que el mejor diseño del mundo «es italiano”.

La historia del diseño se ha encargado de enaltecer a un grupo de creativos fuera de serie que concibieron íconos atemporales, los Sottsass, Castiglioni, Mari et al. Esta historia es cierta, pero se narra incompleta. Se ha dado por contar la historia del diseño y se ha descuidado la del industrial. Entre finales de los años 50 y finales de los años 70 Italia creció económicamente a tasas inusitadas. Sólo entre 1958 y 1963 la economía creció a tasas superiores al 7% anual. Entre 1952 y 1970 el salario real creció en un 187%, la explosión del consumo y el nuevo estilo de vida de la sociedad desató la demanda de todo tipo de satisfactores. Fue entonces que se dio una sinergia sin precedentes. Los industriales, ávidos de productos novedosos y atractivos, encontraron en los arquitectos a los aliados perfectos para concebir y crear productos llenos de contenido cultural y de una estética refinada. Nacía una complicidad que crearía toda una historia de éxitos.

Detrás de cada diseñador destacado hay la alianza con un industrial visionario, sólo así nace un diseño de éxito, así se gesta el diseño industrial. Hay en la historia de las marcas personajes emblemáticos y Ernesto Gismondi (25 de diciembre 1931 – 31 de diciembre 2020) fue uno de esos. Estudió ingeniería aeronáutica en el Politécnico de Milán y se licenció en Ingeniería de Misiles en 1959, formación que le hizo entender la necesidad de la precisión, de la manufactura milimétrica, la comprensión precisa de la matemática de los materiales.  Ya desde principios de los 60 se dedicó a la producción de artefactos de iluminación fundando así Artemide, empresa sin la que hoy no entenderíamos la iluminación contemporánea.

Gismondi tenía un “olfato” increíble, era capaz de aislar en un mundo rápidamente cambiante las tendencias estéticas y tecnológicas que harían de sus productos la vanguardia total en el sector de la iluminación. Como todo empresario inquieto, al principio Ernesto probó un poco de todo, fue de los primeros en hacer muebles totalmente en plástico de inyección. Incluyó en el catálogo de la firma accesorios para el hogar de toda índole, inclusive ceniceros e implementos para la mesa y la cocina. Su admiración por Danese, firma de la que era competidor, era enorme y admitía que le gustaba imitarla. Su obsesión era tal que terminó comprándola y ahora forma parte del grupo Artemide.

Hay en la colección de Artemide una serie de productos que supieron, en su momento, conjugar estética, tecnología, mercadotecnia y, por qué no, buen gusto. La lámpara Eclisse (1965), de Magistretti hizo de la bombilla un astro con un simple gesto. En la Tizio (1972) de Sapper hacía magia conduciendo por su estructura la energía de bajo voltaje que hacía posible que una lámpara de halógeno fuera manipulada de la manera más intuitiva posible. Más tarde Gismondi hizo lo inimaginable con la Tolomeo (1986) de De Lucchi: reinventó lo que ya había inventado, una lámpara de mesa, ahora con un espíritu postmoderno innegable. La trayectoria del rotundo y continuo éxito de Artemide tiene un nombre: Gismondi. Uno de esos industriales italianos que hicieron del diseño una disciplina clara, exitosa y reconocible. Ernesto dio a sus creativos, los diseñadores, las claves exactas para que le acercaran las propuestas y soluciones en las que materializaría su visión. 

Algo poco conocido de Gismondi es su participación, como fundador, del mítico grupo “Memphis”. Una clara señal de su posicionamiento vanguardista y de su cercanía con las mentes más brillantes del diseño postmodernista italiano. 

Gismondi, aunque desconocido para muchos, no pasó desapercibido. Involucrado en la ADI, asociación italiana para el Diseño Industrial y miembro de importantes asociaciones del sector participó siempre de manera protagónica en la industria del mueble, la iluminación y el contract italiano. Reconocido en el 2018 con el legendario “Compasso d’oro” a su trayectoria.

Gismondi dejó claro que significaba “industrial” en el Diseño Industrial, es sin duda pieza clave para entender el milagro económico de la segunda mitad del siglo XX en Italia y una de las razones por la que Diseño es sinónimo de Italia. 

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