24 marzo, 2022

Equinoccio y la búsqueda del balance

por Jose Maria Wilford Nava Townsend

Mientras que el continuo movimiento nos acerca ahora al equinoccio, donde el día y la noche encontraran el balance exacto en la duración de sus horas, antes de emprender carrera hacia la primavera, en el hemisferio norte, y el otoño en el sur, el mes de marzo abre con dos momentos peculiares: El recordatorio de lo que es un día sin mujeres, que realizan diversas organizaciones e instituciones, entre ellas la IBERO, el noveno día del mes citado, y la noticia que hoy se reproduce sin parar en el mundo de la Arquitectura: el reconocimiento que la familia Pritzker otorga cada año a un practicante de dicha profesión. En esta ocasión, el refrescante anuncio del galardonado, originario de Burkina Faso, fue Diébédo Francis Kéré.

El que me sume yo a las múltiples manifestaciones de celebración por este reconocimiento, está totalmente vinculado con este segmento de reflexiones, donde hemos hablado del espacio que habitamos, tratando de abordar desde la naturaleza misma como origen cognitivo de la producción del espacio, y cómo su proceso evolutivo configura y adapta el diseño de las especies a su entorno, hasta reflexiones sobre la arquitectura mediatizadas, “main stream”, “star sistem” o como se les quiera llamar. Hemos hecho el esfuerzo de tocar el conocimiento ancestral que produce la arquitectura anónima de diversas cuencas culturales, abrir la perspectiva hacia la que producen otras especies animales y vegetales, enfatizando el verbo habitar por encima del usar.

En ese sentido, hoy aprovecho al galardonado Kéré, no para mostrar su obra, ya que como saben quiénes han seguido este segmento desde sus inicios, mi regla es presentar fotografías propias y, tristemente, no he tenido la oportunidad de viajar al continente africano para registrar las edificaciones de Kéré, sólo las he podido estudiar bibliográficamente. A cambio de ello, compartiré algunas imágenes de heroínas y héroes (porque considero a la forma de hacer arquitectura de Kéré heróica) anónimos o no, que en su propia cuenca cultural, han seguido el derrotero de configurar espacios que ponen por delante en su construcción las expectativas de quienes habitan el sitio, las cualidades de los recursos locales, y la colaboración colectiva, a las ínfulas de reconocimiento individual, de la superlatividad del “arte” sobre la artesanía, y del negocio sobre el servicio.

En un momento en que nuestro planeta reclama una búsqueda urgente hacia el balance ofreciendo alternativas de coexistencia a la impuesta por una ideología que ha depredado el gran ecosistema global, discriminado otras formas de conocimiento, desplazado el binomio de opuestos complementarios hacia un solo género, y objetivizado a todas las demás especies vivas para utilizarlas como recurso; es hora de que aquellas y aquellos que nos dedicamos a la formación, demos un paso contundente y crítico, saliendo del flujo principal del sistema, de su burocracia estática, de su conformismo autoritario y de su trivialización a partir de la acumulación de bienes materiales, para ofrecer otras opciones, con otras prácticas, con otras bibliografías, con otras dinámicas pedagógicas, con otras formas de entender la palabra vida.

A continuación, comparto una pequeña reflexión sobre cada una de las imágenes presentadas.

 

UNIVERSIDAD DE LA TIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México. El concepto de esta comunidad de formación superior, parte de la enseñanza desde los saberes y costumbres derivadas de los pueblos originarios, en este caso los Tzotziles, pero no se limita a una sola visión cultural. Los procesos formativos se estructuran en los tiempos y formas en que las comunidades pueden realizarlos, por lo que no tiene un “plan de estudios” ni obedece a períodos académicos oficiales. Los saberes se construyen como sus edificios (ejemplo de la imagen) compartiendo conocimientos que son propios de las comunidades participantes, con aquellos transmitidos por talleristas provenientes de todas partes del mundo. Tristemente, al atentar contra el modelo “oficial” de educación nacional, no es reconocido por la Secretaría correspondiente.

 

UNIVERSIDAD DEL MEDIO AMBIENTE, Acatitlán, Estado de México. El arquitecto Oscar Hagerman, cuya trayectoria profesional se ha destacado por el trabajo con pueblos originarios, tanto desde la visibilización de sus saberes hasta la integración de conocimiento compartido con ellos, especialmente en los procesos de generación arquitectónica, aporta junto con un equipo multi y transdisciplinario, los edificios para este concepto formativo. La Universidad del Medio Ambiente, combina la enseñanza dirigida a conceptos regenerativos de cómo habitar, con la acción directa en la generación de procesos de producción sustentable construidos junto con la comunidad campesina de Acatitlán.

