14 abril, 2020

Epopeyas de lo cotidiano

por Wonne Ickx

Walker Evans, Schoolhouse, Alabama, 1936 © Walker Evans

 

Hace casi cuatro años el autor español Jesús Vassallo publicó Seamless: Digital Collage and Dirty Realism in Contemporary Architecture (Park Books 2016), un fascinante libro que investiga la estrecha dependencia intelectual entre arquitectura y fotografía en la era de la tecnología digital. Este libro llegó a mis manos justo cuando preparábamos una exposición para la Graham Foundation, en Chicago, con LIGA, en la que el tema del collage jugaba un papel decisivo. Aunque la muestra en cuestión giraba fundamentalmente sobre la apuesta ‘escenográfica’ de la arquitectura contemporánea, el libro de Vassallo se volvió un referente crucial para entender la compleja relación entre disciplinas. La publicación reseña de manera detallada los estímulos constantes entre los arquitectos Jan De Vylder, Roger Boltshauser y OFFICE Kersten Geers David van Severen y los fotógrafos Filip Dujardin, Philipp Schaerer y Bas Princen, respectivamente. Si la actualidad de los hechos en ese volumen favorecía una postura más especulativa que analítica, el libro recién publicado de Vassallo aprovecha la distancia en el tiempo para trazar, de manera precisa y contundente, la reciprocidad entre ambas disciplinas.

En Epics in the Everyday, madre nodriza del libro anterior, Vassallo investiga meticulosamente la interdependencia entre fotografía y arquitectura en la segunda mitad del siglo XX, desenredando los axiomas básicos desarrollados en sus narrativas. Vassallo describe cómo ambos oficios comparten una posición intermedia entre el ámbito de lo artístico y el utilitario, lo que hace imposible responder de manera satisfactoria a ambas proposiciones a la vez. La inevitable necesidad de interactuar continuamente con la realidad genera un campo de fricción y productividad entra ambas disciplinas.

Otra premisa clave —obvia pero crucial— es que la fotografía documental nunca es neutral o inocente. Si aceptamos que no existe una objetividad fotográfica, cada intento de realismo en la fotografía o cada interés por documentar nuestro entorno construido se vuelve un acto auto-consciente y deliberado. La realidad ya no es algo dado, un valor por defecto, convirtiéndose inevitablemente en una toma de posición: cómo los arquitectos han utilizado su cámara –o en la mayoría de los casos, la cámara y la mirada de sus amigos fotógrafos– como dispositivo para redefinir el contexto en el que trabajan. Un realismo que Vasallo define como catalizador para detonar nuevos pensamientos críticos y progresivos, que tienen la capacidad de desmantelar las estructuras hegemónicas. El autor revisa analíticamente cinco episodios claves de la segunda mitad del siglo XX en donde la fotografía y la arquitectura se entrelazan de una manera fascinante.

La forma en la que el primer capítulo narra la influencia del fotógrafo Nigel Henderson sobre Allison y Peter Smithson es una absoluta delicia: una historia asombrosa de encuentros con el surrealismo en Francia, caminatas en zonas bombardeadas del sur de Londres, exploraciones artísticas, fotografías familiares y proyectos gubernamentales de observación al estilo Big Brother, que construyeron de manera orgánica una nueva consciencia de la realidad, cristalizándose en el Pabellón Solar (1959–1962) los Smithson. Es importante destacar aquí el papel de Judith Henderson, la esposa del fotógrafo, que estaba involucrada en un proyecto de antropología urbana en Bethnal Green, un barrio popular en East London, ocasionando el cambio de escenario decisivo para Nigel y sus colegas.

El segundo capitula relata como Denise Scott Brown encuentra en una pequeña librería en Santa Mónica un librito con las fotografías de Ed Ruscha, generando la relación compleja e fascinante de Venturi-Scott Brown con la fotografía y la cultura visual, descrita por Vassallo. Es la actitud no-prejuiciosa (mecánica y distante) de Ruscha, la que permitió que la pareja de arquitectos confrontara los nuevos fenómenos urbanos y arquitectónicos que habían surgido espontáneamente, pero que los arquitectos modernos habían demonizado y excluido de sus discusiones, por su falta de definición formal. 

Es quizá el tercer capítulo el menos literal en establecer una relación directa entre un arquitecto y un fotógrafo específico (hay una comparación tentativa entre la metodología científica de catalogación de los Becher y Also Rossi), pero es el punto pivote del libro:  habla de la entronización del arte conceptual como práctica de apropiación e interrogación de la realidad. Donald Judd, Sol Lewitt, Dan Graham y Robert Smithson postulan la foto-documentación de paisajes urbanos emergentes y la arquitectura anónima (casa de catálogo, torres de oficinas de vidrio espejo, parques industriales y otros no-places suburbanos) como práctica artística an-sich, generando una monumental repercusión en la cultura occidental. Vasallo nos ofrece una lectura detallada de la exposición seminal New Topographics (1975) y el trabajo de Lewis Baltz y Bernd & Hilla Becher.

Los dos siguientes apartados hablan de la relación entre los fotógrafos alemanes Thomas Ruff y Thomas Demand y los arquitectos Herzog de Meuron y Caruso St John, respectivamente. La afinidad entre Ruff y HdM se basa en el tema del archivo y la presencia de la superficie (tanto en arquitectura como en fotografía). Una afirmación que tiene su base en la provocadora afirmación de Ruff sobre cómo la fotografía solamente puede registrar la superficie de las cosas. Si el interés en los procesos constructivos de Herzog y deMeuron transformó ‘una arquitectura de signos’ (Venturi, Rossi) en ‘una arquitectura de las cosas’, la aseveración de Ruff devuelve a la fotografía a su esencia más técnica y neutral: una imagen plana e impenetrable. En las colaboraciones entre Thomas Demand y Caruso St Johns, la manufactura de la maqueta –por ende, la creación de un mundo controlable y editado– toma un papel central.

El libro cierra con un capítulo que hace referencia a las prácticas contemporáneas descritas en Seamless: Digital Collage and Dirty Realism in Contemporary Architecture, continuando la crónica de la interdependencia entre ambas disciplinas en la era digital en donde la manipulación de imágenes —aunque inherente a la fotografía desde su concepción— se ha vuelto directamente accesible tanto para los arquitectos como para los fotógrafos.

Aunque el tomo tiene una marcada perspectiva histórica, invita a mirar de nuevo el contexto que nos rodea, estableciendo una mirada nueva hacia la colaboración con los fotógrafos e image makers. No es gratuito que los fotógrafos descritos en este libro raramente tomen fotografías de obra construida. En vez de llegar al final de un proceso creativo, arriban al comienzo: sus imágenes funcionan como un dispositivo que hace accesible la realidad que nos envuelve, amparada tantas veces en su aura de neutralidad engañosa. Epics in the Everyday. Photography, Architecture, and the Problem of Realism es un libro encantador, con un cuidado diseño, que coloca siempre las ilustraciones y referencias visuales a la mano del lector. Presenta un viaje cronológico a través de la segunda mitad del siglo XX, intercalando reflexiones abstractas y teóricas con las fascinaciones e intuiciones personales de figuras claves del mundo de la fotografía y la arquitectura. Esta abundancia de información biográfica, de sucesos cotidianos y casualidades enriquecen el libro, convirtiendo al ‘realismo’ en el lente designado para narrar este complejo amorío entre fotografía y arquitectura.

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