2 junio, 2018

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por Arquine | @arquine

 

Nombre del proyecto: Casa Aranzazu
Proyecto y dirección: Besonías Almeida Arquitectos
Colaboradores: Arqs. Micaela Salibe, Diorella Fortunati, Guido Galluppo
Ubicación: Tortuguitas, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Superficie del terreno: 677m2
Superficie construida: 264m2
Fotos: Federico Kulekdjian
Texto: María Victoria Besonías
Año: 2017


 

El lugar

Un lote en esquina en un country fundado en el año 1968 con una importante forestación de inicio, a la que los años le han sumado un incalculable valor. Diferentes especies de árboles y arbustos combinados otorgan valor paisajístico al lugar durante todo el año.

El lote a intervenir se presenta surcado por una hilera de robles de gran porte y especies variadas en uno de sus frentes y en los lotes linderos.

El encargo

Una vivienda de uso permanente, con el especial requerimiento de que posibilitara vivir intensamente la relación entre los espacios interiores y el exterior tan apreciado por los comitentes. Otro pedido expresado fue que, si bien estaban interesados en una casa construida con concreto aparente, deseaban que la presencia de la madera rompiera esa expresión monocromática.

En cuanto a las necesidades programáticas, la casa debía contar con cuatro dormitorios, uno en planta baja y uno con baño y vestidor integrado, un estar amplio con chimenea y un espacio de intensa vida familiar que integrara el comedor, la cocina y un estar íntimo. Debía contar también con una amplia galería con parrilla, lugares para comer y estar al aire libre, una piscina y espacio para estacionar tres automóviles

La propuesta

Interesados, igual que los comitentes, por el entorno paisajístico decidimos que el proyecto no sólo debía preservar los árboles existentes en el lote, sino que sería esa vegetación el primer y fundamental dato de inicio del proyecto.

Pensamos entonces que la casa debía desarrollarse acomodándose en los huecos libres que dejaban los árboles y envolviéndolos para hacerlos parte de los espacios propuestos.

Para lograrlo decidimos trabajar con una grilla espacial de 3.80 m de lado, de doble o simple altura según el caso, que nos permitiera resolver los diferentes ambientes y también los vacíos que dejan pasar los árboles.

En relación con los requerimientos de materialidad de los comitentes decidimos que la planta baja de la vivienda, y su prolongación en los espacios semicubiertos, se resolvieran con tabiques de concreto aparente hacia el espacio público. Estos forman un zócalo continuo que se perfora más o menos según las necesidades de los ambientes que define y sobre el que se apoya una estructura más liviana de perfiles metálicos y paneles con mínimas aberturas hacia las calles y con terminación exterior de tablas de madera. Por el contrario, hacia el interior y envolviendo los robles, la casa es totalmente abierta, de manera que cada ambiente participa del ambiente contiguo y del paisaje.

 

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Ingo Maurer (1932-2019)

Ingo Maurer (1932-2019) pensaba que “sin tomar riesgos, sin trabajar con objetos que no corresponden precisamente a una idea consolidada de belleza, nuestras ideas no se desarrollarán y la calidad estética de nuestro trabajo se deteriorará gradualmente. A veces, menos buen gusto es mejor gusto.”

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