 

CEMENTERIO, San Mateo del Mar, Oaxaca, México. Las mujeres y los hombres de este pueblo originario, los Ikoots como ellos se denominan en su propia lengua, han construido a partir de sus saberes, formados por siglos cohabitando en un territorio de alta complejidad, un espacio particularmente bello y estructurado para el descanso eterno. En él las mujeres descansan en un lado del cementerio, mientras que los hombres en el otro, manteniendo un balance entre los opuestos complementarios humanos, y el resto de la naturaleza. La posición zonal de unos y otros no es casual: Está relacionada con el diálogo que desde la muerte se tiene con el viento del norte (predominante en la región del Istmo de Tehuantepec) con el mar vivo (el pacífico al sur) y el mar muerto (las lagunas al norte) el día y la noche (los ejes oriente, y poniente) Cada familia decide y construye la expresión arquitectónica de la pequeña casa que da entrada a la tumba.

 

CASA PARTICULAR, Altos de Meléndez, Cali, Colombia. En este barrio popular de los andes caleños, encontramos varias expresiones surgidas de la auto construcción. En particular esta bella casa, construida por la familia bajo la dirección de la mujer cuya jefatura les mantiene cohesionados, combinando creativamente materiales locales como el bambú, con otros recuperados del desecho que la industria constructiva de la ciudad genera. El programa es metabólico, no predefinido, y altamente complejo, pues resuelve actividades de convivencia, intimidad, cobijo y producción. La imagen congela en el tiempo algo que en realidad, está en constante transformación.

 

VIVIENDA, Guadalupe, Cáceres, España. Los saberes tradicionales, tan denigrados por el imaginativo industrial, muchas veces nos permiten entender que el espacio construido suele trascender a la generación que lo inicia. Nos muestran los procesos y tecnologías constructivas de un momento, y la esperanza de trascendencia desde el conocimiento de generaciones predecesoras. Una simple casa es todo eso y más. Piedra, ladrillo, madera, se combinan sistémicamente para dar escala y proporción al muro que divide el espacio íntimo de la calle. No hay un individuo creativo, artista único, es un fenómeno colectivo.

 

LA CASONA, Castañera, Asturias, España. Esta casa campesina, edificada por mi bisabuelo cerca de la Villa de Nava, de donde surge mi apellido paterno, combina piedra, adobe, madera, teja, mortero, en un sistema cuyo programa también es complejo y metabólico y, donde el espacio que habita el animal doméstico, si bien se diferencia funcionalmente de aquel que habita la familia humana, forma sin embargo parte de la composición integral del volumen. El concepto rural de cohabitar con otras especies ha ido cediendo a la prepotencia urbana del control y desplazamiento.

 

CASA DE MADERA, Chiconcuautla, Puebla, México. La sierra norte provee el material principal, los habitantes saben tratarla y ensamblarla. El programa vuelve a ser complejo: Habitaciones para las personas, para los animales, el desván aprovechando el tejado para almacenar. La escala, la proporción, obedece al material, la composición de la fachada, a la sensibilidad del quien construye. En la comunidad, siempre hay alguien que sabe más de algo, y se comparten los saberes entre los maestros.

 

LA CASA DE BETO. Tlapacoyan, Veracruz, México. Beto cuida y mantiene el campamento. Ahí, ha aprendido a manejar el bambú, a partir del trabajo con los Arquitectos Raúl de Villafranca y Eduardo Beristain. En su sensibilidad propia, extiende la vivienda familiar construida con block de concreto, con una sombra provocada por un pórtico de bambú y lámina, que captura la brisa dominante y la introduce al interior de la casa, al mismo tiempo que genera una refrescante sombra y un espacio de estar.

 

AULA EXPERIMENTAL. San Mateo del Mar, Oaxaca. Entre las diversas actuaciones de apoyo, trabajando con la comunidad de San Mateo del Mar, tras los sismos del 2017, encontramos en una de las visitas esta bella construcción de bambú y palma, para un aula experimental. Desgraciadamente no he podido encontrar registro del equipo que trajo este conocimiento, lo que sí puedo constatar, gracias al dialogo con los habitantes locales, es que al igual que hizo el equipo del ITESO, esta construcción no solo es un elemento donado, sirvió como base para enseñar alternativas a los conocimientos constructivos de la tradición Ikoots. En la mayoría de las ocasiones, lo verdaderamente valioso es el aprendizaje del proceso, no solo el resultado final, que inevitablemente es cambiante conforme se va usando, y evolutivo.

 

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